
Foto: Telefé Argentina. Ver clip de
promoción
Tema musical de Montecristo: Yo soy aquel
@DIN, 28
de abril de 2006 - La adaptación argentina de una de las más importantes
obras de la literatura universal acapara la atención de un público
numerosísimo, de todas las edades, cada noche a partir del martes en
este gran país del Sur. Dentro de un panorama televisivo caracterizado
por la vulgaridad, la torpeza, la mediocridad y los golpes bajos para
alcanzar rating, esta telenovela resulta esperanzadora. No sólo por la
cuidada edición -tanto en imágenes como de texto y música- sino por su
audacia al romper los cánones tradicionales hasta ahora repetidos hasta
el hartazgo por las producciones argentinas. Adaptándola al presente,
cuestiona profundamente la acción de una dictadura militar sangrienta,
de la cual ha tomado conciencia la mayor parte de los argentinos hoy.
La superproducción novelesca Montecristo, con los papeles protagónicos
de Pablo Echarri y Paola Krum, se estrenó en la pantalla de Telefé, una
empresa nacional que alcanza con su transmisión a todo el país a través
del cable o repetidoras. Compite en la franja horaria más difícil, la de las 22.15 y
hasta pasadas las 23, ya que otro canal transmite simultánemente
ShowMatch -un programa de entretenimientos de rating hasta ahora
imbatible- de Marcelo Tinelli, por Canal 13. Sin embargo, hacia el
miércoles Montecristo ya había emparejado y hasta superado a este
popular programa de banalidades.
Con un impresionante despliegue de producción, un sólido elenco y una
trama que mezcla pasiones, venganzas y corrupción; este martes se
comenzó a difundir la telenovela Montecristo, conquistando en el acto a
una monumental audiencia.
En la ambiciosa tira filmada en su primer capítulo, entre Marruecos y la
Argentina, Echarri interpreta a un hombre (campeón de esgrima), que
regresa a ejecutar una venganza contra aquellos que lo traicionaron y
dicha trama está inspirada en el clásico best seller El conde de
Montecristo de Alejandro Dumas.
Muy bien ambientada en época (la historia transcurre en 1995 en el
inicio y llega a nuestros días), Montecristo cuenta con destacadas
actuaciones del ya mencionado Echarri (maduro y creíble en su
personaje), Joaquín Furriel, su amigo y luego adversario dominado por su
padre (Oscar Ferreyro) y un corto pero preciso papel de Mario Pasik.
"La felicidad de uno a veces produce efectos extraños en los demás,
despierta la bestia. Ya pasó mucho tiempo y creen que todo quedó en el
pasado pero volví, sé donde están y no voy a tener piedad", ésas fueron
las palabras con que el personaje de Pablo Echarri, el dado por muerto,
Santiago Díaz Herrera, inicia el duro camino a la realidad.
Pocos ciclos de la actual temporada televisiva han despertado más
expectativas en el público que "Montecristo". Por una parte, está su
ilustre filiación literaria; por la otra, los múltiples contratiempos y
postergaciones que ha enfrentado en su llegada a la pantalla, que
paradójicamente, constituyen un singular paralelismo con aquellos a los
que enfrenta su protagonista, en busca de venganza frente al usurpador
de sus talentos y posesiones.
La nueva producción televisiva -escrita por Adriana Lorenzón y Marcelo
Caamaño- adapta al formato televisivo y a la época actual el clásico El
conde de Montecristo, de Alejandro Dumas.Adriana Lorenzón (Los Roldán) y
Marcelo Camaño (Resistiré, Doble vida ) han logrado un notable argumento
para una superproducción "donde el amor, el odio, la acción, el suspenso
y la intriga, se dan la mano", según los críticos locales.El Edmundo
Dantes de esta ágil "actualización" de la novela de Alejandro Dumas es
Santiago Díaz Herrera (Pablo Echarri), un joven abogado al que la vida
le sonríe como sólo sabe hacerlo en una telenovela: ha conseguido la
mano de Laura, la mujer que ama (Paola Krum); un codiciado puesto como
secretario letrado de un juez respetado y fue elegido para integrar
alguna suerte de selección de esgrima junto a su mejor amigo, Marcos
Lombardo (Joaquín Furriel), en una competencia a realizarse en
Marruecos.
Es en este país africano, en los sensiblemente bellos escenarios
naturales que le brindaron una bienvenida sensación de aventura y
autenticidad a un ciclo que en sus primeros capítulos presenta la
exposición detallada del complot que está en el centro de su trama,
donde Santiago y Marcos cambiarán de lugares en la vida: el primero
quedará encerrado allí diez años, pagando por un crimen apañado por su
rival; el segundo regresará a Buenos Aires para apropiarse de Laura y el
resto de sus brillantes proyectos, gracias a la intervención de su padre
(Oscar Ferreiro), un médico del cual se cree que, habiendo ordenado la
muerte de Díaz Herrera y su padre -un juez incorruptible-, ha logrado
ahuyentar todo peligro de ser investigado por su papel en la apropiación
de hijos de desaparecidos durante la dictadura militar. Se equivoca,
claro.
Echarri vuelve después del éxito de Resistiré
En un panorama televisivo particularmente vulgar y caracterizado por su
despiadada búsqueda del rating como único parámetro esta novela irrumpe
como un soplo renovador. Las telenovelas argentinas se han limitado
hasta el presente y durante poco más de 40 años a repetir esquemas
sociales apelando a recursos cinematográficos tan rústicos que en
algunos casos rozan la obscenidad. Montecristo, con música cuidada e
imágenes que demuestran otras búsquedas, parece romper con este
conformismo televisivo, para bien.
El programa sigue la historia de Santiago Díaz Herrera (Echarri), un
joven que perdió todo y que regresa para hacer justicia y recuperar lo
que le pertenece.
"El hombre no nació para ser feliz con poco esfuerzo. Lo tenía todo. Un
padre ejemplar, una carrera en ascenso, y a Laura, la mujer de mi vida.
Pero la felicidad de uno a veces tiene efectos extraños en los demás,
despierta la bestia dentro de los hombres. Ya pasó mucho tiempo y creen
que esto fue olvidado. Pero volví. Y no voy a tener piedad", anticipó en
su monólogo de apertura el personaje central de la telenovela.
Así, el relato retrocedió diez años, cuando Santiago "tenía todo". Corre
el año 1996 y el joven le cuenta a su mejor amigo, Marcos (Joaquín
Furriel), que está saliendo con Laura (Paola Krum). Esto despierta los
celos del amigo, enamorado en secreto de la chica.
Paralelamente, el juez Horacio Díaz Herrera (Mario Pasik), padre de
Santiago, está por abrir una causa contra un grupo de ex funcionarios
involucrados en una serie de delitos de lesa humanidad ocurridos durante
la última dictadura militar.
Entre los implicados figura Alberto Lombardo (Oscar Ferreyro), padre de
Marcos y ex represor, encargado de un centro de detención clandestina,
quien está sospechado de haber participado en el asesinato de un
sindicalista y su esposa, y en el robo del bebé de ambos.
Pero Lombardo no se queda de brazos cruzados. Por eso, busca la ayuda de
Lisandro (Roberto Carnaghi), un oscuro personaje que, casualmente, es el
tío de Laura.
Como ninguno de los dos está dispuesto a pagar el precio de que la
verdad salga a la luz, deciden sacar al juez Díaz Herrera del camino.
Así, el magistrado termina asesinado por el propio Lisandro, tras la
golpiza de unos matones.
Además, y para no dejar cabos sueltos, Lombardo se encarga de Santiago,
quien había viajado a Marruecos con Marcos para concursar en un torneo
de esgrima. Por eso, en medio de un confuso episodio, el héroe termina
preso por un crimen que no cometió.
Ahí el relato regresa al presente, cuando Santiago consigue escapar de
la prisión marroquí haciéndose pasar por muerto y termina moribundo en
una playa. Allí será rescatado por Victoria (Viviana Saccone), una
médica que, se sabrá más tarde, busca a un hermano nacido en cautiverio
durante la última dictadura.
Pero en Buenos Aires las cosas serán muy distintas a cómo las dejó
Santiago una década atrás. Es que Marcos está casado con Laura y tienen
un hijo, que podría ser en realidad fruto de la relación de los
personajes de Echarri y Krum.
Por su parte, Lombardo es tentado para convertirse en político, mientras
que Sarita (Rita Cortese), mano derecha del juez Díaz Herrero, sigue
buscando justicia. Una justicia que llegará, tarde o temprano, de la
mano de Santiago, a quien todos dan por muerto.
Una producción acorde a los tiempos
Esta novela llega en el momento justo, pues la sociedad argentina, a lo
largo de estos últimos 30 años, ha procesado los traumáticos episodios
de la Guerra Sucia desatados por la dictadura militar y aquirido la
madurez suficiente para comprender sus sentidos.
"Montecristo" sabe aprovechar la propia concepción episódica del
original, sus múltiples vueltas de tuerca, intervenciones providenciales
y cambios de suerte. También ha encontrado en los momentos más trágicos
de la historia reciente de la Argentina un conflicto capaz de dotarlo de
relevancia dramática para el público local, un interesante conflicto
cuyas complejidades logró esbozar el capítulo inicial, con algunas
pinceladas acerca de la relación entre la disfuncional familia del
médico apropiador y la de su mano derecha (Roberto Carnaghi), tío de la
heroína y más que implicado en su proceder.
Esta situación -dictaduras militares, desaparición de personas,
encarcelamientos por decreto- se repitió a lo largo y lo ancho de
Am´erica Latina durante los 70: esto proveerá sin duda de un interesante
mercado a esta telenovela, que ya ha logrado concitar la atención de un
porcentaje formidable de la población argentina.
Como sucedió en Resistiré, el programa tiene además numerosos personajes
que tendrán la posibilidad de desarrollar sus propias historias de
codicia, locura y muerte.
Entre ellos Leticia (María Onetto), la esposa neurótica de Lombardo que
finge su suicidio para ayudar a Sarita a incriminar a su esposo; y
Luciano (Maximiliano Ghione), quien "vende" a Díaz Herrero por codicia.
También forman parte del elenco Virginia Lago, Ulises Dumont y Luis
Machín."Montecristo" pisa mucho más firmemente en los momentos dedicados
a perfilar el triángulo amoroso que en aquellos centrados en la traición
que lo pone en marcha, gracias por la sólida labor y palpable química
que demuestran sus tres protagonistas en pantalla y, por supuesto, la
necesidad de suavizar el sombrío marco psicológico del original.
La compleja caracterización e impecable lógica interna de la obra de
Dumas son, precisamente, justo lo que el ciclo necesita encontrar dentro
de sí para darle el peso dramático que merece su por demás intrigante
propuesta.
Son muy parejas y atractivas las presencias de Rita Cortese, Roberto
Carnaghi, Virginia Lago y María Onetto.
Con una estética moderna y dinámica -pero sin caer en la fragmentación
excesiva- y con una sólida trama de múltiples aristas, Montecristo
promete convertirse en uno de los programas más interesantes de la
temporada.
Gracias a su historia de traiciones y venganzas, el ciclo tiene todos
los ingredientes para ser un éxito tanto en Argentina como en el
exterior, en los países en los que este tipo de producciones causan
furor.
Datos
Libro: Adriana Lorenzón y Marcelo Camaño. Producción ejecutiva: Claudio
Meilán. Iluminación: Pedro Suárez y Armando Catube. Sonido: Jorge
Civalleros. Escenografía: Martín Seijas. Director integral: Miguel Colom.
Con Pablo Echarri, Joaquín Furriel, Paola Krum, Roberto Carnaghi, Rita
Cortese, Oscar Ferreiro y elenco. De lunes a viernes, a las 22, por
Telefé Argentina.
Más información
Videos