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Tercer megaatentado durante el gobierno de Menem  

El fiscal dijo que el juez Diego Estévez hizo una “selectiva, arbitraria y hasta capciosa” valoración de las pruebas al sobreseer a seis hombres del Ejército imputados por la voladura de la fábrica militar de Río Tercero, y volvió a insistir con que lo que ocurrió fue para ocultar el tráfico ilegal a Croacia y Ecuador, durante el gobierno de Carlos Menem.        

La explosión vista desde la ciudad. Foto: Archivo.

@DIN, 12 de diciembre de 2006 -  La Cámara Nacional de Casación argentina avaló una pericia que calificó de "intencional" la voladura de la fábrica militar de Río Tercero, en Córdoba, ocurrida durante el último gobierno de Carlos Menem en la Argentina. En tanto el fiscal federal Carlos Stornelli apeló sobreseimientos que beneficiaron a los militares acusados en este caso.
En la resolución, la sala II del máximo tribunal penal del país dejó firme la pericia como prueba para la causa judicial, al rechazar un recurso que pedía su nulidad, presentado por la defensa de militares imputados en esa investigación.
Paralelamente, Stornelli apeló una decisión del conjuez de Río Cuarto, Diego Estévez, quien el 5 de diciembre último sobreseyó a los seis militares por considerar que "faltaban pruebas para calificar lo ocurrido como intencional".
Stornelli pidió que se revoque ese fallo y reiteró que existen evidencias contra los acusados, para demostrar que provocaron la voladura con la intención de encubrir un faltante de armamento, a raíz del tráfico de armas a Croacia y Ecuador en el menemismo.
En cuanto a la resolución de Casación, los camaristas Juan Fégoli, Pedro David y Gustavo Mitchell entendieron que una pericia clave que concluyó que la voladura de la Fábrica Militar en noviembre de 1995 fue provocada y no accidental puede ser usada para impulsar la investigación y debatida en juicio oral.
En un duro revés para los militares imputados, los jueces antepusieron el "derecho a la verdad" de las víctimas y sus familiares -garantizado en pactos internacionales- por sobre cualquier otro argumento procesal, según difundió hoy la agencia Télam.
La decisión avaló la investigación que se realizaba por "estrago doloso agravado por tráfico de armas" -delito que prevé hasta 20 años de cárcel- contra Carlos Franke, Edberto Gonzalez de la Vega, Jorge Antonio Cornejo Torino, Oscar Quiroga, Juan Carlos Villanueva y Marcelo Gatto.
"En este caso de gravedad institucional conocer la verdad es una expectativa que el Estado debe satisfacer", entendió la Cámara al considerar que no hay un daño irreversible para los eventuales acusados, quienes en todo caso estarían en condiciones de rebatir esa pericia en un juicio oral.
Casación analizó la pericia luego que el 19 de diciembre de 2003 el tribunal oral en lo criminal federal 2 de Córdoba suspendió la preparación del juicio por la voladura y envió la causa nuevamente a la Justicia de instrucción.
Esta decisión se tomó debido a una pericia que el Tribunal encargó como parte de la llamada instrucción suplementaria que se realiza en todo juicio oral y que arrojó un resultado distinto a la acusación que pesaba entonces sobre los militares, estrago culposo, es decir, no intencional.
El estudio concluyó que "no se encontró ninguna evidencia de que el fuego pudiera haberse originado accidentalmente". La iniciación de la llama en un tambor cargado con trotyl "se produjo por efecto programado utilizando artefactos electrónicos existentes en el mercado como, por ejemplo, un celular", detalló el estudio, entre otros puntos.
En el trabajo se advirtió que para volar la fábrica se usó un detonador y un reforzador, con un "direccionamiento selectivo de la onda expansiva".
La Fábrica Militar de Río Tercero estalló el 3 de noviembre de 1995 y causó 7 muertos, centenares de heridos y arruinó para siempre la tranquila vida de miles de familias en esa progresista localidad cordobesa, ubicada a 130 kilómetros de la capital provincial.

El fiscal cuestionó al juez

El fiscal federal Carlos Stornelli advirtió ayer que el juez cordobés Diego Estévez hizo una "selectiva, parcial, arbitraria y hasta capciosa" valoración de pruebas al sobreseer a seis militares imputados por la voladura de la Fábrica Militar de Río Tercero.
"El señor conjuez ha hecho una selectiva, parcial, arbitraria y hasta capciosa valoración de las probanzas aquilatadas en la causa, lo que no puede derivar en otra conclusión distinta de que el fallo es infundado", sostuvo Stornelli.
En estos términos el fiscal federal porteño que fue designado para colaborar en el impulso de esa causa en Córdoba apeló los sobreseimientos dictados por Estevez el 5 de diciembre último.
Ese fallo benefició a los militares Carlos Franke, Edberto González de la Vega, Jorge Antonio Cornejo Torino, Oscar Quiroga, Juan Carlos Villanueva y Marcelo Gatto, quienes habían sido indagados por "estrago doloso agravado por tráfico de armas".
Estévez "usó métodos impropios de un proceso penal" y realizó una "torcida valoración" de los hechos hasta concluir la falta de pruebas para procesar a los imputados por haber provocado la voladura, según Stornelli.
En particular, el fiscal recordó que Torino era director de la fábrica y que tanto él como su superior, el entonces director de Producción de Fabricaciones Militares Carlos Franke "aparecieron en situaciones poco claras".
Franke "ejercía el total dominio y control de las fábricas dependientes y entre ellas, la de Río Tercero" donde "nada se hacía o se dejaba de hacer sin su orden o conocimiento". Además, visitó la planta en septiembre de 1994 junto al intermediario e imputado en la causa por el tráfico de armas a Croacia y Ecuador, Diego Palleros y un general croata, Vladimir Zacorec, recordó el fiscal.
Además, Stornelli destacó que poco antes de la explosión se ordenaron "movimientos" de tambores con explosivos y otros elementos con la excusa de realizar una limpieza en la zona por una "supuesta visita importante".
El fiscal ratificó que la voladura fue provocada para ocultar un faltante de armas como parte del tráfico de armas a Croacia y Ecuador cometido entre 1993 y 95, durante el gobierno de Carlos Menem.
"No encuentro motivos para excluir -como el fallo lo hace- la posibilidad de que los imputados hubieran integrado una estructura criminal en cualquiera de los grados de participación penalmente reprochables", consideró Stornelli.

Procesan a ex secretario

El ex secretario de Planificación del ministerio de Defensa, Guillermo Etchechouri, fue procesado ayer por el juez en lo penal económico Rafael Caputo en la causa por la venta ilegal de armas a Ecuador y Croacia, informó hoy el diario Clarín.
Etchecouri fue procesado como partícipe necesario de contrabando agravado de armas a Ecuador y Croacia, entre 1991 y 1995. El juez consideró que el ex funcionario menemista tuvo en destacada actuación en la elaboración del decreto presidencial secreto 103 de 1995 que tenía a Venezuela como destino falso de las armas.
Además tuvo en cuenta una denuncia, según la cual, 300 mil dólares que fueron depositados en una cuenta del Banco General de Negocios habrían sido para el bolsillo del funcionario de Menem Guillermo Etchechouri.
Por otra parte, el fiscal federal Carlos Stornelli calificó hoy como un "disparate" y una "locura" el fallo que la semana pasada sobreseyó a los seis imputados por la voladura de la guarnición militar cordobesa de Río Tercero, y denostó al conjuez que adoptó esa decisión, Diego Estévez.
Stornelli denunció que el fallo mostró "un trabajo funcional a la impunidad" y fue adoptado porque "al señor este (por el juez) no le gusta el resultado de una pericia".
"Sin convocar a otros peritos ni llamar a consultores técnicos decidió que la pericia no dice lo que dijo", insistió Stornelli, al aludir a un estudio científico que señaló que la explosión no fue accidental sino intencional, pero que el conjuez Estévez desestimó para dictar los sobreseimientos.
El conjuez "no tiene ninguna experiencia en derecho penal", recordó Stornelli, situación ante la que señaló: "nos resultaba sugestivo que aceptara esta tarea. Ahora sabemos para qué aceptó, para hacer esto".
Sin ocultar su "disconformidad" y su "indignación", Stornelli adelantó que en las próximas horas presentará ante la Cámara Federal de Córdoba la apelación contra la decisión de Estevez, y confió en que ese tribunal de alzada "no puede dejar las cosas así".
En declaraciones a Radio América, el fiscal también denunció el "intercambio de sonrisas y gestos de amabilidad entre el conjuez y las defensas" de los militares ahora sobreseidos.
En ese contexto, denunció que el conjuez Estevez "se dedicó a perseguir y procesar testigos, a sembrar dudas sobre lo que no merece dudas, a hacer un trabajo de defensor, con la gravedad que esto implica".
"Este fallo es un disparate, una locura. Sólo una persona que aparece de la nada y sin ningún costo puede hacer esto", concluyó Stornelli.

La única querellante había cuestionado el fallo

Ana Gritti, viuda de una de las víctimas de las detonaciones en la fábrica militar, había repudiado oportunamente la decisión judicial que sobreseyó a los seis militares imputados. También anticipó, en esa oportunidad, que iba a apelar la medida. Además, denunció condicionamientos a la investigación del siniestro.
La única querellante particular en la causa por las explosiones en la Fábrica Militar de Río Tercero, Ana Gritti, en la que fueron sobreseídos seis militares, cuestionó el fallo y denunció condicionamientos a la investigación del siniestro.
"Hay una estructura de poder instalada en 1995 en el país y desde antes de 1995, que es la que sigue manejando los hilos de los responsables de esta investigación", sostuvo Gritti, viuda de una de las siete víctimas de las explosiones de noviembre de 1995.
La mujer, de profesión abogada, formuló declaraciones después que ayer se conociera el resolución del conjuez federal de Río Cuarto, Diego Estévez, de sobreseer a los seis militares imputados por "estrago doloso" por las explosiones ocurridas hace once años.
La medida alcanza a los militares Jorge Cornejo Torino; Carlos Franke; Diego Gatto; Oscar Quiroga; Edberto González de la Vega y Juan Carlos Villanueva, quienes eran directivos de Fabricaciones Militares y de la fábrica de Río Tercero.
Cornejo Torino era director de la fábrica al producirse las explosiones, en tanto que González de la Vega era gerente de coordinación de Fabricaciones Mitares y por 15 días, tras el siniestro, director de la planta de Río Tercero.
Gritti anticipó: "Ibamos por más y vamos a ir por más responsabilidades políticas, responsabilidades del Ejército. Esta primera resolución -dijo- era imprescindible para ir por lo otro y eso no era ajeno al conjuez".
"Es una resolución que molesta y fastidia pero no es inesperada. La Justicia argentina nos tiene acostumbrados a que en causas en las que los intereses políticos y económicos son tan grandes, los fallos generalmente han sido funcionales a los intereses en juego", juzgó la querellante.
En declaraciones a Radio Continental, Gritti agregó que "la sentencia del juez ad hoc no tiene ningún fundamento sólido. Esto parece una sentencia empezada con el `resuelvo’ y que después se buscó cómo armar los `considerandos", refirió la querellante.
Gritti explicó que la pericia ordenada en 2003 por el Tribunal Oral Federal "determinó" que las expresiones fueron "intencionales, preparadas y programadas".
La abogada querellante Ana Gritti consideró oportunamente que el fallo del juez Diego Estévez es un verdadero bochorno.
Señaló en tal sentido que “el fallo es vergonzoso y en 90 carillas resume tomando cinco testimonios. El juez dijo que los peritos económicos y químicos no aportaron detalles de contundencia para la causa”.
“Como profesional me siento con mucha vergüenza porque soy abogada y siento vergüenza por la justicia argentina" dijo en oportunidad de emitirse el fallo absolviendo a los militares imputados. "Hay inconvenientes y problemas y cuando el pueblo se levanta es porque la paciencia se agota”, expresó decepcionada.
Sostiene la querellante Ana Gritti que hubo acuerdos y presiones para con el juez que consideró que se trató solo de un accidente, “porque los peritos estuvieron un año trabajando con los expedientes y pruebas de laboratorio”.
Ana Gritti, que perdió a su esposo en las explosiones que se sucedieron por 48 horas, anunció em aquella oportunidad que apelaría el sobreseimiento de los militares.

Antecedentes

¿Qué pasó entre las 10 de la noche del 2 de noviembre de 1995 y la madrugada del 3, horas antes de que la Fabrica Militar de Río Tercero fuera volada? ¿Quiénes estaban en la planta de cargas en ese momento? Hoy se puede afirmar que el escenario fue preparado o terminó de armarse en esa noche previa, afirma la revista El Sur, de Río Cuarto, Córdoba, con la firma de su periodista Fabián García.
Luis Lagos le dijo al conjuez Diego Estévez, el último martes de noviembre, que los cañones Citer 155 eran del Ejército, que habían sido maquillados en Río Tercero, y luego enviados a Croacia. Lagos junto a Norberto Callejas –ya fallecido—, los dos operarios de la Fabrica Militar de Río Tercero (FMRT), viajaron a los Balcanes a ajustar el funcionamiento de los cañones y enseñarles a los croatas como manejarlos. El hombre que los hizo viajar hasta ese país fue el traficante de armas Diego Palleros, el que vendió armamento y proyectiles al Estado croata.
Argentina envió siete cargamentos a Croacia por vía marítima, por un monto de entre 80 y 100 millones de dólares, aunque Fabricaciones Militares reconoce oficialmente sólo la mitad de esa suma. Esas operaciones ilegales, realizadas gracias a decretos --firmados por el entonces presidente Carlos Menem, el ministro de Defensa, Oscar Camilión, y el canciller, Domingo Cavallo--, que falseaban el destino del material bélico, ocurrieron entre 1991 y 1995.
Todo indica que la causa armas terminará sumándose a la investigación de la voladura de la Fabrica Militar de Río Tercero, porque fallecieron siete personas y hubo más de 300 heridos. Esto lo convierte en el episodio más grave de los dos. La vinculación entre un hecho y otro es muy fuerte: sin la participación del Ejército y Río Tercero, no hubiera sido posible el tráfico de material bélico. Es que los cañones y los proyectiles salieron de batallones, regimientos y arsenales del Ejército, fueron reciclados o actualizados en la fabrica cordobesa, y luego llevados al puerto para su posterior embarque a Croacia. Al menos, funcionalmente, el Ejército, y complementariamente la Dirección General de Fabricaciones Militares (DGFM), estaban bajo la órbita del general Martín Balza, hoy embajador argentino en Colombia. El militar es uno de los que está en la mira de la instrucción, según afirman fuentes judiciales.
Según el Tribunal Oral Federal número 2, la voladura de la planta de cargas –y probablemente los depósitos--, fue ejecutada a través de una serie de explosiones organizadas, simultaneas y dirigidas. En consecuencia, no pudieron haberla hecho otros que no fueran expertos militares. Sobre todo, porque no hay un solo indicio, prueba, o versión en el expediente judicial, ni en la causa armas que se tramita aún en Buenos Aires, ni en los documentos de la Side que liberó el gobierno el año pasado, que indique la presencia de agentes o personas de otro país que pudieran haber ejecutado un atentado en Río Tercero.
El punto es determinar si se trató de un grupo autónomo o con cierta independencia dentro de la estructura militar, o si por el contrario, fue una acción institucional. De los elementos existentes hasta el momento en la instrucción de las dos causas –la de Río Tercero y la de armas—no aparecen todavía datos para concluir en uno u otro sentido. Pero sí puede observarse el comportamiento, el 3 de noviembre de 1995, apenas llegaron a Río Tercero, del presidente Carlos Menem, de Camilión y del mismo Balza. Menem dijo que fue un accidente y reclamó a los periodistas no dudar de esa afirmación. A su vez, Camilión, Balza, ni ningún militar o funcionario del Ministerio de Defensa le preguntaron ese día, al segundo jefe de la unidad, a cargo de la FMRT, el coronel Oscar Nicolás Quiroga, que había pasado allí. En cambio, el Ministerio de Defensa aseguró que la explosión había sido accidental, y que habían fallecido dos operarios que estaban manipulando un explosivo.

La punta del ovillo

Miguel Angel Arias y Gustavo Javier Felici, dos policías que patrullaban en un móvil policial vieron entre las 22.30 y las 23 del día 2, un Ford Falcon de color clarito y una camioneta doble cabina como las que se usan en Fabricaciones Militares. Los vehículos y algunas personas que los rodeaban estaban en dirección a la planta de cargas. Se cree que el Falcon era de un ex empleado de la fabrica, amigo personal de uno de los imputados. Más tarde, ya en la madrugada, Jaquelín Fernández que no podía dormir, escuchó ruidos de tambores y de un camión Mercedes Benz, en esa misma zona. La mujer que es hija de un chapista, vivía muy cerca del perímetro de fabrica, en la primera casa del barrio que está sobre la calle Arenales.
De ese mismo sitio, un suboficial enviado por el subdirector de la Fabrica, Oscar Nicolás Quiroga, le pidió a las nueve y media de la noche, al camionero Sergio Mointgallard que sacara su camión tanque de allí. Lo llamativo es que el hombre durante años lo había dejado estacionado en el mismo lugar y nunca nadie vestido con uniforme le había dicho absolutamente nada.
El jefe de turno, el 2 de noviembre, era el mayor Marcelo Diego Gatto y el de guardia, un capitán de apellido Blúa. Según se pudo comprobar a través de decenas de testimonios, ingresar a la FMRT era imposible si no mediaba una autorización militar. La conclusión es que quienes estaban aquella noche allí, eran militares.

 

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