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2007 será el año más caluroso de toda la historia

En septiembre de 2005 el Ártico perdía 5.3 millones de km2

Por otra parte, el grupo Union of Concerned Scientists acusó hoy en un informe a la petrolera estadounidense ExxonMobil de haber pagado 16.000 millones de dólares (12.149 millones de euros) entre 1998 y 2005 a unos 43 grupos ideológicos con el objetivo de desinformar a la opinión pública sobre los peligros del calentamiento global desacreditando a la comunidad científica.         

Foto: ceegee-ceegee.

@DIN, 4 de enero de 2007 -  El efecto invernadero y el fenómeno climático de El Niño harán de 2007 el año más caluroso de la historia, con consecuencias para todo el planeta, dijo el profesor Phil Jones, de la Universidad de East Anglia, en Inglaterra.
El pronóstico para el año que acaba de empezar es de condiciones climáticas extremas en todo el mundo, que pueden causar sequías en Indonesia e inundaciones en California, de acuerdo con Jones, quien dirige la Unidad de Investigación del Clima de la citada universidad, y cuyo pronóstico publicó The Independent.
Ese diario dice que esta advertencia pone de manifiesto que 2007 será crucial para determinar la respuesta que da el mundo al calentamiento de la Tierra y sus efectos.
Según Jones, el calentamiento global, que ha causado deshielos en el Ártico, se verá empeorado por la llegada de El Niño, causado por un aumento de las temperaturas promedio del mar en el Océano Pacífico.
Estos fenómenos causarán condiciones extremas en todo el mundo y harán que 2007 sea más caluroso que 1998, hasta ahora el año en que se registraron las temperaturas más altas, agrega el diario.
“El Niño hace que el mundo sea más cálido, y ya hay una tendencia de más calor que aumenta las temperaturas globales de entre uno a dos décimas de un grado centígrado por década”, dijo Jones. “Esto puede hacer que el año 2007 sea más caluroso que el pasado y puede que los próximos doce meses sean los más calurosos que se hayan registrado” hasta ahora.
El científico estadunidense Jim Hansen, que en 1988 advirtió sobre el peligro que representa el cambio climático, dijo al diario que el calentamiento global puede quedar fuera de control y cambiar por completo al planeta a menos que se tomen medidas rápidamente para revertir el aumento de las emisiones de carbono.
Su posición es compartida por el asesor científico del Gobierno británico, David King, quien considera “esencial” llegar a un acuerdo lo antes posible sobre las emisiones de carbono, que son consideradas causantes del efecto invernadero.
Las condiciones climáticas extremas previstas para los próximos 12 meses podrían causar sequías en Indonesia e inundaciones en California, Estados Unidos, explicó el director de la Unidad de Investigación del Clima de la Universidad de East Anglia.
El calentamiento global se verá agudizado por El Niño Oscilación Sur (ENOS), un fenómeno causado por el incremento de la temperatura media de las aguas en el Océano Pacífico, explicó Jones.
"El Niño hace que el mundo sea más cálido, y ya hay una tendencia de más calor que aumenta las temperaturas globales de entre uno a dos décimas de un grado centígrado por década", señaló.
Según el experto, esto podría hacer que el 2007 sea aún más caliente que el anterior e incluso, el de más altas temperaturas jamás registradas.
Por su parte, el científico estadounidense Jim Hansen señaló que el calentamiento global puede quedar sin control y alterar la vida en el planeta, por lo que deben tomarse acciones urgentes contra las emisiones de dióxido de carbono.
Esas opiniones coinciden con las del asesor científico del gobierno británico, quien considera debe llegarse a un acuerdo urgente sobre esos contaminantes.
La Organización Meteorológica Mundial advirtió que el ENOS podría en el 2007 ocasionar alteraciones del clima en el sur de Africa, el Sureste de Asia y el continente americano.

Desinformación mediática

Por otra parte, en EEUU un grupo de científicos acusó a ExxonMobil de pagar a grupos para desinformar sobre el calentamiento global.
Según publica en su portada la Agencia Europa Press, con la firma de su corresponsal Carlos López, el grupo Union of Concerned Scientists acusó hoy en un informe a la petrolera estadounidense ExxonMobil de haber pagado 16.000 millones de dólares (12.149 millones de euros) entre 1998 y 2005 a unos 43 grupos ideológicos con el objetivo de desinformar a la opinión pública sobre los peligros del calentamiento global desacreditando a la comunidad científica.
El informe es similar al presentado por la Academia Científica Británica y achaca a ExxonMobil haber utilizado recursos similares a los utilizados en su momento por las compañías de tabaco, difundiendo información no veraz y utilizando informes y estudios pseudo científicos para crear la ilusión de que existe un debate sobre el tema.
ExxonMobil dedicó 133 millones de dólares (101 millones de euros) en 2005 en contribuciones, de los cuales fueron 6,8 millones de dólares (5,2 millones de euros) para "información pública y políticas de investigación" distribuyendo dichas sumas entre más de 140 grupos ideológicos, universidades, fundaciones y asociaciones, sobre todo las opuestas a la teoría del calentamiento global.
La cuestión del calentamiento global ha sido un tema recurrente, durante los últimos años, sobre todo debido a la crisis del petróleo y catástrofes como la ocasionada por el huracán Katrina. El propio ex vicepresidente del Gobierno, Albert A. Gore, presentó el documental 'Una verdad inconveniente' que destaca la relación entre el calentamiento global y los gases de efecto invernadero.
Recientemente un informe de Naciones Unidas, que será presentado este año, responsabilizó a los seres humanos por el calentamiento global, fenómeno que llevará a mayores catástrofes naturales.
Lo que hasta hace poco algunos consideraban una amenaza difusa, proclamada por científicos y ecologistas fanáticos, ha tomado la forma de subida inusitada de las temperaturas.
Como consecuencia el nivel del mar seguirá creciendo a lo largo de todo el presente siglo -incluso si mañana se eliminaran las emisiones de gases de efecto invernadero- y aumentarán los huracanes y otras catástrofes naturales. Cambiarán los hábitos de los animales y plantas y probablemente también de los seres humanos.
Un informe de un grupo de más de 2500 científicos organizado por Naciones Unidas -y que será presentado oficialmente en el 2007- aumenta el grado de conocimiento sobre el cambio climático y da cuenta de la responsabilidad del hombre en la proliferación del fenómeno.
El informe puede acabar con una interesada polémica que todavía persiste en EEUU acerca de si el calentamiento puede ser atribuible a la acción directa del hombre o a otros factores difusos. El informe de los expertos de Naciones Unidas no arroja dudas al respecto y destaca que el calentamiento es innegable.
"Las observaciones en el océano, la atmósfera, la nieve y el hielo muestran datos coherentes con el calentamiento". Si la temperatura sube, se eleva el nivel del mar, las nieves se funden, los glaciares retroceden y las plantas se desplazan hacia latitudes más frías.
En lo referente a las causas, los científicos señalan que es consecuencia de la emisión de gases de efecto invernaderos -el dióxido de carbono, el metano y el óxido de nitrógeno- que se producen al quemar carbón, petróleo o gas.
Estos gases se acumulan en la atmósfera y aunque dejan pasar la radiación solar hacia la Tierra, frenan la salida del calor que emite la superficie terrestre.
"El calentamiento observado junto con la pérdida de masa de hielo, apoyan la conclusión de que es altamente improbable que el reciente cambio climático global haya sido causado por la variabilidad natural del clima" afirman en su informe.

Energías alternativas

A finales de octubre, el Gobierno británico dio a conocer el denominado Informe Stern, un texto preparado por Nicholas Stern, ex economista jefe del Banco Mundial. Para Stern también "son abrumadoras las pruebas de que el cambio climático presenta serios riesgos globales y eso exige una urgente respuesta global".
Propone varias maneras de recortar las emisiones: reducir la demanda de bienes y servicios intensivos en el uso de combustibles fósiles, evitar la deforestación y cambiar hacia energías limpias en electricidad, calefacción y transporte.
Las políticas propuestas para reducir las emisiones, consisten en poner precio a las emisiones de carbono, de modo que quien más contamina más paga.
Existen varias formas de conseguir este objetivo, lo que da lugar a una nueva polémica entre los partidarios de los "impuestos verdes" y los que se inclinan por establecer un mercado de emisiones de carbono, en la estela del Protocolo de Kyoto.
Finalmente, otros son partidarios de simples regulaciones que penalicen la contaminación.
En materia de energías alternativas, junto con los biocarburantes, la utilización de biomasa ocupa un lugar preferente en la estrategia de la Unión Europea por la producción de energía eléctrica y térmica.
Puede ser una opción muy interesante para la Argentina, dado que se basa en el aprovechamiento de restos de rastrojos de maíz, cereales, girasol o algodón.
En el Alto Valle del Río Negro podrían ser aprovechados los residuos de podas de viñedos o de frutales. Esto permitiría que los agricultores obtuvieran rentas complementarias al vender los restos leñosos a las empresas transformadoras.
La división de energías renovables de Sacyr Vallhermoso -la poderosa constructora española que se acaba de hacer con el control del 20 % de Repsol- tiene ya en funcionamiento una decena de plantas de biomasa en España. Un indicio que no debemos desaprovechar y muestra hacia donde apuntan los sectores más dinámicos de la economía mundial.

Información relacionada
Calentamiento global y responsabilidad de EEUU


María Cristina Rosas
Página Uno, suplemento de Unomásuno.
México, mayo del 2001.


En enero pasado, un grupo de científicos confirmó lo que todos los defensores del medio ambiente saben: que la temperatura de la atmósfera terrestre podría elevarse en seis grados centígrados hacia el año 2100, incremento sin precedente en los pasados 10 mil años. Si bien todos sospechaban que la temperatura del planeta aumentaría, los datos recién revelados ubican el calentamiento global para este siglo en dos grados por encima de las predicciones originales. Así las cosas, el nivel del mar aumentaría 88 centímetros para el 2100, con lo que millones de personas en países en desarrollo como China, Bangladesh y Egipto quedarían sin hogar.
El informe confirma que la década de los 90 fue la más calurosa en los últimos mil años, dado que las temperaturas se elevaron 0.6 grados centígrados, en promedio, en el pasado siglo, aumentando las inundaciones y las sequías. Asimismo, el estudio señala que los niveles de dióxido de carbono se elevaron en 31 por ciento desde la revolución industrial, atribuible, sobre todo, al empleo de combustibles fósiles.
A continuación, el peor de los escenarios, de mantenerse las prácticas productivas e industriales imperantes sin cambio: las zonas costeras se inundarán y habrá grandes cambios demográficos. La industria que gira en torno al esquí en Europa llegará a su fin, en tanto desaparecerán gran parte de los glaciares del mundo, con resultados catastróficos sobre la agricultura. Baste mencionar que en diversos países africanos, la estación de cultivo de granos se acortaría como consecuencia del cambio climático, debido al exceso de calor y a la ausencia de humedad, en tanto en la Europa mediterránea la zona estaría excesivamente seca como para cultivar cereales. Asimismo, gran parte de los bosques del planeta perecerían ante los cambios en el abastecimiento de agua y el calor creciente.
Pese a la seriedad del estudio de referencia, dado a conocer justo en el mismo momento en que George W. Bush era investido como el cuadragésimo tercer presidente de Estados Unidos, el flamante mandatario lo minimizó y sólo alcanzó a decir que no estaba convencido de que el cambio climático estuviera ocurriendo en realidad (sic).
Ese comentario probó ser cabalístico, dado que a finales de marzo, la administración Bush decidió no ratificar el Protocolo de Kioto sobre calentamiento global, pese a las fuertes críticas que esa decisión arrancó a gran parte de la comunidad internacional. Bush argumentó que la decisión era tomada debido a que las actuales tendencias económicas y energéticas no son compatibles con las soluciones de largo plazo que fueron planteadas en Kioto. En otras palabras: la inmediatez se impone y como de costumbre, el costo ambiental no es ponderado en los cálculos sobre el modelo económico imperante. Asimismo, el presidente Bush señaló que lo primero son los intereses de los estadunidenses. Sin embargo, grupos estadunidenses defensores del medio ambiente se preguntan si sus preocupaciones son genuinamente ponderadas por la actual administración republicana.
Evidentemente, el Protocolo de Kioto es ambicioso. Plantea cortar la emisión de gases responsables del llamado efecto invernadero entre 5 y 7 por ciento por debajo de los niveles imperantes en 1990 para el año 2012, pese a que las emisiones siguen incrementándose año con año en las naciones industrializadas, especialmente en Japón y Estados Unidos. De hecho, la pasada ronda de negociaciones para la implantación del protocolo fracasó debido a las diferencias de opinión entre Washington y la Unión Europea, específicamente en torno al crédito que merecen unos y otros en la reducción de emisiones contaminantes a través del manejo de la agricultura y la silvicultura. Para minimizar el colapso de las negociaciones, los delegados estadunidenses señalaron que si hubiese habido más tiempo, podría haberse llegado a un arreglo.
La verdad de las cosas es que Bush y el Senado estadunidense desean un acuerdo internacional que comprometa por igual tanto a las naciones industrializadas como a los países en desarrollo respecto a las metas estipuladas en torno a las emisiones de gases contaminantes. Como es comprensible, los países en desarrollo temen que un arreglo de este tipo los condene a mantener bajos niveles de industrialización y a ensanchar la brecha norte–sur.
Lo irónico del caso es que el Protocolo de Kioto concretó años de negociaciones internacionales de buena fe en torno a la instrumentación de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático de 1992, firmada por el entonces presidente de Estados Unidos, George Bush padre y ratificada por el Senado estadunidense. Dicho tratado compromete a Washington a realizar un trabajo conjunto con el resto del mundo a fin de disminuir las emisiones de gases que generan el efecto invernadero e invita a las naciones industrializadas a encabezar los esfuerzos en esa dirección.
Estados Unidos es el mayor emisor de gases generadores del efecto invernadero, situación que entraña una gran responsabilidad y que naturalmente demanda acciones concretas. Si bien de enero a marzo Bush modificó un poco su discurso de incredulidad por uno en el que reconoce la seriedad del problema, dejando en claro que trabajaría con otras naciones en su solución, lo cierto es que el no a Kioto tiene un efecto perverso sobre las corporaciones, muchas de las cuales, desde la óptica posibilitista, intentan maximizar beneficios y, presuntamente, minimizar costos, aun cuando ello incremente el daño ambiental. Asimismo, la postura estadunidense da un mal ejemplo a otras naciones industrializadas, que podrían seguir sus pasos.
Más preocupante es saber que la administración Bush carece de un plan alternativo para enfrentar el problema del calentamiento global, sin el cual, los esfuerzos hasta ahora realizados para su solución se encuentran en un punto muerto.
Y es que mientras la comunidad científica de todo el mundo ha llegado a un importante consenso en torno a los efectos del calentamiento global, los políticos y los intereses corporativos hablan otro lenguaje. De hecho, en el informe de los especialistas, dado a conocer en enero, se menciona que el empleo de combustibles fósiles será la fuerza dominante sobre el medio ambiente en los años por venir. Se insiste también en que en los pasados 420 mil años no se había llegado a producir la cantidad de dióxido de carbono que se genera hoy en día, dado que su crecimiento se produce a razón de 4 por ciento cada año.
Con estas tendencias no pasará mucho tiempo antes de que George W. Bush tenga sed y se enfrente a la escasez del vital líquido. Pero para entonces tal vez habrá cambiado de parecer para afirmar de nueva cuenta que no está convencido de que el cambio climático efectivamente está ocurriendo y destapará una Coca–Cola para alimentar los intereses corporativos.

 

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