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@DIN, 4 de
enero de 2007 - El efecto invernadero y el fenómeno climático de El
Niño harán de 2007 el año más caluroso de la historia, con consecuencias
para todo el planeta, dijo el profesor Phil Jones, de la Universidad de East
Anglia, en Inglaterra.
El pronóstico para el año que acaba de empezar es de condiciones climáticas
extremas en todo el mundo, que pueden causar sequías en Indonesia e
inundaciones en California, de acuerdo con Jones, quien dirige la Unidad de
Investigación del Clima de la citada universidad, y cuyo pronóstico publicó
The Independent.
Ese diario dice que esta advertencia pone de manifiesto que 2007 será
crucial para determinar la respuesta que da el mundo al calentamiento de la
Tierra y sus efectos.
Según Jones, el calentamiento global, que ha causado deshielos en el Ártico,
se verá empeorado por la llegada de El Niño, causado por un aumento de las
temperaturas promedio del mar en el Océano Pacífico.
Estos fenómenos causarán condiciones extremas en todo el mundo y harán que
2007 sea más caluroso que 1998, hasta ahora el año en que se registraron las
temperaturas más altas, agrega el diario.
“El Niño hace que el mundo sea más cálido, y ya hay una tendencia de más
calor que aumenta las temperaturas globales de entre uno a dos décimas de un
grado centígrado por década”, dijo Jones. “Esto puede hacer que el año 2007
sea más caluroso que el pasado y puede que los próximos doce meses sean los
más calurosos que se hayan registrado” hasta ahora.
El científico estadunidense Jim Hansen, que en 1988 advirtió sobre el
peligro que representa el cambio climático, dijo al diario que el
calentamiento global puede quedar fuera de control y cambiar por completo al
planeta a menos que se tomen medidas rápidamente para revertir el aumento de
las emisiones de carbono.
Su posición es compartida por el asesor científico del Gobierno británico,
David King, quien considera “esencial” llegar a un acuerdo lo antes posible
sobre las emisiones de carbono, que son consideradas causantes del efecto
invernadero.
Las condiciones climáticas extremas previstas para los próximos 12 meses
podrían causar sequías en Indonesia e inundaciones en California, Estados
Unidos, explicó el director de la Unidad de Investigación del Clima de la
Universidad de East Anglia.
El calentamiento global se verá agudizado por El Niño Oscilación Sur (ENOS),
un fenómeno causado por el incremento de la temperatura media de las aguas
en el Océano Pacífico, explicó Jones.
"El Niño hace que el mundo sea más cálido, y ya hay una tendencia de más
calor que aumenta las temperaturas globales de entre uno a dos décimas de un
grado centígrado por década", señaló.
Según el experto, esto podría hacer que el 2007 sea aún más caliente que el
anterior e incluso, el de más altas temperaturas jamás registradas.
Por su parte, el científico estadounidense Jim Hansen señaló que el
calentamiento global puede quedar sin control y alterar la vida en el
planeta, por lo que deben tomarse acciones urgentes contra las emisiones de
dióxido de carbono.
Esas opiniones coinciden con las del asesor científico del gobierno
británico, quien considera debe llegarse a un acuerdo urgente sobre esos
contaminantes.
La Organización Meteorológica Mundial advirtió que el ENOS podría en el 2007
ocasionar alteraciones del clima en el sur de Africa, el Sureste de Asia y
el continente americano.
Desinformación mediática
Por otra parte, en EEUU un grupo de científicos acusó a ExxonMobil de pagar
a grupos para desinformar sobre el calentamiento global.
Según publica en su portada la Agencia Europa Press, con la firma de su
corresponsal Carlos López, el grupo Union of Concerned Scientists acusó hoy
en un informe a la petrolera estadounidense ExxonMobil de haber pagado
16.000 millones de dólares (12.149 millones de euros) entre 1998 y 2005 a
unos 43 grupos ideológicos con el objetivo de desinformar a la opinión
pública sobre los peligros del calentamiento global desacreditando a la
comunidad científica.
El informe es similar al presentado por la Academia Científica Británica y
achaca a ExxonMobil haber utilizado recursos similares a los utilizados en
su momento por las compañías de tabaco, difundiendo información no veraz y
utilizando informes y estudios pseudo científicos para crear la ilusión de
que existe un debate sobre el tema.
ExxonMobil dedicó 133 millones de dólares (101 millones de euros) en 2005 en
contribuciones, de los cuales fueron 6,8 millones de dólares (5,2 millones
de euros) para "información pública y políticas de investigación"
distribuyendo dichas sumas entre más de 140 grupos ideológicos,
universidades, fundaciones y asociaciones, sobre todo las opuestas a la
teoría del calentamiento global.
La cuestión del calentamiento global ha sido un tema recurrente, durante los
últimos años, sobre todo debido a la crisis del petróleo y catástrofes como
la ocasionada por el huracán Katrina. El propio ex vicepresidente del
Gobierno, Albert A. Gore, presentó el documental 'Una verdad inconveniente'
que destaca la relación entre el calentamiento global y los gases de efecto
invernadero.
Recientemente un informe de Naciones Unidas, que será presentado este año,
responsabilizó a los seres humanos por el calentamiento global, fenómeno que
llevará a mayores catástrofes naturales.
Lo que hasta hace poco algunos consideraban una amenaza difusa, proclamada
por científicos y ecologistas fanáticos, ha tomado la forma de subida
inusitada de las temperaturas.
Como consecuencia el nivel del mar seguirá creciendo a lo largo de todo el
presente siglo -incluso si mañana se eliminaran las emisiones de gases de
efecto invernadero- y aumentarán los huracanes y otras catástrofes
naturales. Cambiarán los hábitos de los animales y plantas y probablemente
también de los seres humanos.
Un informe de un grupo de más de 2500 científicos organizado por Naciones
Unidas -y que será presentado oficialmente en el 2007- aumenta el grado de
conocimiento sobre el cambio climático y da cuenta de la responsabilidad del
hombre en la proliferación del fenómeno.
El informe puede acabar con una interesada polémica que todavía persiste en
EEUU acerca de si el calentamiento puede ser atribuible a la acción directa
del hombre o a otros factores difusos. El informe de los expertos de
Naciones Unidas no arroja dudas al respecto y destaca que el calentamiento
es innegable.
"Las observaciones en el océano, la atmósfera, la nieve y el hielo muestran
datos coherentes con el calentamiento". Si la temperatura sube, se eleva el
nivel del mar, las nieves se funden, los glaciares retroceden y las plantas
se desplazan hacia latitudes más frías.
En lo referente a las causas, los científicos señalan que es consecuencia de
la emisión de gases de efecto invernaderos -el dióxido de carbono, el metano
y el óxido de nitrógeno- que se producen al quemar carbón, petróleo o gas.
Estos gases se acumulan en la atmósfera y aunque dejan pasar la radiación
solar hacia la Tierra, frenan la salida del calor que emite la superficie
terrestre.
"El calentamiento observado junto con la pérdida de masa de hielo, apoyan la
conclusión de que es altamente improbable que el reciente cambio climático
global haya sido causado por la variabilidad natural del clima" afirman en
su informe.
Energías alternativas
A finales de octubre, el Gobierno británico dio a conocer el denominado
Informe Stern, un texto preparado por Nicholas Stern, ex economista jefe del
Banco Mundial. Para Stern también "son abrumadoras las pruebas de que el
cambio climático presenta serios riesgos globales y eso exige una urgente
respuesta global".
Propone varias maneras de recortar las emisiones: reducir la demanda de
bienes y servicios intensivos en el uso de combustibles fósiles, evitar la
deforestación y cambiar hacia energías limpias en electricidad, calefacción
y transporte.
Las políticas propuestas para reducir las emisiones, consisten en poner
precio a las emisiones de carbono, de modo que quien más contamina más paga.
Existen varias formas de conseguir este objetivo, lo que da lugar a una
nueva polémica entre los partidarios de los "impuestos verdes" y los que se
inclinan por establecer un mercado de emisiones de carbono, en la estela del
Protocolo de Kyoto.
Finalmente, otros son partidarios de simples regulaciones que penalicen la
contaminación.
En materia de energías alternativas, junto con los biocarburantes, la
utilización de biomasa ocupa un lugar preferente en la estrategia de la
Unión Europea por la producción de energía eléctrica y térmica.
Puede ser una opción muy interesante para la Argentina, dado que se basa en
el aprovechamiento de restos de rastrojos de maíz, cereales, girasol o
algodón.
En el Alto Valle del Río Negro podrían ser aprovechados los residuos de
podas de viñedos o de frutales. Esto permitiría que los agricultores
obtuvieran rentas complementarias al vender los restos leñosos a las
empresas transformadoras.
La división de energías renovables de Sacyr Vallhermoso -la poderosa
constructora española que se acaba de hacer con el control del 20 % de
Repsol- tiene ya en funcionamiento una decena de plantas de biomasa en
España. Un indicio que no debemos desaprovechar y muestra hacia donde
apuntan los sectores más dinámicos de la economía mundial.
Información
relacionada
Calentamiento global y responsabilidad de EEUU
María Cristina Rosas
Página Uno, suplemento de Unomásuno.
México, mayo del 2001.
En enero pasado, un grupo de científicos confirmó lo que todos los
defensores del medio ambiente saben: que la temperatura de la atmósfera
terrestre podría elevarse en seis grados centígrados hacia el año 2100,
incremento sin precedente en los pasados 10 mil años. Si bien todos
sospechaban que la temperatura del planeta aumentaría, los datos recién
revelados ubican el calentamiento global para este siglo en dos grados por
encima de las predicciones originales. Así las cosas, el nivel del mar
aumentaría 88 centímetros para el 2100, con lo que millones de personas en
países en desarrollo como China, Bangladesh y Egipto quedarían sin hogar.
El informe confirma que la década de los 90 fue la más calurosa en los
últimos mil años, dado que las temperaturas se elevaron 0.6 grados
centígrados, en promedio, en el pasado siglo, aumentando las inundaciones y
las sequías. Asimismo, el estudio señala que los niveles de dióxido de
carbono se elevaron en 31 por ciento desde la revolución industrial,
atribuible, sobre todo, al empleo de combustibles fósiles.
A continuación, el peor de los escenarios, de mantenerse las prácticas
productivas e industriales imperantes sin cambio: las zonas costeras se
inundarán y habrá grandes cambios demográficos. La industria que gira en
torno al esquí en Europa llegará a su fin, en tanto desaparecerán gran parte
de los glaciares del mundo, con resultados catastróficos sobre la
agricultura. Baste mencionar que en diversos países africanos, la estación
de cultivo de granos se acortaría como consecuencia del cambio climático,
debido al exceso de calor y a la ausencia de humedad, en tanto en la Europa
mediterránea la zona estaría excesivamente seca como para cultivar cereales.
Asimismo, gran parte de los bosques del planeta perecerían ante los cambios
en el abastecimiento de agua y el calor creciente.
Pese a la seriedad del estudio de referencia, dado a conocer justo en el
mismo momento en que George W. Bush era investido como el cuadragésimo
tercer presidente de Estados Unidos, el flamante mandatario lo minimizó y
sólo alcanzó a decir que no estaba convencido de que el cambio climático
estuviera ocurriendo en realidad (sic).
Ese comentario probó ser cabalístico, dado que a finales de marzo, la
administración Bush decidió no ratificar el Protocolo de Kioto sobre
calentamiento global, pese a las fuertes críticas que esa decisión arrancó a
gran parte de la comunidad internacional. Bush argumentó que la decisión era
tomada debido a que las actuales tendencias económicas y energéticas no son
compatibles con las soluciones de largo plazo que fueron planteadas en Kioto.
En otras palabras: la inmediatez se impone y como de costumbre, el costo
ambiental no es ponderado en los cálculos sobre el modelo económico
imperante. Asimismo, el presidente Bush señaló que lo primero son los
intereses de los estadunidenses. Sin embargo, grupos estadunidenses
defensores del medio ambiente se preguntan si sus preocupaciones son
genuinamente ponderadas por la actual administración republicana.
Evidentemente, el Protocolo de Kioto es ambicioso. Plantea cortar la emisión
de gases responsables del llamado efecto invernadero entre 5 y 7 por ciento
por debajo de los niveles imperantes en 1990 para el año 2012, pese a que
las emisiones siguen incrementándose año con año en las naciones
industrializadas, especialmente en Japón y Estados Unidos. De hecho, la
pasada ronda de negociaciones para la implantación del protocolo fracasó
debido a las diferencias de opinión entre Washington y la Unión Europea,
específicamente en torno al crédito que merecen unos y otros en la reducción
de emisiones contaminantes a través del manejo de la agricultura y la
silvicultura. Para minimizar el colapso de las negociaciones, los delegados
estadunidenses señalaron que si hubiese habido más tiempo, podría haberse
llegado a un arreglo.
La verdad de las cosas es que Bush y el Senado estadunidense desean un
acuerdo internacional que comprometa por igual tanto a las naciones
industrializadas como a los países en desarrollo respecto a las metas
estipuladas en torno a las emisiones de gases contaminantes. Como es
comprensible, los países en desarrollo temen que un arreglo de este tipo los
condene a mantener bajos niveles de industrialización y a ensanchar la
brecha norte–sur.
Lo irónico del caso es que el Protocolo de Kioto concretó años de
negociaciones internacionales de buena fe en torno a la instrumentación de
la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático de 1992,
firmada por el entonces presidente de Estados Unidos, George Bush padre y
ratificada por el Senado estadunidense. Dicho tratado compromete a
Washington a realizar un trabajo conjunto con el resto del mundo a fin de
disminuir las emisiones de gases que generan el efecto invernadero e invita
a las naciones industrializadas a encabezar los esfuerzos en esa dirección.
Estados Unidos es el mayor emisor de gases generadores del efecto
invernadero, situación que entraña una gran responsabilidad y que
naturalmente demanda acciones concretas. Si bien de enero a marzo Bush
modificó un poco su discurso de incredulidad por uno en el que reconoce la
seriedad del problema, dejando en claro que trabajaría con otras naciones en
su solución, lo cierto es que el no a Kioto tiene un efecto perverso sobre
las corporaciones, muchas de las cuales, desde la óptica posibilitista,
intentan maximizar beneficios y, presuntamente, minimizar costos, aun cuando
ello incremente el daño ambiental. Asimismo, la postura estadunidense da un
mal ejemplo a otras naciones industrializadas, que podrían seguir sus pasos.
Más preocupante es saber que la administración Bush carece de un plan
alternativo para enfrentar el problema del calentamiento global, sin el
cual, los esfuerzos hasta ahora realizados para su solución se encuentran en
un punto muerto.
Y es que mientras la comunidad científica de todo el mundo ha llegado a un
importante consenso en torno a los efectos del calentamiento global, los
políticos y los intereses corporativos hablan otro lenguaje. De hecho, en el
informe de los especialistas, dado a conocer en enero, se menciona que el
empleo de combustibles fósiles será la fuerza dominante sobre el medio
ambiente en los años por venir. Se insiste también en que en los pasados 420
mil años no se había llegado a producir la cantidad de dióxido de carbono
que se genera hoy en día, dado que su crecimiento se produce a razón de 4
por ciento cada año.
Con estas tendencias no pasará mucho tiempo antes de que George W. Bush
tenga sed y se enfrente a la escasez del vital líquido. Pero para entonces
tal vez habrá cambiado de parecer para afirmar de nueva cuenta que no está
convencido de que el cambio climático efectivamente está ocurriendo y
destapará una Coca–Cola para alimentar los intereses corporativos.
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