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@DIN, 13 de
diciembre de 2006 - El primer ministro israelí Ehud Olmert ha lanzado
en Alemania un desafío a la conciencia de la humanidad al reconocer
abiertamente que su país posee bombas nucleares. "Irán ha amenazado abierta,
pública y explícitamente con borrar a Israel del mapa. ¿Puede decirse que se
trata del mismo nivel si ellos aspiran a tener armas atómicas, como las
tienen Estados Unidos, Francia,Israel o Rusia?" indicó Olmert, según
publica hoy la cadena oficial alemana Deutsche Welle. Estas afirmaciones
fueron calificadas por la prensa como "al menos aterradoras", luego de la
horrenda experiencia que vivió el mundo con los genocidios nucleares de
Nagasaki e Hiroshima, en 1945.
Las declaraciones del primer ministro hebreo Ehud Olmert al canal de
televisión alemán Sat.1, emitidas el lunes, en las que reconocía que su país
posee bombas atómicas, ha desatado un intenso debate político. En su propio
país hay quienes acusan al mandatario de haber roto «50 años de ambigüedad»
oficial con respecto a la tenencia de armamento nuclear y quienes reclaman
que, como hicieran en su momento Pakistán o India, se revele de una vez por
todas «el secreto más sagrado de Israel» mediante un test nuclear.
Un secreto que, según los investigadores del Instituto Internacional de
Estudios Estratégicos de Londres (IIES) se estima en la disposición de unas
200 ojivas nucleares, aunque otras fuentes manejan la cifra de hasta 800
artefactos atómicos almacenados en los laberínticos túneles subterráneos
próximos al reactor de Simona, situado en el desierto del Néguev, nunca
reconocidos. Entre otros, para impedir comprometer el apoyo económico de
Estados Unidos -que prohíbe financiar países con armas de destrucción
masiva- y evitar una escalada armamentística en la región.
La insistencia de Olmert repitiendo ayer hasta tres veces en presencia de la
canciller alemana, Angela Merkel, que «Israel no será el primer país en
introducir armas nucleares en Oriente Medio», no conseguía aplacar la
polémica del mensaje televisado. En el que, horas antes, había indicado en
respuesta a una pregunta sobre los planes de Teherán que «Israel es una
democracia y no amenaza a nadie (...). Irán, en cambio, abierta, explícita y
públicamente amenaza con borrar a Israel del mapa ¿Se puede comparar
entonces que (Irán) aspire a tener armas atómicas con Estados Unidos,
Francia, Israel o Rusia? Y Olmert, que en su matización no llegó nunca a
negar con claridad que su país posea bombas nucleares, no convencía también
habida cuenta de que, hace sólo cinco días, el nuevo secretario de Defensa
estadounidense, Robert Gates, rompía el ocultamiento al incluir al Estado
judío entre los países que disponen de arsenal atómico durante un discurso
que ofreció ante la comisión de las fuerzas armadas del Senado
norteamericano.
Varios importantes diputados de la oposición calificaron de incompetente al
político, cuya popularidad ya se vio muy afectada por la guerra en Líbano
este verano, así como de sabotear la campaña israelí con las naciones
occidentales contra su archirrival, Irán.
Desde el Likud, el diputado derechista Yuba Steinitz reclamaba ayer la
dimisión inmediata de Olmert por su exabrupto, mientras que su colega Silvan
Shalom, ex titular de Asuntos Exteriores, acusaba al primer ministro de
causar «un gran daño a Israel» en medio del actual «asalto (diplomático)
contra los intentos de Irán de tener una bomba nuclear». Hasta el espía
Mordechai Vanunu, condenado a 18 años de cárcel por revelar en 1986 a un
diario británico las actividades nucleares militares de Israel, terciaba en
el debate advirtiendo que Olmert «ha dicho lo que todo el mundo sabe». Y
sentenciaba que ha llegado «el momento de reconocer que la política de la
mentira no puede continuar».
La Unión Europea toma distancia
El subsecretario de Relaciones Exteriores alemán, Gernot Erler, indicó que
Alemania tiene claro que "sin iniciativas de desarme de las potencias
atómicas tampoco se podrá recordar permanentemente a Irán los compromisos
derivados del Tratado de No Proliferación".
Por su parte, la presidencia finlandesa de la Unión Europea cree que el
primer ministro israelí, Ehud Olmert, debe precisar sus declaraciones
respecto a las armas nucleares de Israel en las que situó al país en la
misma línea que las potencias nucleares de Francia, Estados Unidos y Rusia.
"Creo que el señor Olmert debería explicar más detalladamente que significa
realmente esta información", señaló el ministro de Defensa finlandés, Seppo
Kääriäinen, en declaraciones que publica hoy el diario alemán "Berliner
Zeitung". "La UE seguirá muy de cerca qué reacción desencadena la
declaración israelí", señaló Kääriäinen, quien manifestó su esperanza de que
"la gestión internacional de la crisis del Líbano comenzada en verano pueda
continuar sin contratiempos". Olmert realizó las polémicas declaraciones
para una cadena de televisión durante una entrevista donde dijo que "¿Se
puede comparar que (Irán) quiera tener armas atómicas como las tiene Estados
Unidos, Francia, Israel y Rusia".
Aunque Olmert matizó luego estas declaraciones, no evitó que se desatara una
fuerte controversia en su país, donde algunos políticos exigieron su
dimisión por haber roto el secretismo de todos los gobiernos israelíes sobre
este asunto.
En una rueda de prensa celebrada ayer en Berlín tras su entrevista con la
canciller alemana, Angela Merkel, Olmert afirmó que "Israel ha dicho muchas
veces que no será el primer país en Oriente Medio en introducir armas
nucleares".
En Alemania, el viceministro de Exteriores Gernot Erler señaló en una
entrevista con la emisora de radio "Südwestrundfunk" que si bien todo el
mundo sabe que Israel tiene armas atómicas, hasta ahora siempre había habido
mutismo oficial israelí.
"No es casualidad" que en las negociaciones con Irán sobre sus ambiciones
nucleares se hable de una zona libre de armas atómicas en Oriente Medio,
señaló Erler para añadir que esta zona "afectaría también a Israel". Para
Alemania está claro que no se puede recordar constantemente a Irán cuáles
son sus compromisos con el tratado de no proliferación nuclear si las
potencias nucleares no están dispuestas a iniciativas de desarme, subrayó el
político socialdemócrata.
Según expertos extranjeros, nunca desmentidos, Israel posee en sus arsenales
entre 200 y 800 artefactos atómicos que pueden ser utilizados por sus
fuerzas militares.
Piden la renuncia de Olmert
La oposición israelí reaccionado con indignación a las afirmaciones
realizadas el lunes y difundida este martes, por el Primer Ministro en las
que admitía la posibilidad de que su país cuente con armas nucleares,
informaron hoy medios israelíes.
El diputado Juval Steinitz, del partido derechista Likud, exigió la renuncia
del jefe del gobierno. A su juicio, Olmert dañó la estrategia política de
Israel de no hablar de la posible posesión de armas nucleares como parte de
una estrategia de disuasión.
Por su parte, el diputado Yossi Beilin, del partido izquierdista Meretz,
dijo que las imprudentes afirmaciones de Olmert rayan la irresponsabilidad.
Beilin puso en duda que Olmert tenga la aptitud para ejercer el cargo de
Primer Ministro.
Por primera vez, Olmert había sugerido en una entrevista concedida el lunes
y difundida este martes, a la emisora televisiva alemana Sat.1 que Israel
cuenta con armas nucleares. Hasta ahora, ningún jefe de gobierno israelí ha
admitido públicamente que su país posea armas nucleares.
En la entrevista, Olmert admitió indirectamente la presencia de armas
nucleares en Israel, al mencionar a su país en relación con una serie de
países que disponen de armas atómicas. Sin embargo, colaboradores de Olmert
aseguraron que las afirmaciones del primer ministro fueron malinterpretadas.
Las desafortunadas declaraciones de Olmert se produjeron a pocos días de que
el entrante Secretario de Defensa estadounidense, Robert Gates, quién
sustituirá a Donal Rumsfeld el 18 de diciembre, especulando sobre los
posibles motivos que posee Irán para la fabricación de armas nucleares,
sugiera que Israel está en posesión de este tipo de armamento.
Al no declararse un Estado dotado de armas nucleares, Israel podía
beneficiarse de la ayuda de Estados Unidos que asciende a 2.000 millones de
dólares anuales. Esta ayuda, que Israel destina principalmente a proveerse
de arsenal militar, está prohibida en Washington para las potencias
poseedoras de armas de destrucción masiva.
La actitud de proteger a Israel por parte de Occidente es una fuente de gran
irritación para Irán y los países árabes, que ven un doble rasero en las
peticiones occidentales para que Teherán admita inspecciones de un programa
nuclear que asegura tiene objetivos civiles.
"Esto (las declaraciones de Olmert) causa un gran daño a Israel. Estamos en
medio de un enorme asalto (diplomático) contra los intentos de Irán de tener
una bomba nuclear", dijo en la Radio del Ejército el ex ministro de Asuntos
Exteriores y miembro del conservador Likud Silvan Shalom.
Aunque varios periódicos israelíes le acusan de haber tenido un "desliz
nuclear", algunos analistas han dicho que Israel, enfrentado a la
perspectiva de un Irán nuclear, puede haber decidido hacer pública su
capacidad "como forma de disuasión".
Hasta ahora las autoridades israelíes no ha querido descartar un ataque
aéreo como el que en 1981 destruyó el principal reactor nuclear iraquí, pero
muchos analistas independientes creen que las instalaciones iraníes son
demasiado numerosas, están muy extendidas y fortificadas para un único
ataque.
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Si
Israel bombardea Irán, EEUU sufrirá las consecuencias
James Petras
Rebelión, 30-12-2005
Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández
La cúpula dirigente político-militar de Israel ha declarado repetida y
abiertamente que están preparados para atacar a Irán por vía militar en un
futuro inmediato. Sus influyentes partidarios en EEUU han convertido la
política de guerra israelí en la prioridad número uno de sus esfuerzos para
asegurar el apoyo de la Presidencia y del Congreso en esa acción. Los
argumentos lanzados por el gobierno israelí, repetidos por sus seguidores en
EEUU, sobre la amenaza nuclear de Irán no responden a realidad ni fundamento
algunos y han provocado oposición y recelos en todos los gobiernos europeos,
en las agencias internacionales, en la mayor parte de los mandos militares
estadounidenses, en la opinión pública, en la industria petrolífera mundial
e incluso en ciertos sectores de la Administración Bush.
Un ataque israelí por tierra y aire sobre Irán tendría consecuencias
militares catastróficas para las fuerzas estadounidenses y graves pérdidas
de vidas humanas en Iraq, pudiéndose asimismo prever estallidos de violencia
militar y política contra los regímenes árabo-musulmanes que siguen a EEUU,
como Arabia Saudí y Egipto, que quizá acaben derrocados. Sin duda alguna,
los preparativos israelíes para la guerra constituyen la mayor amenaza
inmediata para la paz y la estabilidad política mundiales.
Preparativos de Guerra de Israel
Nunca se anunció una guerra inminente con tanta publicidad y descaro como el
próximo ataque militar de Israel contra Irán. Cuando se le preguntó al Jefe
del Estado Mayor israelí, Daniel Halutz, hasta dónde Israel estaba dispuesto
a llegar para parar el programa de energía nuclear de Irán, contestó: “Dos
mil kilómetros” – la distancia de un ataque aéreo (Financial Times, 12
diciembre 2005). De manera más específica, fuentes militares israelíes han
revelado que el actual y probablemente también próximo Primer Ministro de
Israel, Ariel Sharon, ha ordenado a sus fuerzas armadas preparar ataques
aéreos con uranio enriquecido sobre algunas zonas de Irán (Times, Londres,
11 diciembre 2005). Según el Times de Londres, la orden de preparar los
ataques partió del Ministro de Defensa israelí hasta llegar al Jefe del
Estado Mayor. Durante la primera semana de diciembre, “... algunas fuentes,
desde el interior del mando de las fuerzas especiales, confirmaron que se
había anunciado disponibilidad ‘G’ –el dispositivo superior- para llevar a
cabo una operación” (Times, 11 diciembre 2005).
El 9 de diciembre, el Ministro de Defensa israelí, Shaul Mofaz, afirmó que,
en vista de los planes nucleares de Teherán, Tel Aviv “no iba a contemplar
negociaciones diplomáticas sino que iba a preparar otras soluciones”. (La
Jornada, 10 diciembre 2005). A primeros de diciembre, Ahron Zoevi Farkash,
el jefe de la inteligencia militar israelí declaró en el parlamento israelí
(Knesset) que “a finales de marzo, si la comunidad internacional es incapaz
de remitir la cuestión iraní al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas,
podemos decir que los esfuerzos internacionales han agotado sus
posibilidades” (Times, 11 diciembre 2005).
Hablando claro, si las negociaciones diplomáticas internacionales no se
ajustan al calendario de Israel, este país, de forma unilateral, atacará
militarmente a Irán. Benjamín Netanyahu, dirigente del Partido Likud y
candidato a Primer Ministro, declaró que si Sharon no actuaba contra Irán,
“en ese caso, cuando yo forme nuevo gobierno en Israel (tras las elecciones
de marzo de 2006), haremos lo mismo que hicimos en el pasado contra el
reactor de Sadam”. (Times, 11 diciembre 2005). En junio de 1981, Israel
bombardeó el reactor nuclear Osirak en Iraq. Incluso el periódico laborista,
Haaretz, si bien en desacuerdo con el tiempo y lugar de los pronunciamientos
de Netanyahu, estaba conforme con su contenido. Haaretz criticó a “(quienes)
públicamente recomiendan la opción militar israelí…” porque “presenta a
Israel presionando (a través de las poderosas organizaciones pro-Israel en
EEUU) a EEUU para que se lance en pos de una guerra peor”. Sin embargo,
Haaretz añade… “Israel debe continuar haciendo sus preparativos de forma
callada y segura – no mediante un mitin electoral”. (Haaretz, 6 diciembre
2005). La posición de Haaretz, al igual que la del Partido Laborista,
defiende que Israel no debe abogar por la guerra contra Irán antes de que se
celebren negociaciones multilaterales y que la Agencia Internacional de la
Energía Atómica adopte una decisión.
En otras palabras, el “debate” israelí entre las elites no se sitúa entre ir
o no ir a la guerra sino sobre el lugar en el que discutir los planes de
guerra y el calendario para su inicio. De forma implícita, Haaretz reconoce
el papel jugado por las organizaciones pro-israelíes para “empujar a EEUU a
la guerra en Iraq”, insinuando quizá alguna advertencia como resultado de la
creciente oposición en EEUU ante las actividades desarrolladas en el
Congreso por los paladines de “Ante todo, primero Israel” (ver más abajo).
En apariencia, la opinión pública israelí no comparte los planes de su elite
política de atacar militarmente a Irán a causa de su programa nuclear.
Reuters ha informado sobre una encuesta en el periódico israelí Yedioth
Ahronoth (16 diciembre 2005) que muestra que el 58% de los israelíes creen
que la disputa sobre el programa nuclear iraní debería ser abordada a través
del a diplomacia, mientras que sólo un 36% expresaron que sus reactores
deberían ser destruidos con un ataque militar.
Plazo de Israel para la Guerra
Todos los altos mandos israelíes han pronunciado la fecha de finales de
marzo como plazo para lanzar un ataque militar contra Irán. La idea
implícita en esa fecha es la de aprovechar el tiempo que queda para
intensificar las presiones en EEUU y forzar la cuestión de las sanciones en
el Consejo de Seguridad. La táctica es chantajear a Washington con la
amenaza de la “guerra o nada” y presionar a Europa (principalmente a Gran
Bretaña, Francia, Alemania y Rusia) para que aprueben las sanciones. Israel
sabe que sus actos de guerra pondrán en peligro a miles de soldados
estadounidenses en Iraq, y sabe también que Washington (y Europa) no puede
soportar una tercera guerra en este momento. La fecha de finales de marzo
coincide también con la presentación en Naciones Unidas del informe de la
AIEA sobre el programa de energía nuclear en Irán. Los consejeros políticos
israelíes creen que sus amenazas pueden influir en los resultados del
informe o al menos forzar ambigüedades que puedan ser explotadas por sus
seguidores en el exterior para promover sanciones en el Consejo de Seguridad
o justificar las acciones militares de Israel. Fijar una fecha en marzo
sirve también para intensificar en Estados Unidos las actividades políticas
de las organizaciones pro-Israel. Los lobbys más importantes que trabajan
para Israel han logrado alinear a una mayoría de integrantes del Congreso y
del Senado estadounidenses para que presionen en el Consejo de Seguridad de
Naciones Unidas y que éste ponga en marcha sanciones económicas contra Irán
o, en el caso de que esa acción fracasara, para que endosen la acción
“defensiva” de Israel. Miles de grupos comunitarios, locales, nacionales y
personalidades pro-Israel se han movilizado para promover la agenda israelí
en los medios de comunicación y para visitar a tal fin a los representantes
del Congreso. La agenda de guerra también juega a explotar las disputas
tácticas entre los militaristas civiles dentro de la Casa Blanca, entre
Cheney, Bolton y Abrams por un lado y Rice y Rumsfeld por el otro. La línea
Cheney ha apoyado siempre un ataque militar israelí, mientras que Rice
promueve la táctica del “fracaso forzoso” de la vía diplomática europea
antes de emprender una acción decisiva. Rumsfeld, sometido a tremendas
presiones por prácticamente toda la cúpula de oficiales militares, teme que
una guerra israelí acelere el número de bajas militares estadounidenses. Al
lobby pro-Israel le gustaría reemplazar al ultra-militarista Rumsfeld por el
ultra-militarista Senador Joseph Lieberman, un incondicional fanático de
“Ante todo, primero Israel”.
Desacuerdos entre EEUU e Israel sobre una Guerra en Irán
Al avanzar inexorablemente Israel hacia la guerra con Irán, sus disputas con
Washington han salido a la superficie. Los conflictos y ataques mutuos se
extienden a través de las instituciones del estado y del discurso público.
Los partidarios y opositores de la política de guerra de Israel representan
poderosos segmentos de las instituciones del estado y de la sociedad civil.
En el bando de la política de guerra israelí están prácticamente todas las
más importantes y más influyentes organizaciones judías, los lobbys
pro-Israel, sus comités de acción política (PAC, en sus siglas en inglés),
un sector de la Casa Blanca, una mayoría de representantes subvencionados
del Congreso y una serie de dirigentes locales y estatales del partido. En
el otro bando hay sectores del Pentágono, el Departamento de Estado, una
minoría de miembros del Congreso, una mayoría de la opinión pública, una
minoría de judíos estadounidenses (Unión para la Reforma del Judaísmo) y la
mayoría de comandantes militares activos y retirados que están sirviendo o
han servido en Iraq.
La mayor parte de las discusiones y debates en EEUU sobre la agenda de
guerra de Israel han estado dominados por las organizaciones pro-Israel que
se encargan de transmitir las posiciones estatales de este país. El
periódico semanal judío, Forward, informó de una serie de ataques de Israel
contra la Administración Bush por no actuar de forma más agresiva en nombre
de la política de Israel. Según Forward, “Jerusalén está cada vez más
preocupado de que la Administración Bush no esté haciendo lo suficiente para
impedir que Teherán pueda adquirir armas nucleares…” (9 diciembre 2005).
También aparecieron fuertes diferencias durante el diálogo estratégico
semestral entre funcionarios de seguridad israelíes y estadounidenses, en
las cuales los israelíes se opusieron a un cambio de régimen en Siria,
temiendo el advenimiento de un régimen islámico más radical. Los
funcionarios israelíes también criticaron a EEUU por forzar a Israel a
llegar a un acuerdo para abrir el cruce de la frontera de Rafah e invalidar
su dominio absoluto de la economía de Gaza.
Previsiblemente, la mayor organización judía en EEUU, la Conferencia de
Presidentes de las Organizaciones Judías más importantes (CPMAJO, en sus
siglas en inglés) se hizo eco inmediatamente de la línea estatal israelí,
como ha venido haciendo desde que se fundó. Malcolm Hoenlan, Presidente de
la CPMAJO censuró severamente a Washington por el “fracaso para imponer su
liderazgo sobre Irán” y por “comprometerse con Europa” (Forward, 9 diciembre
2005). Siguió atacando a la Administración Bush por no seguir las exigencias
de Israel al retrasar el envío de la cuestión iraní al Consejo de Seguridad
de NNUU. El dirigente de la CPMJO se dirigió a los negociadores franceses,
alemanes y británicos acusándoles de “contemporización y debilidad” y de no
tener “un plan para llevar a cabo una acción decisiva” – es decir, de no
seguir el plan de juego de Israel de ‘o sanciones o bombardeos’.
El papel del AIPAC (American-Israel Public Affairs Committee), de la CPMAJO
y de otras organizaciones pro-israelíes que actúan como correas de
transmisión de los belicosos planes de guerra de Israel resultó evidente en
su condena, el 28 de noviembre de 2005, del acuerdo de la Administración
Bush que permitió que Rusia negociara un plan por el que a Irán se le
permitiría enriquecer uranio bajo supervisión internacional y así asegurar
que su uranio enriquecido no sirva para propósitos militares. El rechazo del
AIPAC a las negociaciones y sus exigencias de confrontación inmediata se
basaban en el retorcido argumento de que eso “facilitaría la búsqueda de
Irán de armas nucleares” –un argumento que se esfuma frente a los bien
conocidos datos proporcionados por la inteligencia (incluida la de Israel),
que indican que Irán tardará al menos entre 3 y 10 años en poder aproximarse
a la producción de armamento nuclear. La transmisión incondicional y carente
de sentido crítico de las exigencias israelíes por parte del AIPAC se
disfraza normalmente con la retórica de los intereses o seguridad de EEUU,
para poder manipular así la política estadounidense. El AIPAC reprende al
régimen de Bush por poner en peligro la seguridad de EEUU. Por confiar en
las negociaciones, el AIPAC acusó a la Administración Bush de “dar a Irán
otra oportunidad para manipular (sic) a la comunidad internacional” y “poner
en grave peligro a los Estados Unidos” (Forward, 9 diciembre 2005).
El principal portavoz estadounidense de Israel se opuso a que el Presidente
Bush diera instrucciones a su Embajador en Iraq, Zalmay Khaklilzad, para
abrir un diálogo con el Embajador de Irán en Iraq. Además, la ‘moderada’
reacción oficial de Israel ante la venta de Rusia a Teherán de misiles de
defensa anti-aéreos por valor de más de mil millones de dólares que podrían
proteger a Irán de un ataque aéreo israelí fue aireada, como era de esperar,
por las organizaciones judías más importantes en EEUU. Sin duda, una razón
importante para que Israel fije un plazo próximo de ataque militar contra
Irán es la de intervenir antes de que este país pueda establecer un nuevo
sistema de vigilancia por satélite y pueda instalar su nuevo sistema de
defensa anti-misiles.
Durante más de una década, la prioridad fundamental para Israel y sus
partidarios estadounidenses ha sido la de presionar a EEUU para que entre en
confrontación con Irán vía sanciones económicas y ataques militares (Jewish
Times/ Jewish Telegraph Agency, 6 diciembre 2005). El AIPAC cree que la
República Islámica supone una amenaza grave para la supremacía israelí en
Oriente Próximo. En consonancia con esa política de forzar la confrontación
EEUU-Irán, el AIPAC, los PAC israelíes y la CPMAJO han logrado alinear con
éxito a una mayoría de integrantes del Congreso para que se enfrenten a lo
que describen como “contemporización” con Irán. Según el Jewish Times (12
junio 2005) “Considerando la batalla política, hay indicios de que el AIPAC
podría reunir fuertes apoyos en el Congreso para que éste presione a la Casa
Blanca y exija sanciones contra Irán”. La congresista Illeana Ros-Lehtinen
(republicana de Florida), que tiene la sospechosa cualidad de ser una
colaboradora de los grupos terroristas del exilio cubano e incondicional
partidaria de la política de guerra de Israel, es presidenta del muy
influyente subcomité para Oriente Próximo de la Cámara del Congreso de EEUU.
Desde esa plataforma ha repetido la línea de la CPMAJO sobre “la
contemporización europea que sirve para armar al régimen terrorista de
Teherán” (Jewish Times, 12/6/05). La sionista cubano-estadounidense se jacta
de que su proyecto de ley de sanciones contra Irán tiene el apoyo del 75% de
los miembros del Congreso y de que está reuniendo a más patrocinadores.
El poder del lobby pro-Israel, que incluye al AIPAC, la Conferencia de
Presidentes, los PAC y cientos de organizaciones locales formales e
informales, se ve incrementado por su influencia y hegemonía sobre el
Congreso, los medios de comunicación de masas, las instituciones
financieras, los fondos de pensiones y las organizaciones fundamentalistas
cristianas. Además de su sucursal en el ejecutivo, su influencia en las
instituciones citadas amplía su poder, más allá de su número, control
directo y representación, hasta instituciones públicas y privadas
estratégicas (lo que en verdad resulta formidable). La relación de logros
aparecida en el “Progress and Policy Report for 2005” del AIPAC -publicados
en su página de internet- incluye entre sus éxitos: la aprobación por el
Congreso de 100 iniciativas legislativas a favor de Israel, 3.000 millones
de dólares de ayuda directa y más de 10.000 millones de dólares en préstamos
avalados, transferencia de la tecnología militar más avanzada a las
corporaciones de exportación de armas de Israel por sumas mil millonarias, y
el alineamiento de votos, en una proporción de 410 a 1, en la Cámara de
Representantes (Congreso), que comprometen y ligan a EEUU con la seguridad
de Israel – según Israel define la cuestión.
El conflicto entre la elite israelí y la Administración Bush debe situarse
en un contexto más amplio. A pesar de los ataques de los partidarios de
Israel a la política estadounidense por su ‘debilidad’ con Irán, Washington
ha actuado tan agresivamente como las circunstancias le permiten. Al toparse
con la oposición europea a una confrontación inmediata (como exigen AIPAC y
los políticos israelíes), Washington apoya las negociaciones europeas pero a
la vez impone condiciones extremadamente restrictivas, a saber, el rechazo
al Tratado de No Proliferación, que permite el uso del uranio enriquecido
con fines pacíficos. El “compromiso” europeo de obligar a Irán a depender en
el proceso de enriquecimiento [del uranio] de un país extranjero (Rusia) no
sólo es una violación de su soberanía, sino que supone un tipo de política
que no se aplica a ningún otro país que utilice energía nuclear. Obviamente,
teniendo en cuenta este inaceptable “mandato”, está claro que el ‘apoyo de
Washington a las negociaciones’ no es más que una estratagema
propagandística para provocar el rechazo iraní, y un medio de asegurar el
apoyo de Europa para que el Consejo de Seguridad decida imponer sanciones a
nivel internacional. Washington no tiene absolutamente ningún precedente al
que acudir para poner objeciones a la venta de Rusia a Irán de misiles de
defensa tierra-aire, ya que es una operación normal en el negocio de
exportación de armas. En cuanto a los encuentros entre Embajadores en Iraq,
EEUU ha logrado un gran éxito al asegurar la cooperación iraní en la
estabilización de su régimen clientelista chiíta iraquí. Irán ha reconocido
al régimen, ha firmado acuerdos de comercio con él, ha apoyado elecciones
dudosas y ha proporcionado a EEUU inteligencia contra la resistencia
sunnita. Teniendo en cuenta sus intereses comunes en la región, era lógico
que Washington tratara de forzar a Irán a una cooperación mayor a través de
discusiones diplomáticas. Es decir, como EEUU trata de retirar sus tropas de
una guerra perdida en Iraq (apoyada sobre todo por el AIPAC y sus socios
organizativos), las organizaciones pro-Israel están presionando mucho para
meter a EEUU en una nueva guerra con Irán. No sorprende que la Organización
Sionista de América (ZOA, en sus siglas en inglés) invitara al más belicoso
de los militaristas estadounidenses en Oriente Próximo, su Embajador ante
las Naciones Unidas, John Bolton, para que fuera el principal orador en su
cena anual de galardonados (ZOA Press Release, 11 diciembre 2005). La ZOA ha
seguido lealmente todos los zigzag de la política israelí desde su fundación
como Estado.
A pesar del casi unánime apoyo y amplia influencia de las organizaciones
judías más poderosas, el 20% de los judíos estadounidenses no apoya a Israel
en su conflicto con los palestinos. Más importante aún, el 61% de los judíos
[de EEUU] casi nunca hablan o defienden a Israel en conversaciones con
gentiles (no judíos) (Jerusalem Post, 1 diciembre 2005). Sólo el 29% de los
judíos son defensores activos de Israel. En otras palabras, es importante
señalar que el grupo de “Ante todo, primero Israel” representa menos de la
tercera parte de la comunidad judía y, por lo tanto, su reivindicación de
hablar en nombre de ‘todos’ los judíos de EEUU es falsa y está
distorsionada. En efecto, hay más oposición ante Israel entre los judíos que
en el Congreso de EEUU. Sin embargo, una vez dicho esto, hay que señalar que
la mayor parte de los judíos críticos con Israel no tienen influencia alguna
en las grandes organizaciones judías ni en el lobby israelí, están excluidos
de los medios de comunicación de masas y a la mayoría le da miedo hablar
claro, y especialmente sobre los preparativos de guerra de Israel contra
Irán. La minoría crítica judía no puede competir con los cinco a ocho mil
millones de dólares que los lobbys pro-israelíes gastan cada año para
comprar los votos en el Congreso.
El Mito de la Amenaza Nuclear Iraní
El Jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa israelíes, Daniel Halutz,
ha negado categóricamente que Irán represente una amenaza nuclear inmediata
para Israel, y mucho menos para EEUU. Según Haaretz (14 diciembre 2005),
Halutz afirmó que a Irán aún le llevaría tiempo poder producir una bomba
nuclear – estimando que podría acontecer entre 2008 y 2015.
Los funcionarios del Partido Laborista israelí no creen que Irán represente
una amenaza nuclear inmediata y sí que el gobierno de Sharon y la propaganda
de guerra del Likud no son más que una estratagema electoral. Según Haaretz,
“funcionarios del Partido Laborista… acusaron al Primer Ministro Ariel
Sharon, al Ministro de Defensa Shaul Mofat y a otros oficiales de defensa de
utilizar la cuestión iraní en sus campañas electorales en un esfuerzo por
desviar el debate público de las cuestiones sociales” (14 diciembre 2005).
En un mensaje dirigido a la derecha israelí, pero igualmente aplicable al
AIPAC y a los Presidentes de las Organizaciones Judías más Importantes en
EEUU, el miembro laborista de la Knesset, Benjamín Ben Eliezer, rechazó la
beligerancia electoral: “Confío en que las próximas elecciones no hagan que
el Primer Ministro y el Ministro de Defensa se desvíen de la política de
gobierno y coloquen a Israel en primera línea de confrontación con Irán. La
cuestión nuclear es una cuestión que debe tratarse a nivel internacional y
no hay razón para que Israel juegue un papel mayor en la misma” (Haaretz, 14
diciembre 2005). Desgraciadamente, el lobby israelí está convirtiéndola en
una cuestión estadounidense y colocando a Washington en primera línea del
frente…
La Invención de la Amenaza Nuclear Iraní
La inteligencia israelí ha informado que Irán ni tiene uranio enriquecido ni
tiene capacidad para producir un arma atómica ni ahora ni en un futuro
inmediato, en contraste con las proclamas histéricas hechas públicas por los
lobbys pro-Israel en EEUU. Mohammad El Baradei, director de la Agencia
Internacional de la Energía Atómica de Naciones Unidas (AIEA), que ha estado
inspeccionando Irán durante años, ha señalado que la AIEA no ha encontrado
prueba alguna de que Irán esté intentando producir armas nucleares. Criticó
los planes de guerra israelíes y estadounidenses de forma indirecta,
advirtiendo que una “solución militar sería completamente absurda” (Financial
Times, 10/11 diciembre 2005).
Más recientemente, Irán, en un movimiento transparente que trataba de
clarificar la cuestión de la utilización futura del uranio enriquecido, “se
mostró dispuesto a aceptar la ayuda estadounidense en la construcción de una
planta de energía nuclear” (USA Today, 11 diciembre 2005). El portavoz del
Ministerio de Asuntos Exteriores iraní, Hamid Reza Asefi, afirmó durante una
conferencia de prensa que “EEUU puede tomar parte en la licitación
internacional para la construcción de una planta de energía nuclear si
respetan los estándares y calidades básicos” (USA Today, 11 diciembre 2005).
Irán también piensa construir otras plantas de energía nuclear con ayuda
exterior. La petición iraní de asistencia extranjera difícilmente puede ser
la estrategia de un país tratando de desarrollar un programa secreto para
construir una bomba atómica dirigida de forma especial contra uno de sus
principales acusadores.
Los iraníes están en un estadio elemental en el procesamiento del uranio, ni
siquiera han llegado a producir uranio enriquecido y les llevará aún una
serie de años superar muchos problemas técnicos antes de poder construir una
bomba. No hay base objetiva para argumentar que Irán representa una amenaza
nuclear para Israel o para las fuerzas estadounidenses desplegadas en
Oriente Próximo.
Los preparativos de guerra de Israel, y los esfuerzos del AIPAC para empujar
a EEUU en la misma dirección basándose en datos falseados, suponen una
reminiscencia de las evidencias manipuladas que se canalizaron hasta la Casa
Blanca a través de la Oficina del Pentágono para Planes Especiales que
encabeza Abram Shumsky y dirigen Douglas Feith y Paul Wolfowitz, ambos
partidarios del Partido Likud desde hace mucho tiempo. Los preparativos de
guerra de Israel no parten de ninguna amenaza nuclear iraní presente o
futura. La cuestión gira alrededor del enriquecimiento futuro del uranio,
que es legal bajo el Tratado de No Proliferación si se usa para producir
energía eléctrica. En la actualidad, Irán está tan sólo en una fase de
conversión del uranio anterior a la del enriquecimiento. Decenas de países
con reactores nucleares usan necesariamente uranio enriquecido. La decisión
iraní de avanzar en el procesamiento de uranio enriquecido es un derecho
soberano de todos los países que posean reactores nucleares en Europa, Asia
y América del Norte.
La manipulación que Israel y el AIPAC llevan a cabo con una vaga formulación
sobre el potencial nuclear iraní es tan imprecisa que podría aplicarse a
decenas de países con un mínimo de infraestructura científica.
El Cuarteto Europeo ha creado un falso problema al evadir la cuestión de si
Irán tiene o no armas atómicas o está fabricándolas, poniéndose a atacar, en
cambio, la capacidad de Irán para producir energía nuclear – es decir, para
producir uranio enriquecido, provocando confusión entre uranio enriquecido y
amenaza nuclear, y entre potencial nuclear y peligro de inminente ataque
nuclear sobre países occidentales, tropas e Israel. Los europeos,
especialmente Gran Bretaña, tienen dos posibilidades en mente: Imponer a
Irán que acepte limitar su soberanía, lo que conllevará que su política
energética no pueda hacer frente a la terrible contaminación de la atmósfera
de sus más importantes ciudades con fuentes de energía más limpias; o forzar
a Irán a rechazar el arbitrario addendum al Acuerdo de No Proliferación y
entonces propagar a los cuatro vientos el rechazo iraní como prueba de la
intención satánica de Irán de crear bombas atómicas para dirigirlas contra
países pro-occidentales. Los medios de comunicación occidentales repetirían
el punto de vista de los gobiernos europeos y estadounidense de que Irán era
responsable de la ruptura de las negociaciones. Los europeos convencerían
entonces a sus opiniones públicas de que, una vez fracasada la “razón”, el
único recurso que queda es seguir a EEUU en su endoso de la cuestión al
Consejo de Seguridad y aprobar sanciones internacionales contra Irán.
EEUU intentaría presionar en ese momento a Rusia y a China para que votaran
a favor de las sanciones o se abstuvieran. Hay razones para dudar de que
ambos países, o alguno de ellos, se avengan a renunciar a las transacciones
comerciales de miles de millones de dólares en petróleo, armas y asistencia
nuclear con Irán. Si intentan conseguir esto y fracasan en el Consejo de
Seguridad, es probable que EEUU e Israel se decanten hacia un ataque
militar. Un ataque aéreo sobre instalaciones nucleares iraníes sospechosas
supondrá bombardear tanto zonas muy pobladas como regiones alejadas,
provocando una pérdida enorme de vidas.
El resultado principal de todo ello será una escalada masiva de la guerra
por todo Oriente Próximo. Es de esperar que Irán, un país de 70 millones de
habitantes, que dispone de un número de fuerzas militares varias veces
superior a las que Iraq poseía, que son tropas militares y paramilitares muy
motivadas y comprometidas, se adentre en ese país. En ese caso no sería
ilógico que los chiítas iraquíes simpatizantes o aliados de Irán rompan sus
lazos con Washington y entren en combate. Los colaboradores, tropas y bases
militares de EEUU podrían sufrir ataques tremendos. Las bajas militares
estadounidenses se multiplicarían. Se verían interrumpidos todos los planes
de retirada de las tropas. La estrategia de ‘iraquización’ se desintegraría,
mientras que las fuerzas armadas chiítas ‘leales’ a EEUU se volverían contra
sus oficiales estadounidenses. Además de esta situación en Iraq, es probable
que en Egipto, Arabia Saudí, Líbano, Jordania, Palestina y Pakistán se
produjeran importantes levantamientos civiles y militares. La conflagración
se extendería más allá de Oriente Próximo, ya que un ataque conjunto israelo-estadounidense
sobre un país islámico encendería protestas masivas por toda Asia. Serían
probables nuevos incidentes terroristas en Europa Occidental, América del
Norte y Australia y en contra de las multinacionales estadounidenses.
Sobrevendría una encarnizada y prolongada guerra, en la que se enfrentarían
70 millones de nacionales iraníes unidos, más millones de musulmanes de Asia
y África, a un aislado EEUU acompañado por sus aliados europeos, que
tendrían que afrontar protestas populares en casa.
Las sanciones sobre Irán no funcionarán, porque el petróleo es un artículo
escaso y esencial. China, India y otros países asiáticos en rápido
crecimiento burlarán el boicot. Turquía y otros países musulmanes no
cooperarán. Numerosas compañías petrolíferas occidentales trabajarán a
través de intermediarios. La política de sanciones está destinada al
fracaso; sólo va a provocar que el aumento del precio del petróleo sea aún
mayor. Un ataque militar israelí o estadounidense causará inestabilidad
política grave y aumentará los riesgos de los productores, exportadores y
compradores de petróleo, elevando el precio del petróleo hasta alturas
astronómicas, alrededor de unos 100 dólares por barril, desestabilizando la
economía mundial y provocando mayor recesión mundial y quién sabe si algo
peor.
Conclusión
El único posible beneficiario de un ataque militar israelí o estadounidense,
o de las sanciones económicas contra Irán, será Israel: le serviría para
eliminar a un adversario militar en Oriente Próximo y consolidar su
supremacía militar en la región. Incluso este resultado sería problemático,
porque no tiene en cuenta el hecho de que el desafío de Irán hacia Israel es
político, no en cuanto a potencial nuclear. El primer objetivo de los
millones de musulmanes que protesten contra la agresión israelí serán los
regímenes árabes más cercanos a Israel. Un ataque israelí supondrá una
victoria pírrica si la previsible conflagración política desestabiliza a los
gobernantes de Jordania, Egipto, Siria y Arabia Saudí. Las consecuencias
serían incluso peores que si atacara EEUU: mayor número de pozos
petrolíferos ardiendo, las tropas estadounidenses en Iraq rodeadas, las
relaciones a largo plazo con los regímenes árabes socavadas, el aumento de
los precios del petróleo, gran número de bajas entre las tropas inflamando
la opinión pública doméstica. Un ataque sobre Irán no será una operación
‘quirúrgica’ ejecutada con limpieza – supondrá una herida profunda directa
hacia la gangrena.
No hay duda de que el AIPAC celebrará “otro éxito” para Israel en su
autocomplaciente informe anual de misiones cumplidas. Los Presidentes de las
Organizaciones Judías Más Importantes de EEUU darán las gracias a sus
obedientes y leales seguidores en el Congreso por aprobar la destrucción de
una ‘amenaza nuclear anti-semita y anti-estadounidense para toda la
humanidad’ o alegarán alguna basura parecida.
Los grandes perdedores de un ataque militar israelo-estadounidense serán los
soldados que hay en Iraq y en otros países del Oriente Próximo, que morirán
y sufrirán mutilaciones; el pueblo de EEUU, que pagará son sangre y déficit
por las nubes; las compañías petrolíferas, que verán sus suministros de
petróleo interrumpidos y sus nuevos contratos mixtos multimillonarios para
la explotación de petróleo minados; los palestinos, que sufrirán las
consecuencias de una mayor represión y desplazamientos masivos; el pueblo
libanés, que se verá implicado a la fuerza en una nueva guerra de fronteras
y los europeos, que tendrán que enfrentar represalias terroristas.
Excepto para el lobby israelí en EEUU y sus bases de partidarios y aliados
judíos estadounidenses entre los Presidentes de las Organizaciones Judías
más Importantes, no hay otros lobbys organizados que estén presionando a
favor o en contra de esta guerra. Las explicaciones rituales culpando al
“todopoderoso petróleo” en cuanto aparece un conflicto en Oriente Próximo
que afecta a EEUU suponen, en este caso, una cuestión falaz que carece de
cualquier fundamento. Todas las evidencias prueban lo contrario – el
poderoso petróleo se opone a cualquier conflicto, ya que éste no hace sino
desbaratar la penetración más importante conseguida en los campos
petrolíferos de Oriente Próximo desde que fueron nacionalizados en la década
de 1970.
La única fuerza política organizada identificable que ha logrado con éxito
penetrar profundamente en el Congreso de EEUU y en sectores del poder
ejecutivo son los lobbys pro-Israel y los PAC. Los principales defensores en
el poder ejecutivo de la política de confrontación están dirigidos por el
miembro ‘neocon’ pro-Israel del Consejo Nacional de Seguridad Elliot Abrams
(criminal absuelto por el Presidente), encargado de la política de Oriente
Próximo, y por el Vicepresidente Cheney. Se puede encontrar una oposición
significativa entre los comandantes de los servicios militares importantes,
que ven con claridad las desastrosas consecuencias estratégicas que esa
política va a suponer para las fuerzas militares estadounidenses, junto a
sectores del Departamento de Estado y de la CIA, que están realmente
preocupados por los funestos resultados de apoyar la búsqueda de Israel de
una incontestable supremacía regional.
El problema es que no hay un liderazgo político que se oponga al lobby
guerrero pro-Israel ni en el interior del Congreso ni siquiera en la
sociedad civil. Hay pocos grupos organizados, si es que existe alguno, que
puedan enfrentarse a la posición de guerra israelí y que puedan trabajar
para la coexistencia en Oriente Próximo, o incluso que puedan defender los
intereses nacionales de EEUU cuando divergen de los de Israel. Aunque hay
numerosos ex diplomáticos, generales, funcionarios de inteligencia, Judíos
Reformados, consejeros de Seguridad Nacional retirados y profesionales del
Departamento de Estado que han denunciado públicamente la agenda de guerra
con Irán, e incluso criticado a los lobbys de “Ante todo, primero Israel”,
sus declaraciones en algunos periódicos y medios no han sido apoyadas por
ninguna organización política nacional que pueda competir con aquéllos en su
influencia en la Casa Blanca y en el Congreso. Como estamos cada vez más
cerca de una confrontación grave con Irán y los funcionarios israelíes están
fijando fechas a corto plazo para provocar una conflagración por todo
Oriente Próximo, parece que estamos destinados a aprender, a partir de las
futuras pérdidas catastróficas, que los estadounidenses tenemos que
organizarnos para derrotar a los lobbys políticos cimentados sobre lealtades
exteriores.
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