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@DIN, 21 de
diciembre de 2006 - El presidente estadounidense, George W. Bush, admitió
que sus fuerzas armadas "no están ganando la guerra en Iraq", realidad que
pretendió variar con el envío de más tropas, destacño el diario
norteamericano The Washington Post.
"No estamos ganando, pero tampoco estamos perdiendo", alegó Bush en
entrevista exclusiva con el rotativo, con un giro idiomático muy propio del
gobernante.
Bush, quien hasta hace muy poco aseguraba que triunfaba en el país árabe y
se negaba a nuevos despliegues de uniformados, en sus declaraciones al Post
dijo "me inclino a creer que sí necesitamos aumentar nuestras tropas, el
Ejército, los Marines".
El mandatario precisó que abordó el asunto con el estrenado secretario de
Defensa Robert Gates, quien -según él- va a dedicar un tiempo a hablar con
la cúpula del Pentágono, y "volverá con una recomendación para mí sobre cómo
seguir adelante con esta idea".
Bush señaló que estudia aumentar el número de soldados norteamericanos en
Bagdad durante un período limitado, con la intención de atajar las acciones
de los grupos insurgentes sunitas y las milicias chiítas.
La intención de la Casa Blanca es enviar entre 15 mil y 30 mil efectivos,
como refuerzo a la seguridad de la capital iraquí, donde el Pentágono
mantiene unos 17 mil hombres.
El contingente total de soldados estadounidenses dislocados en Iraq asciende
a unos 150 mil soldados.
Este martes, el propio diario The Washington Post informó que la estrategia
de nuevos refuerzos es cuestionada por la cúpula militar del Pentágono.
Fuentes citadas por el rotativo aseguraron que el aumento de la cifra de
uniformados es rechazada por el Estado Mayor Conjunto, cuya jefatura teme
que nuevos despliegues no ayuden al logro de los objetivos que Estados
Unidos persigue a largo plazo en el país árabe.
En opinión de los generales, es probable que un incremento de tropas termine
por favorecer a la insurgencia.
El Ejército estadounidense cuenta con 500 mil efectivos, cifra que dentro de
uno o dos años podría aumentar en 70.000.
Esa agrupación calcula en mil 200 millones de dólares el costo de cada 10
mil soldados adicionales y estima que para su reclutamiento y formación se
tardaría más de un año.
Una expansión de las fuerzas aceleraría los ya crecientes gastos de guerra.
La Administración Bush bosqueja un pedido extra de 100 mil millones de
dólares para los despliegues en Iraq y Afganistán, adicionales a los 70 mil
millones ya aprobados para el año fiscal 2007.
Hace tan sólo dos meses Bush aseguraba que "sin duda alguna, estamos
ganando" en Iraq y en la entrevista matizó que esa afirmación, del pasado 25
de octubre, "fue una expresión de mi convicción de que vamos a ganar”.
Opinión
Milagro
de Dios
José Luis Peñalva
El Correo Digital
Alava, España
Siempre me dije: Ese hombre es un santo. Un poco lento de reflejos, cierto,
pero pertenece a esa generación de nuevos cristianos que consideran las
cosas terrenales como un negociado divino, y que al Altísimo no se le puede
defraudar. A Bush le ocurre lo que a los cirujanos, que juegan con la vida
humana y eso apareja un plus de responsabilidad y de riesgo. Así que por lo
que se ha visto en su diáfana trayectoria, su modestia le impone reconocer
el error. Doucement, que dirían los franceses. El presidente del mundo
reconoce que la cosa de Irak no va bien. Y tiene su mérito, como digo,
porque hace escasas semanas afirmaba que las cosas iban viento en popa y la
victoria era una jarro de miel que apuraría hasta el fondo. Cualquier
descreído hubiera pensado que dejar la bebida conduce a estas alucinaciones.
Pero yo me inclino más bien a sospechar que no es el maldito cariñena quien
se apodera de él, como en 'La venganza de don Mendo', sino a lo sumo la
información tendenciosa, falsaria y desorientadora de los servicios
secretos. Se les animó en su día a falsificar pruebas sobre la existencia de
armas de destrucción masiva para acometer la guerra de Irak y hacen mangas y
capirotes. En realidad a Bush le ocurre como al subcomandante Marcos, que le
puede la poesía. Diseña un paraíso en donde los ríos cristianos son de
petróleo en contraposición a los musulmanes por los que discurre leche y
miel, y nadie le comprende.
El hombre que, como reiteradamente ha reconocido, habla con Dios, tiene
derecho al milagro. Es Yavé quien hace caer del caballo a Yago y éste se
hinca de hinojos y reconoce su pecado de soberbia. De un tiempo a esta parte
Estados Unidos es Lourdes. Parece como si todos los políticos hubiesen, de
pronto, recobrado la consciencia. Sale de su catalepsia hasta Powell, que
puso las primeras trampas para atrapar al zorro (Sadam) y ha sido iluminado
por el Espíritu Santo. Así cuando dice que la situación de Irak es «grave y
sigue deteriorándose» y reconoce que «lo que ocurre en Irak es una guerra
civil y nada indica que vaya a mejorar» o aquello: «no veo cómo el Ejército
de Estados Unidos pueda desempeñar un papel útil...» Todo pertenece al hecho
extraordinario del milagro.
A la luz del mundo, llamada Bush, se ha visto también cómo no hay
suficientes soldados para domar el potro desbocado. Así que piensa George W.
mandar más. Que Irak parezca West Point. Con el nuevo tiempo que anuncia el
recién estrenado jefe del Pentágono, Robert Gates, hay que inundar aquello
de oficiales y caballeros. No ganarán la guerra, pero a lo mejor los malos
se cansan y se duermen. El general Schwarzkopf, victorioso en la primera
guerra de Irak para el viejo Bush, dijo al poco tiempo de iniciarse la
invasión que él había dispuesto de medio millón de hombres frente a los
ciento y pico mil que se mandaban a la conquista y para defender las
posiciones en la posguerra. Schwarzkopf era un visionario que acabó dejando
el Ejército para dedicarse a sus negocios. Estoy seguro de que muchos
agnósticos, como yo mismo, recuperaremos desde hoy mismo nuestra fe. En
cuanto a mi punto de vulgar pragmatismo, del que abjuro, me permito
solicitar lo que ayer recomendaban las autoridades chinas: Incinerar a los
muertos para aprovechar el espacio. Como en Vietnam.
Información relacionada
La
ocupación estadounidense de Iraq
Anthony Arnove
CounterPunch
Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández
La tragedia desencadenada por la invasión y ocupación estadounidense de Iraq
desafía cualquier capacidad de descripción. Según los descubrimientos más
recientes de la revista médica Lancet, la cifra de “exceso de muertes” en
Iraq desde la invasión es de más de 650.000 personas. Según Refugee
International, “Iraq supone la crisis más terrible (y sigue agravándose) de
refugiados en el mundo”: casi dos millones de iraquíes han huido del país y
al menos 500.000 se han desplazado a nivel interno. “Un galón de gasolina
costaba sólo 4 céntimos en noviembre. Ahora, una vez que el FMI presionó al
Ministro del Petróleo para que cortara los subsidios, el precio oficial es
de unos 67 céntimos”, señala el New York Times. “La veloz subida ha supuesto
un trauma para los iraquíes, que consiguen salarios de tan sólo unos 150
dólares de media al mes, si es que tienen algún trabajo”, un matiz muy
importante, ya que la tasa de desempleo nacional fluctúa entre el 60-70%.
Octubre de 2006 demostró ser el mes más sangriento de toda la ocupación, con
más de 6.000 civiles asesinados en Iraq, la mayor parte de ellos en Bagdad,
adonde, desde el mes de agosto, se han enviado miles de soldados más con el
pretexto de restaurar el orden y la estabilidad de la ciudad, aunque no han
hecho sino crear más violencia. El investigador especial de Naciones Unidas,
Manfred Nowak, señala que en Iraq el problema de “la tortura se escapa de
todo control”. “La situación es tan mala que mucha gente dice ahora que se
está mucho peor que en tiempos de Sadam Husein”. El número de soldados
estadounidense muertos es actualmente superior a los 2.900, con más de
21.000 heridos, muchos de ellos de gravedad.
La tendencia subyacente es clara: para la mayoría de los iraquíes, la vida
empeora con cada nuevo día de ocupación. En vez de contener la guerra civil
o el conflicto sectario, la ocupación está incitándolos más. En vez de ser
una fuente de estabilidad, la ocupación es la mayor fuente de inestabilidad
y caos.
Todas las razones que EEUU está alegando para no retirar sus tropas de Iraq
son falsas. La realidad es que las tropas se están quedando en Iraq por
muchas y diferentes razones de las que tratan de vender las elites políticas
y un todavía servil establishment de prensa: Se están quedando para salvar
la cara de una elite política estadounidense a la que le importan un comino
tanto las vidas de los iraquíes como la de sus propios soldados; para
conseguir el objetivo de convertir a Iraq en un fiel estado clientelista
situado estratégicamente cerca de los recursos energéticos más importantes y
de las rutas de transporte entre Oriente Medio, hogar de las dos terceras
partes de las reservas petrolíferas del mundo, y el Asia Central y
Occidental; para servir como base para la proyección del poder militar
estadounidense en la región, especialmente con el creciente conflicto entre
USA e Irán; para mantener la legitimidad del imperialismo estadounidense,
que necesita el pretexto de una guerra global contra el terror para
justificar nuevas intervenciones militares, para ampliar los presupuestos
militares, para seguir concentrando el poder en el ejecutivo y para
restringir las libertades civiles. El ejército estadounidense no invadió y
ocupó Iraq para extender la democracia, comprobar la proliferación de armas
de destrucción masiva, reconstruir el país o detener la guerra civil. De
hecho, las tropas permanecen aún en Iraq para impedir la autodeterminación y
democracia genuina para el pueblo iraquí, que ha dejado muy claro que quiere
que las tropas estadounidenses salgan de Iraq de inmediato; que se siente
menos seguro como consecuencia de la ocupación; que piensa que la ocupación
está incentivando, no suprimiendo la lucha sectaria; y que apoya los ataques
armados contra las tropas ocupantes y las fuerzas de seguridad iraquíes, que
no son vistas como independientes sino como colaboradoras con la ocupación.
No es sólo el pueblo iraquí el que se opone a la ocupación de su país y
quiere que las tropas se vayan. Una clara mayoría del pueblo estadounidense
ha expresado el mismo sentimiento en las encuestas más importantes que se
han llevado a cabo y en los resultados de las elecciones legislativas, que
inclinó a ambas cámaras del congreso y a la mayoría de los gobiernos de los
diferentes estados hacia los demócratas, en un voto claro contra la
arrogancia imperial del enfoque “de mantenerse firme en el mismo camino” de
Bush. La gente no votó para que se concediera más dinero al Pentágono (como
el líder entrante de la mayoría en el Senado, Harry Reid de Nevada, prometió
de inmediato, anunciando un plan para llevar 75.000 millones de dólares más
al Pentágono), por una mayor “supervisión” de la guerra (la palabra más
usada por los demócratas estos días), o para enviar más tropas (como el
representante demócrata de Texas Silvestre Reyes, el presidente del Comité
de Inteligencia de la Cámara, ha pedido), sino para empezar a traer las
tropas a casa. Una clara mayoría de las tropas estadounidenses en servicio
quiere lo mismo, como una muy ignorada encuesta del Zogby International
averiguó a principios de 2005: que un 72% de sus componentes quería que
estuviéramos fuera de Iraq a finales de 2006.
Pero la respuesta de Bush al clamor popular de oposición a la guerra, que le
ha llevado no sólo al revés que le han supuesto las elecciones legislativas
sino incluso a una mayor erosión de los ya abismales índices de aprobación
de su gestión (sólo un 27% aprueba cómo ha manejado la guerra), ha
consistido en insistir en que el sol todavía gira alrededor de la tierra.
“¡Desde luego que estamos ganando!”, dijo Bush a los periodistas. “Sé que se
especula mucho que esos informes en Washington significan que va a haber
algún tipo de salida elegante de Iraq”, dijo Bush. “Ese enfoque de una
salida honrosa de Iraq sencillamente no es en absoluto realista”, añadió.
“Vamos a permanecer en Iraq hasta que terminemos el trabajo”. En una línea
parecida, el Vicepresidente Cheney dijo: “Sé lo que el Presidente piensa. Sé
lo que pienso yo. Y no estamos buscando una estrategia de salida. Estamos
buscando la victoria”.
Tras las elecciones a medio plazo, Bush se vio forzado a deshacerse de su
muy impopular secretario de defensa, Donald Rumsfeld, pero nombró en su
lugar a alguien que es poco probable que contemple algún cambio fundamental
en la estrategia de EEUU. Robert Gates, un antiguo elemento de la CIA, es un
ferviente Guerrero de la Guerra Fría que defendía, entre otras políticas
iluminadas, el bombardeo de los sandinistas en Nicaragua por atreverse a
desafiar el orden corrupto de los dictadores de los escuadrones de la muerte
en Latinoamérica. Bush dejó caer también al embajador ante las Naciones
Unidas, John Bolton, un hombre que representa todo lo que el mundo odia de
la política exterior estadounidense actual.
Quizá lo que resulta más significativo, a la vista del fracaso en Iraq, es
que el Congreso recurriera a la vieja estrategia de poner en manos de un
grupo de “hombres sabios” el intento de encontrar una salida a una guerra
fracasada, convocando al Grupo de Estudio para Iraq (ISG, en sus siglas en
inglés), formado por el componedor de entuertos de la familia Bush James
Baker III, el anterior congresista por Indiana Lee Hamilton, y otras figuras
del establishment de la política exterior con poco o ningún conocimiento de
Iraq. La comisión no iba nunca a abogar por un cambio radical de la política
estadounidense en Iraq, pero incluso así, Bush, desde el principio, no quiso
comprometerse, estableciendo dos comités militares internos diferentes para
que hicieran sugerencias a la Casa Blanca sobre los próximos pasos a dar en
Iraq (además, había supervisado una operación de inteligencia aparte para
crearan una evidencia que sería utilizada en primer lugar para vender la
invasión). En efecto, cuando los hallazgos del informe se publicaron el 6 de
diciembre, Bush se distanció inmediatamente de sus muy limitadas
recomendaciones. Como señaló el New York Sun: “Con escasas 24 horas, el
bipartidista informe ha sido colocado en una estantería alta para que se lo
coma el polvo, su principal función ha sido la de apagar el sofoco del
presidente durante un tiempo para permitirle recuperar firmeza ante la
prensa” y seguir con el mismo rumbo anterior. Bush rechazó de inmediato el
llamamiento del informe a negociar con Irán y Siria, el Wall Street Jornal
informó: “Un alto oficial de la administración dijo que la Casa Blanca no se
sentía vinculada al informe y que es poco probable que se pongan en marcha
sus recomendaciones, especialmente las que piden un encuentro diplomático
con los adversarios de EEUU: Siria e Irán”. Además, “la Casa Blanca ha
rechazado numerosos llamamientos para corregir el curso de los
acontecimientos en Iraq, insistiendo en que se mantendría indefinidamente la
actual cifra de personal militar en Iraq”.
Pero aunque la administración Bush tratara de poner en práctica de inmediato
todas las recomendaciones del informe del ISG, sería sólo una fórmula para
más muertes, desplazamientos y desesperación. El informe del ISG rechaza
explícitamente fijar cualquier directriz o calendario de retirada, afirma la
necesidad de una “presencia militar considerable en la región, con todas
nuestras aún importantes cifras de fuerzas en Iraq y con nuestros poderosos
despliegues aéreos, navales y terrestres por Kuwait, Bahrein y Qatar, así
como un aumento de la presencia en Afganistán” para años venideros, y
básicamente más de lo mismo de la Doctrina Bush de “cuando los iraquíes se
hagan cargo, nosotros nos retiraremos”, es decir “iraquización” del
conflicto, al igual que se presentó en su día la “vietnamización” como la
solución para Vietnam.
Merece la pena revisar brevemente las diversas opciones que están siendo
ahora consideradas por la administración Bush, ninguna de las cuales ofrece
ninguna alternativa real:
A corto plazo, envío de más tropas
La idea de que enviando más tropas se proporcionará estabilidad y mejorará
la situación en Iraq ignora el hecho de que EEUU es la principal fuente de
violencia e inestabilidad. Más tropas engendran a la vez más oposición y más
violencia sectaria. Michael Schwartz observa: “En lugar de entrar en una
ciudad en la que reina la violencia y restaurar el orden, [las fuerzas
estadounidenses] entran en una ciudad relativamente tranquila y crean
violencia. El retrato exacto de esta situación es que las ciudades de mayor
hostilidad anti-estadounidense, como Tal Afar y Ramada, han quedado por lo
general razonablemente en paz en cuanto las tropas estadounidenses se van de
allí”. Incluso el ISG señala que la “Operación Juntos Adelante II”, por la
que miles de soldados estadounidenses se desplegaron desde otras zonas hasta
Bagdad en agosto de 2006, consiguió todo lo contrario del objetivo
declarado: “Los índices de violencia en Bagdad, que ya alcanzaban niveles
elevados- saltaron a más del 43% entre el verano y octubre de 2006”.
Schwartz señala también el proceso a través del que una mayor presencia de
tropas de combate estadounidenses no haría más que exacerbar la violencia
sectaria:
“Las patrullas estadounidenses por las barriadas chiíes inmovilizan a las
defensas locales y hacen que la comunidad sea más vulnerable ante los
ataques yihadistas; aunque las invasiones estadounidenses en las comunidades
sunníes son aún más lesivas. No sólo inmovilizan a las fuerzas locales de
defensa, sino que casi siempre implican la irrupción de unidades del
ejército iraquí, compuestas fundamentalmente de soldados chiíes (ya que el
ejército formado por los estadounidenses es mayoritariamente chií). Esto
provoca violencia en forma de combates entre los militares chiíes (así como
las milicias chiíes infiltradas en las fuerzas policiales) y los
combatientes de la resistencia sunní que defienden sus comunidades. Estos
ataques generan una inmensa amargura entre los sunníes, que les ven como
parte del intento chií de utilizar al ejército estadounidense para
conquistar e inmovilizar a las ciudades sunníes. La consecuencia es un
aumento de nuevos yihadistas ansiosos de venganza sacrificando sus vidas
mediante actos terroristas o con ataques del estilo de los escuadrones de la
muerte contra las comunidades chiíes, quienes, a su vez, impulsan a los
escuadrones de la muerte chiíes en un ciclo intensificado de brutal
violencia.
Además, los EEUU no pueden añadir más tropas sin forzar a un ejército ya muy
agobiado y sin tener que acudir a un mayor uso de medidas de reclutamiento
por la puerta de atrás que van a provocar más oposición, en EEUU y entre los
militares, a las ocupaciones de Iraq y Afganistán, ésta última otra
ocupación fracasada.
Nos retiraremos en cuanto puedan arreglárselas solos
La idea de que puede mejorarse el entrenamiento de las tropas iraquíes, una
importante recomendación del informe ISG, da a entender que hay una solución
técnica que EEUU debe afrontar en Iraq. Pero la razón de la resistencia a la
ocupación estadounidense es política. Mientras EEUU continúe como poder
ocupante, la policía y el ejército seguirán siendo considerados ilegítimos y
colaboradores. Mientras tanto, los grupos de la resistencia en Iraq, que no
se enfrentan a problemas de entrenamiento de ese tipo, están llevando a cabo
cada vez más operaciones sofisticadas, que incluyen combates militares
directos con las tropas estadounidenses, por la sencilla razón de que sus
combatientes están políticamente motivados y tienen un objetivo definido que
cuenta con amplios apoyos.
Involucrar a Irán y a Siria
La idea subyacente en esta estrategia, otra idea central importante del
informe del ISG, es que el núcleo de la resistencia a la ocupación
estadounidense es más exterior que indígena, al igual, como hemos dicho, que
se empeñaban en defender que la resistencia popular de los vietnamitas ante
el terrorismo de estado estadounidense estaba dirigida por Moscú y Pekín.
Con ese ilusorio punto de vista, Irán y Siria, y grupos tales como al-Qaeda
y Hizbollah, son la fuente de la violencia en Iraq. Esta teoría sin base
alguna lleva entonces a la igualmente idea sin base de que EEUU estabilizará
de alguna forma Iraq mediante conversaciones con dos gobiernos que se ha
comprometido a derrocar. Como observa el Financial Times, hay pocas razones
para pensar que Bush “estaría deseando seguir consejos que contradicen su
profundamente arraigada creencia de que EEUU no debería hablar con Irán o
Siria” porque si lo hace estaría “recompensando la mala conducta”. Bush ha
dicho repetidamente que una precondición para hablar con Irán es la
suspensión del programa de enriquecimiento nuclear legal del país, algo que
Irán no tiene razón alguna para aceptar en busca de avances en las
negociaciones. En cualquier caso, incluso si tuvieran lugar las
negociaciones, Irán y Siria no son los dueños de los sucesos en Iraq, que
están siendo impulsados por la política interna y por las dinámicas de la
ocupación estadounidense.
Retirada gradual
Las propuestas de retirada gradual sin calendario son una fórmula ideal para
que prosiga un horizonte infinitamente en descomposición. La idea tras la
retirada gradual fue situada con bastante precisión, y cinismo, por Donald
Rumsfeld en un memorando secreto escrito el 6 de noviembre y que fue
filtrado, justo unos cuantos días antes de su dimisión: “Refundir la misión
militar estadounidense con los objetivos estadounidenses (cuando hablemos de
ellos) para que aparezcan de forma minimalista. Es decir, cambiar la
retórica mientras se rebajan las expectativas pero persiguiendo los mismos
objetivos. Anunciar que cualquier nuevo enfoque que EEUU decida lo llevará a
cabo durante un período de prueba. Esto nos proporcionará capacidad para
reajustarnos y situarnos en otra dirección, si fuera necesario y, de esta
forma, ‘no perder’”.
Reorganización
Una palabra que parece haberse puesto de moda actualmente en las discusiones
sobre la ocupación de Iraq, especialmente entre los demócratas, es la de
reorganización. El 14 de noviembre de 2006, el Senador Russ Feingold, el
representante demócrata de Wisconsin, considerado como la extrema izquierda
entre los funcionarios electos del partido, introdujo un proyecto de ley
“pidiendo el repliegue de las fuerzas estadounidenses de Iraq a partir del 1
de julio de 2007”. Pero el mismo plan pide mantener las tropas en Iraq. “Mi
legislación permitiría que un mínimo nivel de fuerzas estadounidenses
permanecieran en Iraq para llevar a cabo actividades de contraterrorismo,
para entrenar a las fuerzas de seguridad iraquíes y para proteger las
infraestructuras y personal estadounidense”. Es decir, previsiones de
reorganización de bases, tropas y ocupación estadounidenses, en el sentido
de cambiar a algún personal a otras bases militares en la región –de donde
pueden ser movilizadas con rapidez para atacar cuando sea necesario- y, muy
probablemente, trasladar el peso mayor de la situación al poder aéreo en
Iraq y en la región para proseguir con los objetivos imperiales
estadounidenses.
Partición
Un plan que el ISG no recomendaba y que Bush también ha criticado pero que
sigue representando una posibilidad real si la crisis en Iraq sigue
agravándose, es el de la partición. El deterioro de la situación sobre el
terreno ha animado a algunos analistas y políticos –incluido el recién
llegado demócrata Joseph Biden, el presidente del poderoso Comité de
Relaciones Exteriores del Senado- a pedir el desmembramiento de Iraq en tres
países independientes o en tres territorios relativamente autónomos dentro
de un estado más o menos federado. Sin embargo, una división tal de Iraq
sólo podría lograrse mediante limpieza étnica masiva. La mayor concentración
urbana de kurdos no está en la zona norte, que probablemente conformaría un
futuro estado o enclave kurdo, sino en Bagdad. La mayoría de las ciudades
descritas por los periodistas como “bastiones sunníes” o “municipios chiíes”
tienen poblaciones mezcladas con minorías importantes de sunníes, chiíes,
turcomanos, kurdos o asirios. Además, cualquier estado predominantemente
sunní en el centro y oeste de Iraq que emergiera de una división tripartita
del país se vería significativamente empobrecida comparada con sus ricos
vecinos en petróleo del sur y del norte.
El puño de hierro
Otra opción –una que tiene una larga historia en Iraq y en los residuos que
quedan de Oriente Medio- apoya un nuevo “puño de hierro”. Elliot A. Cohen,
Robert E. Osgood, profesor de Estudios Estratégicos en la Escuela de
Estudios Internacionales Avanzados de la Universidad John Hopkins, sugiere
que “una junta de militares modernizadores podría ser la única esperanza
para un país cuya cultura democrática es frágil y cuyos políticos son o
corruptos o incapaces”, una narrativa que va ganando mucho más popularidad
en el establishment de la prensa y entre los expertos y políticos que buscan
una explicación para el desastre de Iraq y que evitan mirar hacia las
verdaderas causas del mismo. Esto supone la reforma de una vieja idea -un
régimen tipo Sadam pero sin Sadam- que devino imposible tan pronto como la
administración Bremer desmanteló el ejército de Iraq y el partido Baaz, la
única base política y administrativa sobre la que una dictadura así podía
haber llegado a establecerse.
Expansión
A pesar de las recomendaciones del ISG de negociaciones directas con Irán y
Siria, y la cautela de Robert Gates y otros sobre los escollos de atacar
militarmente a Irán, la amenaza de que EEUU expanda la guerra de Iraq a
otras zonas sigue siendo muy real. En el verano de 2006, Washington
patrocinó la desastrosa y sangrienta invasión israelí del Líbano, esperando
conseguir alguna ventaja táctica en la región y, por lo tanto, en Iraq. La
apuesta fracasó de forma miserable, pero algunos sienten que tal apuesta es
necesaria. Como Seymour Hers escribe en el New Yorker: “En la Casa Blanca y
en el Pentágono hay muchos que insisten en que ponerse duros con Irán es la
única forma de salvar Iraq. Es un caso de ‘seguir adelante con el fracaso’”,
dijo un asesor del Pentágono. “Creen que cayendo ahora sobre Irán van a
recuperarse de sus pérdidas en Iraq, como si doblaran la apuesta”.
Cualquiera que sea el nuevo plan de Bush para Iraq, es probable que se
produzca un choque importante de expectativas si los demócratas fallan a la
hora de lanzar un desafío real a la guerra. La nueva portavoz del Congreso,
Nancy Pelosi, hizo hincapié en el “bipartidismo” en el momento en que se
anunciaron los resultados, añadiendo que el impeachment de Bush estaba
“fuera de lugar”. Pelosi y el nuevo líder de la mayoría en el Senado, Harry
Reid, dijeron también que iban a eliminar la posibilidad de que, con el
mayor poder que tienen los demócratas en el Congreso, se pudieran cortar los
fondos para prolongar la ocupación. Como Alexander Cockburn escribió en la
Nation: “Ese es el papel que tienen las elecciones en las democracias
occidentales bien dirigidas: recordarle a la gente que las cosas no
cambiarán, realmente, en absoluto. Y, por supuesto, nunca para mejor. Pueden
poner su reloj en hora a la velocidad con la que la nueva panda reduce sus
expectativas y anuncia Lo Que No Va a Hacerse”.
Fuera ya
En efecto, la única opción que se ha quedado fuera de la mesa en Iraq es la
única sensata: retirada completa e incondicional inmediata, seguida por
indemnizaciones al pueblo iraquí por los daños masivos que la ocupación -y
las anteriores sanciones, las Guerras del Golfo y de Irán-Iraq y los años de
apoyo a la dictadura- han causado. Según el New York Times, “En la cacofonía
de los planes en competición sobre qué hacer con Iraq, una realidad parece
ahora clara: a pesar de la victoria demócrata en una elección considerada
como un referéndum sobre la guerra, la idea de una retirada rápida de tropas
estadounidenses está desapareciendo velozmente como opción viable”.
El debate actual en Washington se refiere en gran medida a tácticas, no a
estrategia o a principios. De hecho, el único debate sobre principios que
está teniendo lugar es uno de corte racista: cada vez más “expertos”
cuestionan ahora si la locura de Bush estuvo en pensar que podría llevar la
democracia a los árabes o musulmanes, quienes, como ya se ha dicho, “no
tienen tradición de democracia”, pertenecen a una “sociedad enferma” o una
“sociedad rota”. En un discurso muy aclamado, Barack Obama, la gran
esperanza de los demócratas, expresó sus críticas a la política de la
administración Bush diciendo que no debería haber más mimos” para el
gobierno iraquí: los EEUU “no se van a mantener al lado de ese país
indefinidamente”, explicó, añadiendo que: “Deberíamos ser más modestos en
nuestra creencia de que podemos imponer la democracia”. Richard Perle,
anterior presidente del Comité Asesor de la Junta de Política de Defensa del
Pentágono, uno de los principales neocon entusiastas de la invasión de Iraq,
al explicar por qué las cosas habían ido en forma tan distinta a sus
gloriosas predicciones, dice ahora que “subestimó la depravación de los
iraquíes”. Y el informe del ISF reprocha que “el pueblo iraquí y sus
dirigentes son muy lentos a la hora de demostrar su capacidad o voluntad
para actuar” y, por tanto, los EEUU “no deben asumir un compromiso abierto”
ante ellos. Es decir, culpan a la víctima. Como Sharon Smith escribió en
CounterPunch: “En unas cuantas semanas, el ‘consensus’ de Washington ha
reescrito la historia de la invasión estadounidense de Iraq, como si los
iraquíes hubieran invitado a EEUU a invadir su nación soberana en 2003 y no
estuvieran ahora a la altura a la hora de cerrar el trato”.
Como la crisis en Iraq se extiende, podemos esperar que estas
argumentaciones obtengan aún más peso, proporcionando más tapadera aún a los
objetivos reales de EEUU en Oriente Medio.
La tragedia que se extiende por Iraq está aún lejos de su final. En el Acto
I de la tragedia, nos dijeron que Washington invadiría Iraq para derrocar la
dictadura, instalar un gobierno clientelista estable y entonces cambiar
radicalmente los equilibrios de poder en Oriente Medio, marchando desde
Bagdad para enfrentarse a los regímenes de Irán y Siria. Con ese sueño hecho
jirones, los EEUU comenzaron el Acto II: la manipulación de las divisiones
sectarias en Iraq para formar un gobierno de coalición chií y kurdo que
aislaría a los sunníes (aunque se buscaría cooptar tanto liderazgo político
como fuera posible) y servir al planeado papel de cliente, si bien menos
eficazmente de lo que Washington había esperado, permite que los EEUU se
afiancen en Iraq y proclamen la victoria. Sin embargo, a mediados de 2006,
los fracasos de esta estrategia no pudieron ignorarse por más tiempo. Al
haber invadido Iraq planeando debilitar a Irán y Siria para fortalecer su
posición y la de Israel y sus aliados árabes en la región, los EEUU han
conseguido todo lo contrario. (Desde luego, todo esto ignora las muchas
etapas de la tragedia de que son autores los EEUU anteriormente a la
invasión de marzo de 2003, por su apoyo al Partido Baaz y a Sadam Husein,
por su nefasto papel en la Guerra Irán-Iraq y después la Guerra del Golfo de
1991, y por los más de doce años de sanciones y bombardeos que la
siguieron.)
Los Actos I y II de la tragedia de la ocupación de Iraq se han cerrado ya.
Pero el Acto III no ha hecho sino empezar. Todos los signos sugieren que es
probable que el final en Iraq aún esté lejos y que sea más sangriento
todavía. Iraq y el Oriente Medio son tan importantes a nivel estratégico
para los EEUU que ningún partido quiere retirarse y admitir la derrota. Un
resultado tal sería más desastroso para EEUU que su derrota en Vietnam. Pero
hay un factor en la tragedia de Iraq que no deberíamos rebajar. La cuestión
de cuánto durará esta guerra, si se extenderá a Irán o a Siria, si se
enviarán más tropas a matar o ser matadas innecesariamente por el beneficio
y el poder, no depende sólo de las decisiones y conflictos internos de la
clase gobernante. También depende del nivel de oposición del pueblo en Iraq,
en casa y dentro del mismo ejército. Los grupos como los Veteranos de Iraq
Contra la Guerra están jugando ya un papel importante en la lucha por
terminar con la ocupación. Pero aún estamos tan sólo en los primeros
momentos de organización de la oposición que necesitamos para poder incidir
de forma decisiva en el curso de la guerra.
La guerra de EEUU contra Vietnam se perdió en 1968, si no fue antes, pero
continuó después durante varios años, con la pérdida de millones de vidas
como consecuencia. No podemos permitir una repetición de esa historia
trágica. Pero la Guerra de Vietnam tiene también otra lección que
ofrecernos: que cuando los pueblos se manifiestan y se organizan pueden
disuadir incluso hasta el más poderoso y temerario de los gobiernos. La
guerra contra el pueblo de Indochina podría haber durado más aún,
ciertamente, y podía haberse extendido todavía más si una oposición decidida
en casa y a nivel internacional no hubieran obligado a los EEUU a retirarse.
Esa es la lección que actualmente necesitamos tanto volver a aprender y
llevar a la práctica.
Anthony Arnove es el autor de “Iraq:
The Logic of Withdrawal”, que se acaba de publicar en una edición
actualizada en rústica, con un prólogo de Howard Zinn, en el American Empire
Project (Metropolitan Books/Henry Holt). Pertenece a la junta editorial de
Haymarket Books e International Socialist Review. Este artículo aparecerá en
el número de enero/febrero del ISR.
Texto original en inglés:
http://www.counterpunch.org/arnove12162006.html
Sinfo Fernández forma parte del colectivo de Rebelión.
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