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Desalojo de campesinos por encargo de minera multinacional en Guatemala

El Comité Contra la Tortura de Naciones Unidas pidió en mayo de 2006 que se investigaran los desalojos forzosos. "La continua resistencia del gobierno a implementar verdaderas políticas agrarias y cesar los desalojos forzosos resultará en más violencia, muertos y heridos," dijo Sebastián Elgueta, de Amnistía Internacional.

Gran parte de la tensión actual alrededor de los conflictos de tierra se aliviaría si el gobierno de Guatemala implementara los compromisos adquiridos en los Acuerdos de Paz, incluyendo el desarrollo de una política agraria incluyente para todos los sectores.         

Sebastián Choc lleva su cama, lo único que tiene.
(Foto PL: Edwin Perdomo).

@DIN, 9 de enero de 2007 - Unas 350 familias fueron obligadas a desalojar terrenos de fincas que habían ocupado y que el Gobierno -según informa hoy el diario Prensa Libre- habría dado en concesión a la Compañía Guatemalteca de Níquel (CGN), subsidaria de la empresa canadiense Skye Resources (SR). El desalojo violento ocurría ayer en el Estor, Izabal, Guatemala, zona paradisíaca en el área regada por el Río Dulce.
Edwin Perdomo informa en el mencionado diario que los campesinos reclaman la propiedad de los inmuebles ubicados en los barrios La Pista y La Unión, y en la aldea Chichipate, de El Estor. Varios señalaron que les fueron escrituradas por el desaparecido Instituto Nacional de Transformación Agraria (INTA). También los ambientalistas se habían opuesto a la instalación de la explotación minera de Skye Resources, por considerar que se arruinaría de un modo irremediable una de las zonas naturales más hermosas del planeta.
Pío Chocoj, de la Secretaría de Asuntos Agrarios, expresó que los campesinos pelean una propiedad ancestral que les fue reconocida por el INTA.
En los violentos operativos de ayer participaron unos 800 integrantes de la Policía Nacional Civil (PNC), apoyados por 150 soldados del Comando Naval del Caribe.
Rafael Andrade Escobar, fiscal del Ministerio Público (MP), que estuvo a cargo de la operación, informó que la orden la emitió el Juzgado de Primera Instancia Penal y Narcoactividad y Delitos contra el Ambiente de Puerto Barrios.
Cuadrillas de trabajadores de la CGN llevaron a cabo el desmantelamiento de los ranchos que habían sido construidos por los humildes pobladores con láminas plásticas y troncos de árboles.
Hasta ayer por la tarde habían sido retiradas unas 200 familias, que estaban establecidas en terrenos ubicados en el barrio La Unión.
Rafael Andrade expuso que para antes de que terminara el día de ayer se tenía programado el desalojo de otras 100 familias que permanecían en terrenos del barrio La Pista y unas 40 en la aldea Chichipate.
En noviembre del 2006, alrededor de 200 campesinos fueron también desalojados de un área en los barrios Esmeralda y Revolución, los cuales también se mantienen en litigio.
Esto motivó enfrentamientos violentos entre campesinos y policías, pues para defenderse de los ataques policiales los afectados montaron barricadas y quemaron oficinas de la CGN y la casa de Rigoberto Chub Cucul, alcalde del lugar, a quien señalan por estar a favor de la empresa minera.
En el operativo no estuvieron presentes personeros de CGN, y tampoco fue posible localizarlos.
Cientos de familias Q'eqchí'es y campesinos pobres habían ocupado tierras que luego fueron adjudicadas a la Compañía Guatemalteca de Níquel (CGN), subsidiaria de la canadiense Skye Resources (SR). Pero fueron atacadas con violencia por las fuerzas de seguridad, que iniciaron los desalojos entre el 11 y 14 de noviembre de 2006. Los pobladores y organizaciones de Derechos Humanos solicitan que se resuelva el litigio y legalidad de las tierras incluidas en las licencias mineras, las cuales ocupan gran parte del territorio del municipio de El Estor. Mientras tanto, Skye Resources busca la manera de iniciar lo más rápido posible la entrada en operaciones del proyecto minero Fénix.

Antecedentes del problema

El gobierno de Guatemala ha optado al parecer por apoyar la extracción y comercialización del níquel y de los demás derivados minerales que se encuentran en la margen norte del Lago de Izabal, efectuada por empresas multinacionales. Además del problema de los campesinos, ONGs y opinión pública se habían opuesto al proyecto minero, pues se considera más importante para el país contar con toda el área de Río Dulce como una fuente de ingresos turísticos, derivados de hacer todos los esfuerzos por mantener esa zona fuera de las actividades de una industria que no sea la dedicada a atender a quienes la visitan como consecuencia de su absoluta belleza.
El Consejo Nacional de Áreas Protegidas (Conap) había emitido un dictamen desfavorable a la idea de que las barcazas con níquel puedan pasar por el río Dulce. Río Dulce y el Lago de Izabal constituyen una joya natural de importancia mundial que debe ser cuidada en lo posible, afirman los ciudadanos. "Esta debe ser la meta última, y cualquier proyecto industrial que quiera ser puesto en práctica necesita girar alrededor de esa idea" aseguran.
La razón principal para no estar de acuerdo con el criterio de convertir a ese bello río en una vía fluvial industrial es bastante simple. Si se otorga permiso a una compañía, se debe darlo a las demás, y entonces la belleza se pierde, y con ella, las razones de los turistas para conocer el área.
Además de las consideraciones emotivas o ambientales, hay algunas muy prácticas. Un ejemplo es que la zona tiene dos cuellos de botella: uno, en la desembocadura del lago y el río, al frente del Castillo de San Felipe, y la otra en la segunda curva de la parte montañosa del río, entre El Golfete y Lívingston.
Allí simplemente es demasiado angosto para que puedan coexistir las grandes barcazas con el mineral, las tiburoneras turísticas, los veleros y los yates, así como los pequeños cayucos de pescadores. Por aparte, si estas embarcaciones causan erosión en los muros del cañón del río, con mucha mayor razón lo harán barcazas de cualquier tipo.
Otro motivo práctico lo constituye el hecho de que la actividad turística tiene efectos multiplicadores mucho más amplios, porque de ésta se benefician miles de personas, desde los grandes hoteles a las pequeñas pensiones, pasando por artesanos, conductores, meseros y, en general, todos aquellos a quienes la visita de un extranjero les representa algún tipo de beneficio económico para sostener a sus familias.

Numerosos antecedentes de desalojos violentos

Entre los numerosos antecedentes de desalojos violentos por parte de la policía guatemalteca, presentamos el de 400 campesinos indígenas que viven y trabajan en la plantación de café de San José La Mocá, en el municipio de Senahú, departamento de Alta Verapaz, fueron desalojados a la fuerza y viven a la intemperie junto a una carretera cercana.
La mañana del 6 de abril, unos 200 agentes de policía y 80 soldados se presentaron en la plantación para llevar a cabo el desalojo. Hubo diálogo y negociaciones con la comunidad hasta aproximadamente mediodía, momento en que la comunidad fue escoltada fuera de la propiedad. No hubo violencia.
Según los informes, la única fuente de agua está contaminada, y muchos están cayendo enfermos y desarrollando enfermedades de piel. Muy pocos han recibido atención médica; una ONG local llevó a 15 personas al hospital durante el fin de semana del 8 y 9 de abril, y consiguió suministrarles una pequeña cantidad de agua embotellada. La comunidad además ha visto cortada su fuente de alimentos, pues ya no tiene acceso a la tierra en la que cultivaba verduras; según los informes, algunas de las personas desalojadas han empezado a mostrar señales de malnutrición.
Estos trabajadores agrarios forman parte de las 800 familias que llevan toda su vida en la plantación. Mantienen una disputa laboral con los propietarios de la plantación desde 2002, fecha en que se despidió a la mayoría de los trabajadores al caer los precios del café. Vivían junto a un río en la plantación, y allí tenían asignadas tierras para su propio cultivo. Esas tierras se inundaron durante el huracán Stan, en octubre de 2005, y sus casas y cosechas quedaron destruidas.
Al parecer, en noviembre de 2005 los propietarios de la plantación ofrecieron a algunos de los trabajadores la propiedad de tierras en lugar del dinero que les debían, sin especificar cuánta tierra recibiría cada familia o dónde estaría situada. La comunidad ocupó una zona central de la plantación para protestar y presionar a los propietarios para que se resolviera la disputa laboral. Los propietarios acusaron a la comunidad de ocupar la tierra ilegalmente y sus miembros fueron desalojados a la fuerza el 1 de febrero. Éstos opusieron resistencia, y las fuerzas de seguridad golpearon a algunos de ellos y usaron gas lacrimógeno. Se destruyeron y quemaron los refugios temporales construidos por la comunidad, así como las pertenencias que les quedaban y las nuevas cosechas. Al día siguiente, las familias regresaron a la plantación y levantaron nuevos refugios.
Dos días después, cuatro miembros de la comunidad resultaron heridos por disparos de los guardias de seguridad de la plantación cuando trataban de recolectar agua. Los cuatro fueron al hospital, pero poco después se ocultaron, ante el temor a ser detenidos. Manuel Federico Cu Bol, que resultó herido en el abdomen, ha vuelto desde entonces al hospital para ser sometido a cirugía. Gerardo Bol, Domingo Caal y Matías Chpe Tox también sufrieron heridas de bala. Al parecer, también alguno de los guardias de seguridad resultó herido en el incidente.
Guatemala es Estado Parte en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales y, por lo tanto, está obligado a garantizar que "los desalojos no deberían dar lugar a que haya personas que se queden sin vivienda o expuestas a violaciones de otros derechos humanos".

Los desalojos de campesinos en Guatemala

Amnesty internacional, luego de visitar el país para constatar las violaciones a los Derechos Humanos, había advertido al gobierno guatemalteco sobre la recurrencia de los desalojos violentos en este país. Al finalizar una visita de dos semanas a Guatemala, Amnistía Internacional expresó honda preocupación por las profundas irregularidades, violaciones a los derechos humanos y el trato discriminatorio del que son objeto campesinos guatemaltecos en el contexto de los procesos judiciales que culminan en órdenes de desalojo.
En nota presentada el 26 de agosto de 2005, Amnesty solicita se modifique esta política destructiva de su propia población que aplica el gobierno de Guatemala. Con el título Guatemala: Suspensión de desalojos y verdadera política agraria, claves para resolver los conflictos de tierra, a continuación @DIN presenta los puntos principales que el gobierno guatemalteco recibió y se comprometió a respetar, sin resultados visibles hasta ahora:
Tras mantener reuniones con diversas autoridades guatemaltecas y representantes de organizaciones de derechos humanos, campesinos y propietarios de fincas, Amnistía Internacional urge al gobierno guatemalteco a suspender los desalojos y ordenar una evaluación independiente de los que se han efectuado desde su llegada al poder, con el fin de subsanar los serios problemas jurídicos y abusos sistemáticos que se cometen en el cursos de dichos desalojos.
Los problemas y abusos identificados por Amnistía Internacional durante su visita a Guatemala incluyen:
Fallas en las operaciones de la Inspectoría de Trabajo para asegurar que los salarios, indemnizaciones y prestaciones conforme a la ley sean pagadas regularmente en todas las fincas de Guatemala.
Las fallas y retrasos en el tratamiento de demandas por pago de prestaciones, las cuales motivan acciones de ocupación para apoyar los reclamos.
La respuesta insuficiente del Ministerio Público -- frecuentemente una aplicación mecánica, rápida, y sistemática de las figuras delictivas de usurpación y usurpación agravada con las consiguientes órdenes de captura y desalojo de cientos de familias de tierras que han ocupado con frecuencia durante generaciones. Es preocupante que ni la letra ni el espíritu de la convención 169 de la Organización Internacional del Trabajo es tomada en cuenta.
Indicios de que no se estudian con la debida diligencia requerida la validez de reclamos de titilación incompleta o dudosa. En ciertos casos la verificación por autoridades competentes de los terrenos disputados es impedida por los propietarios de fincas y sin embargo las órdenes de desalojo o lanzamiento son ejecutadas.
La relativa rapidez con la que se firman las órdenes de desalojo y de captura, en contraste con la lentitud y periodos de prescripción mínimos para hacer valer derechos de campesinos en recobrar prestaciones e indemnizaciones. Esto apunta hacia un trato discriminatorio por el sistema de administración de justicia.
Las quejas de los campesinos con respecto a la falta de atención e investigación sobre sus denuncias de amenazas de muerte y otros actos de intimidaciones por los propietarios de fincas o por sus empleados o agentes de seguridad privada.
La destrucción de pertenencias, enseres domésticos e incendio de viviendas, de manera casi sistemática en el contexto de los desalojos.
Estos hechos son hechos delictivos no contemplados en las órdenes de desalojo firmadas por el Juez y suceden en ciertas ocasiones delante de efectivos, a veces centenares, de la Policía delegada por el mismo Juez para ejecutar la orden de desalojo. Otras autoridades presentes comprenden representantes del ministerio público, y la Procuraduría de Derechos Humanos. Existen en ciertos casos informes documentados de la participación directa de la policía en el desmantelamiento involuntario y la quema de hogares campesinos. Sin embargo, en la mayor parte de los casos, es personal al servicio del propietario de la finca que llevan a cabo dicha destrucción ante la mirada pasiva de la Policía y autoridades presentes.
Los informes de los delegados de la Procuraduría de Derechos Humanos detallando abusos durante el desalojo ante el Ministerio Publico no parecer ser objeto de seguimiento por este ultimo. Parecería ser considerados como actos “normales” conexos a los desalojos.
La escasez de intérpretes en los diferentes idiomas indígenas en las diferentes instancias que conocen el conflicto lo que impide una participación e información eficaces de los afectados, problema fundamental reconocido por todas las partes.
Amnistía Internacional reconoce la importancia dada a los procesos de mediación y conciliación para resolver los conflictos. Sin embargo, ve con preocupación que dichos procesos sean en ocasiones interrumpidos por la ejecución del desalojo, lo que conlleva el fin del dialogo y propicia la aparición de violencia entre las partes.
Amnistía Internacional agradece la información recibida y apertura de las autoridades gubernamentales y organizaciones de la sociedad civil con las que se reunió en el curso de su visita.
Amnistía Internacional reconoce el deber y derecho de las autoridades guatemaltecas de crear una institucionalidad funcional que respete plenamente los preceptos constitucionales y normas internacionales relacionados con los problemas agrarios, con el fin de prevenir y resolver con apego a la justicia los conflictos agrarios, en beneficio de todos aquellos que trabajan la tierra.
Finalmente Amnistía Internacional insta a las autoridades a desarrollar una política agraria específica para prevenir y resolver los casos de conflictividad agraria centrada en la protección y defensa de los derechos humanos.
Durante su visita, los delegados de Amnistía Internacional visitaron varias localidades del país y se entrevistaron con el Fiscal General de la República, fiscales del Ministerio Público, Jueces, representantes del Ministerio del Trabajo, de la Procuraduría de Derechos Humanos (PDH), de COPREDEH y con funcionarios de CONTIERRA y FONTIERRA. La delegación también mantuvo reuniones con representantes de organizaciones de campesinos, propietarios de fincas, y campesinos desalojados o en instancia de ser desalojados de tierras reclamadas como propias o baldías.

Amnesty reclama por desalojos violentos

Guatemala es uno de los países donde se violan sistemáticamente los Derechos Humanos, según Amnesty. Especialmente contra los campesinos e indígenas, la política represiva no ha cesado de aplicarse de un modo brutal desde hacen varios años.
El pasado 08 de julio de 2006, al menos una persona falleció y aproximadamente 38 resultaron heridas en el contexto de un desalojo en San José La Mocha, departamento de Alta Verapaz, al norte de Guatemala. Según información recibida por Amnistía Internacional, al menos 600 personas desalojaron a 200 familias que ocupaban tierra en reclamo de sus prestaciones laborales no pagadas desde 2002. Miguel Chen, de 75 años, murió tras recibir heridas de bala.
Este desalojo fue el tercero que sufrieron los campesinos de San José La Mocha. Organizaciones de derechos humanos nacionales e internacionales han denunciado la situación de violencia que viven campesinos e indígenas en áreas rurales a causa de los conflictos de tierra desde que Oscar Berger asumió la presidencia en 2004.
El Comité Contra la Tortura de Naciones Unidas, por ejemplo, pidió en mayo de 2006 que se investigaran los desalojos forzosos. "La continua resistencia del gobierno a implementar verdaderas políticas agrarias y cesar los desalojos forzosos resultará en más violencia, muertos y heridos," dijo Sebastián Elgueta, de Amnistía Internacional.
Gran parte de la tensión actual alrededor de los conflictos de tierra se aliviaría si el gobierno de Guatemala implementara los compromisos adquiridos en los Acuerdos de Paz, incluyendo el desarrollo de una política agraria incluyente para todos los sectores.
Amnistía llama a las autoridades a llevar a cabo una investigación inmediata, efectiva e imparcial a los hechos sucedidos en San José La Mocha. La organización también llama a las autoridades a velar por el bienestar de la comunidad desalojada, recordando en particular sus obligaciones como estado firmante del Convenio de Derecho Económicos, Sociales y Culturales.

 

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