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España: paraíso de los cultivos transgénicos 

ONGs aseguran que los transgénicos empeoran la calidad de los alimentos y aumentan la inseguridad alimentaria y el hambre en el mundo.

Por su parte, un sector importante de agricultores considera que, para salvar el modelo de agricultura familiar y social, es necesario conservar las variedades locales de semillas.         

Imagen: "Transgenics" (fragmento) Rick Lovell.

@DIN, 28 de diciembre de 2006 -  La adopción del maíz transgénico Bt, protegido contra la plaga del taladro, permite a los agricultores españoles que lo cultivan alcanzar mayores márgenes de beneficio económico, un 12% más que el convencional, como media, según un estudio realizado por el Instituto de Prospectiva y Estudios Tecnológicos (IPTS), que pertenece al Centro Común de Investigación (JRC) de la Comisión Europea. Recientemente, en el marco de la reunión gubernamental que prohibió en toda Europa la distribución de este maíz transgénico, la ministra Cristina Narbona calificó a España, su propio país, de "paraíso de los transgénicos". Adjudicó la culpa de ello al Partido Popular y su entonces presidente Aznar, quienes entregaron las tierras españolas a las multinacionales agroquímicas, Monsanto principalmente, que desalojaron del mercado agropecuario a los verdaderos campesinos para instalar la agricultura transgénica a gran escala.
El informe del IPTS revela que, entre las razones esgrimidas para cultivar organismos modificados genéticamente (OMG), figuran la reducción en los costes de producción y el incremento de las producciones.
El estudio, titulado “Economic impact of dominant GM crops worldwide: a review”, fue publicado este mes por los investigadores Emilio Rodríguez Cerezo y Manuel Gómez Barbero, ambos del IPTS, con sede en Sevilla.
Transgénicos: soja, algodón, maíz y colza monopolizan el mercado.
Según el informe, el paisaje de los transgénicos a nivel mundial es monopolizado por el cultivo de la soja, algodón, maíz y colza, y por dos tratamientos agronómicos: la tolerancia a herbicidas y la resistencia a la plaga del taladro, que en España tiene una especial incidencia en las regiones de Cataluña y Aragón (valle del Ebro). También indica que en los últimos tiempos está creciendo el tratamiento que permite una mayor resistencia a la sequía, producto de los cambios climáticos a nivel mundial.
El continente americano acapara la mayor extensión de terreno cultivado con OMGs, el 90% del total, seguido por China y la India.
Además, el estudio revela que dos terceras partes de los países en los que se cultivan transgénicos son pobres o en vías de desarrollo (14 de los 21 que hay en total).
En el caso del algodón Bt, su adopción ha supuesto un descenso en el uso de insecticidas en todos los casos que estudia el informe. Es reseñable, en este sentido, que la cuarta parte de todos los insecticidas usados en la agricultura a nivel mundial se destinan a explotaciones de algodón.
Asimismo, el maíz transgénico otorga la misma "ventaja", aunque en una proporción menor, según refleja el informe.
Por su parte, la soja transgénica resistente a herbicidas supone una reducción en el uso de combustibles por hectárea, así como un menor laboreo.

El no de los consumidores frente al sí de los productores

Los científicos Rodríguez Cerezo y Gómez Barbero destacan, basándose en diversos estudios, que se han registrado mayores niveles de bienestar económico en los países que han decidido cultivar OMG. En la mayoría de los casos, los agricultores son los grandes beneficiados, seguidos de los proveedores de semillas, es decir, la industria biotecnológica, y los consumidores, debido a la bajada en los precios del mercado.
Entre las propuestas que existen actualmente en torno a la biotecnología aplicada a la agricultura, el informe recoge la potencial introducción de los transgénicos en la alimentación, como el trigo y el arroz, en los principales países productores de OMGs. Además, los científicos se hacen eco de la importancia de etiquetar los productos transgénicos, con el objetivo de segmentar los mercados para que la población tenga acceso a ellos y los diferencie sin problemas. Muchos países están adoptando medidas legales específicas sobre trazabilidad y etiquetado para todos los OMGs, tanto los producidos a nivel nacional como los importados.
En el caso de la Unión Europea, diversos análisis del impacto económico de los cultivos transgénicos llevan a considerar el concepto de la coexistencia de éstos con los convencionales y ecológicos. Se puede llevar a cabo, entre otras medidas, manteniendo unas determinadas distancias de aislamiento entre unas parcelas y otras, y comunicando a los agricultores colindantes que se va a cultivar OMGs.
El Instituto de Prospectiva y Estudios Tecnológicos es uno de los siete institutos científicos que conforman el Centro Común de Investigación (Joint Research Centre) de la Comisión Europea. Su misión consiste en buscar respuestas de base científica a los retos políticos que se marca la Unión Europea, tanto en asuntos de índole socioeconómico o científico-tecnológico. Así, las principales actividades de este organismo consisten en proveer de soporte estratégico para la concepción y desarrollo de las políticas de la UE.
Pese a ello, la resistencia de los consumidores europeos a los productos agrícolas de origen transgénico sigue siendo muy alta, y las campañas en contra de este tipo de cultivos están apoyadas en muchos casos por fondos públicos y numerosas organizaciones no gubernamentales.

Grupos ecologistas denuncian auge de cultivos transgénicos

Las ONGs aseguran que los transgénicos empeoran la calidad de los alimentos y aumentan la inseguridad alimentaria y el hambre en el mundo.
Distintos grupos ecologistas y organizaciones no gubernamentales como Greenpeace, Ecologistas en Acción, Amigos de la Tierra o Plataforma Rural, entre otros, han denunciado en una carta de protesta el avance de los transgénicos y de la contaminación genética, "permitido y favorecido" desde las Administraciones públicas.
La misiva recuerda que, en el año 1996, Bruselas autorizó la importación de soja transgénica por primera vez. Meses más tarde, se permitió el uso de la primera variedad de maíz transgénico para siembra, y en 1998, se aprobó la directiva de patentes biotecnológicos que abría la puerta a las patentes sobre seres vivos en Europa.
España ha sido durante estos últimos años, según estas organizaciones, "escenario de prueba de los cultivos transgénicos en la Unión Europea" y en consecuencia, la población agraria está sufriendo "presiones constantes" para que sus campos se llenen de variedades transgénicas, destruyendo el modelo de agricultura que la sociedad les está demandando.
Estas organizaciones denuncian "la falsedad de las promesas de la industria biotecnológica", ya que después de su introducción en los mercados, "los transgénicos han empeorado la calidad de los alimentos, han aumentado la inseguridad alimentaria y el hambre en el mundo", además, han contaminado el Medio Ambiente, incrementando el negocio de las grandes empresas transnacionales y la dependencia agrícola en estos productos.

Mayor conocimiento y rechazo

La carta resalta, como dato positivo, que un alto porcentaje de la población sabe actualmente qué es un alimento transgénico y rechaza su consumo, ya que lo considera de alto riesgo para la salud y el Medio Ambiente.
Por su parte, un sector importante de agricultores considera que, para salvar el modelo de agricultura familiar y social, es necesario conservar las variedades locales de semillas. Por este motivo, se están organizando en un movimiento de agro-ecología que trabaja para crear alternativas en muchos lugares del territorio.
En los últimos años, el trabajo de estas organizaciones se está desarrollando de manera conjunta y coordinada, por lo que, estos grupos denuncian la "campaña difamatoria que Pilar Galindo, del grupo madrileño CAES (Centro de Asesoría y Estudios Sociales)".
Estos grupos, por su parte, se reafirman en su posición contra las patentes sobre seres vivos, los cultivos transgénicos, los alimentos transgénicos y la coexistencia de cultivos transgénicos y no transgénicos, "coexistencia que es imposible desde un punto de vista agronómico y técnico", afirman.
Además, abogan por la agricultura y la alimentación libre de transgénicos, la agricultura ecológica y la soberanía alimentaria, a la vez que rechazan la propaganda basada en versiones parciales y tergiversadas de la realidad de los escritos del CAES.

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Ecologistas en Acción
España

El territorio español, deplorablemente, ha sido estos años pionero y campo de pruebas de los cultivos transgénicos en la Unión Europea y la población agraria esta sufriendo presiones constantes (y falsas promesas), para que sus campos se llenen de variedades transgénicas, destruyendo así el modelo de agricultura que la sociedad les esta demandando.
En 1996 se autorizó en Bruselas la importación de soja transgénica, el primer alimento que entraba en los mercados europeos. Unos meses después se daba luz verde a la primera variedad de maíz transgénico para siembra. Y en 1998 se aprobó la directiva de patentes biotecnológicas, que abría la puerta a las patentes sobre seres vivos en Europa. La invasión de los transgénicos parecía imparable y, además, nos había cogido a muchas personas y organizaciones desprevenidas, ya que casi nadie sabía qué era aquello de la manipulación genética. El asunto de los transgénicos sonaba a novela de ciencia ficción y parecía imposible movilizar a la sociedad y oponerse.
Desde entonces ha llovido mucho y la situación también ha cambiado de forma significativa. El balance de estos diez años tiene sus luces y sus sombras. En negativo, el avance de los transgénicos y de la contaminación genética, permitido y favorecido desde las administraciones públicas, es una amenaza creciente. El territorio español, deplorablemente, ha sido estos años pionero y campo de pruebas de los cultivos transgénicos en la Unión Europea y la población agraria esta sufriendo presiones constantes (y falsas promesas), para que sus campos se llenen de variedades transgénicas, destruyendo así el modelo de agricultura que la sociedad les esta demandando.
En estos diez años ha quedado patente la falsedad de las promesas de la industria biotecnológica, ya que después de su introducción en los mercados los transgénicos han empeorado la calidad de los alimentos, han aumentado la inseguridad alimentaría y el hambre en el mundo, así mismo han contaminado el medio ambiente, incrementando únicamente el negocio de las grandes empresas transnacionales y la dependencia agrícola en estos productos.
En positivo, hoy un porcentaje muy alto de la población sabe qué es un transgénico y –a pesar del despliegue mediático a favor de la ingeniería genética- considera que entraña riesgos para la salud y para el medio ambiente y rechaza mayoritariamente su consumo.
Han surgido numerosas iniciativas de conservación de las variedades locales de semillas, una forma no sólo de conservar una herencia común de las agricultoras y los agricultores, sino de resistencia a las patentes. Un sector significativo de agricultores y agricultoras es consciente de que para salvar el modelo de agricultura familiar y social, tan alejado de la agroindustria especulativa, hay que enfrentarse al debate, que no puede quedar en manos de unos pocos cuyos intereses están muy lejos de los suyos, demostrando que el sector agrícola no necesita transgénicos. El movimiento de agro-ecología no sólo está creciendo y profundizando su discurso, sino construyendo alternativas en muchos lugares del territorio. También existe un creciente número de iniciativas para declarar espacios, municipios o regiones enteras libres de transgénicos. Igualmente, hay quien hemos apostado por la acción directa no violenta como forma de denuncia y de lucha contra la invasión transgénica.
Todas estas iniciativas, cada una a su manera y en su ámbito, han contribuido a frenar la avalancha de los transgénicos que parecía avecinarse hace 10 años. Y en los últimos tiempos, el trabajo de organizaciones diversas se ha dinamizado de forma coordinada, uniéndose hacia un mismo objetivo- el rechazo unánime a los transgénicos- y en esta labor han estado las organizaciones que así lo han decidido. Posiblemente una de las mayores bazas de la lucha anti-transgénicos haya sido la confianza, el respeto –y el mutuo apoyo- entre todas las organizaciones y las personas implicadas. Precisamente por ello, nos parece lamentable la campaña difamatoria que Pilar Galindo, del grupo madrileño CAES (Centro de Asesoría y Estudios Sociales), ha puesto recientemente en marcha, tergiversando realidades e incluso recurriendo a auténticas patrañas y mentiras con el único objetivo de desprestigiar a las organizaciones que firman esta nota. Es de suponer que Monsanto, Syngenta, Dupont y demás transnacionales de los transgénicos estarán frotándose las manos.
Las organizaciones firmantes queremos dejar claro que en ningún momento hemos abandonado la defensa del principio de precaución, ni entrado en oscuras “negociaciones” con el gobierno, como se afirma en sus escritos . Nuestra posición sobre Organismos Modificados Genéticamente (OMG) ha sido y sigue siendo un NO rotundo a las patentes sobre seres vivos, un NO rotundo a los cultivos transgénicos, un NO rotundo a los alimentos transgénicos y un NO rotundo a la coexistencia de cultivos transgénicos y no transgénicos, coexistencia que es imposible desde el punto de vista agronómico y técnico. Y ha sido y sigue siendo un claro SÍ a la agricultura y alimentación libre de transgénicos, SÍ a la agricultura ecológica y a la soberanía alimentaría.
Ninguna de las organizaciones firmantes de este artículo rehuye las críticas cuando están bien fundamentadas, pero rechazamos la propaganda basada en versiones parciales y tergiversadas de la realidad, de los citados escritos del CAES y no dedicaremos más energías a responder a estériles acusaciones no fundamentadas. Nuestra prioridad clara es la lucha contra los transgénicos, procurando mantener la unidad de acción y el mutuo respeto y aprendiendo debidamente de la experiencia y las críticas constructivas.
En esta línea seguiremos trabajando y colaborando con todas aquellas personas y organizaciones abiertas a un trabajo común por una alimentación y una agricultura libre de transgénicos. Esta colaboración, sumada a la acción particular de cada organización, sin duda ha tenido sus frutos en los últimos años. Sin ella la situación en el Estado español se asemejaría mucho más a la norteamericana, donde ya casi no existen ni agricultura ni alimentación libres de transgénicos. Aunque también en EEUU hay todavía agricultores y grupos que luchan por la Soberanía Alimentaría.
Para mayor información y claridad sobre el tema hacemos una invitación a visitar nuestras páginas web y de consultar nuestros posicionamientos y materiales al respecto.

Andoni García, COAG (www.coag.org)
Helen Groome, EHNE. (www.ehne.org)
Isabel Bermejo, Ecologistas en Acción (www.ecologistasenaccion.org)
Jerónimo Aguado, Plataforma Rural (www.cdrtcampos.es/plataforma_rural)
Juan Felipe Carrasco, Greenpeace (www.greenpeace.org/espana)
Liliane Spendeler, Amigos de la Tierra (www.tierra.org)

Notas
1 Por ejemplo en la revista El Viejo Topo, los portales web www.Ecoportal.net y www.biodiversidadla.org/ , www.rebelion.org o el periódico GARA, etc.
2 El CAES suele firmar sus textos difamatorios sobre agro-ecología como “Grupos Autogestionados de Konsumo de Madrid (GAK's)”. Este hecho puede llevar a la confusión de creer que se trata de varios grupos o que el CAES representa a "muchos". Pues no es así, es un grupo de consumo, es el CAES. Los “GAK’s” ya no existen como fueron creados en su día. Una parte de estos grupos autogestionados de consumo agro-ecológico están hoy organizados en la “Coordinadora de Grupos de Consumo Agro-ecológico de Madrid” y otros en la cooperativa “Bajo el Asfalto está la Huerta” (BAH). Ninguno de estos grupos está trabajando con el CAES, justamente por su manera de comportarse con los demás grupos.

Algodón transgénico en surco legislativo

Mario Osava
IPS - Rebelión

El algodón sigue en Brasil los pasos de la soja. Sus variedades transgénicas, introducidas de contrabando en el país en los últimos años, pueden ahora ser legalizadas por medio de un proyecto ya aprobado de forma subrepticia en la Cámara de Diputados.
La iniciativa pasa ahora al Senado, donde su aprobación es segura, porque existe una mayoría aún más abrumadora favorable a los cultivos genéticamente modificados, según Jean Marc von der Weid, coordinador de la Asesoría y Servicios a Proyectos de Agricultura Alternativa (AS-PTA), una organización no gubernamental activa "Por un Brasil libre de transgénicos".
Los diputados, en realidad, debían tratar la conversión en norma de una Medida Provisional, que son decretos presidenciales con fuerza de ley que dependen de aprobación parlamentaria para seguir vigente después de tres meses de aplicados.
La Medida estaba destinaba a establecer reglas para proteger las áreas de conservación natural de amenazas de contaminación transgénica. Pero en concreto lo que hizo fue reducir de 10.000 metros a 500 metros la zona de amortiguamiento, es decir la distancia entre las siembras modificadas y las reservas de bosques y biodiversidad.
En la tramitación del proyecto, además, el relator Paulo Pimenta, diputado del gobernante Partido de los Trabajadores (PT), le agregó dos nuevas disposiciones.
Una de ellas legaliza el algodón transgénico sembrado y producido ilegalmente en Brasil, una parte incluso bajo atención del Ministerio de Agricultura.
Otro punto adicionado facilita la liberación de cultivos genéticamente modificados en el país, que necesita la aprobación de 18 de los 27 miembros de la Comisión Técnica Nacional de Bioseguridad (CTNBio). La propuesta reduce la exigencia a una mayoría simple, es decir 14 votos.
El cambio responde a presiones de investigadores y organizaciones de grandes agricultores, que se intensificaron hace un mes, después de que una reunión de la CTNBio no logró autorizar la importación y comercialización de una vacuna transgénica contra la enfermedad de Aujeszky, que afecta el ganado porcino, pese a la mayoría de 17 votos favorables y sólo cuatro en contra.
La modificación presentada por Pimenta fue aprobada el miércoles por 247 diputados. Votaron en contra 103, la mayoría del propio PT, acompañado de pequeños partidos de izquierda. El Senado podrá examinar este asunto materia a partir febrero, después del receso de dos meses.
La reducción de la mayoría necesaria en la CTNBio forma parte de "un proceso de intimidación" de los operadores que se oponen a los transgénicos en favor de una política de bioseguridad, dijo Von der Weid a IPS. "Quieren expulsarlos de la Comisión", acotó.
En su opinión, la alteración tendrá poco efecto práctico, ya que la CTNBio tiene mayoría de científicos interesados en investigaciones sobre modificaciones genéticas, que son aprobadas sin problemas.
Pero antes de aprobar cultivos comerciales de variedades transgénicas, la Comisión tendrá que definir criterios de evaluación de riesgos, y eso retarda las autorizaciones, más que las dificultades para obtener la mayoría de dos tercios.
Además, esta nueva regla de la CTNBio se transforma en "irrelevante" ante la política de "hecho consumado", de introducir variedades transgénicas ilegalmente al país, para luego legalizarlas por medidas parlamentarias, sostuvo Von der Weid.
Algo similar ocurrió con la soja desarrollada por la empresa estadounidense Monsanto para resistir al herbicida Roundup Ready (RR) producido por la misma firma. Hace unos 10 años, sus semillas se introdujeron de contrabando en el sur de Brasil procedente de Argentina, pasando a dominar ahora la producción en el estado de Río Grande del Sur, limítrofe con ese país.
Ante el hecho consumado, el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva decidió legalizar su cultivo a través de sucesivas Medidas Provisionales desde 2003, hasta que el parlamento aprobó finalmente una nueva Ley de Bioseguridad en 2005. Buena parte de la soja producida en el centro, oeste y sur de Brasil es genéticamente modificada.
Los opositores destacan que el algodón y el maíz transgénicos presentan mayores riesgos de contaminación porque en el país hay especies nativas de esas plantas, al contrario de la soja. Se estima en 150.000 hectáreas la siembra de algodón con semillas transgénicas.
La decisión de la Cámara de Diputados constituye "un retroceso" en la política de bioseguridad y "emite una señal muy negativa", indicando que se puede violar las leyes que "no pasará nada", para luego adoptar una medida que borrará el delito, destacó el activista.
El movimiento "por un Brasil libre de transgénicos" intentará trabar en el Senado este proyecto, pero se sabe que la correlación de fuerzas es más desfavorable aún, ante la fuerte presencia de senadores vinculados al negocio agropecuario.
Pero se intentará también una acción judicial "contra la decisión ilegal" de la Cámara, que "legisló violando leyes" que aprobó anteriormente, así como contra el gobierno, más precisamente con la mira en el Ministerio de Agricultura, anunció Von der Weid.
Esa cartera ministerial fue "cómplice" de los agricultores, al no destruir el algodón transgénico producido ilegalmente y no actuar debidamente en la inspección de la siembras, arguyó.

Nicoya, otro territorio libre de transgénicos

El 14 de diciembre el Consejo Municipal del Cantón de Nicoya, en Costa Rica, acordó por unanimidad declarar su territorio como “libre de cultivos transgénicos”, siguiendo el ejemplo de otros dos municipios costarricenses, Paraíso de Cartago y Santa Cruz de Guanacaste.
La decisión fue tomada en el marco de la "Primera Semana de la Semilla Criolla" del 11 al 15 de diciembre, cuyo objetivo fue favorecer el intercambio de información, conocimiento y material genético de la semillas criollas orgánicas adaptadas a las condiciones agroecológicas de la región, entre las familias campesinas.
En marzo de 2005 el Consejo Municipal de Paraíso de Cartago se declaró como el primer territorio libre de cultivos transgénicos, mientras que en octubre del mismo año el Consejo Municipal de Santa Cruz, en la provincia de Guanacaste, se declaró segundo territorio libre de cultivos transgénicos en Costa Rica.
La declaratoria de Nicoya constituye según afirman las organizaciones ecologistas de Costa Rica, un paso significativo en la defensa de un modelo de desarrollo con perspectiva agroecológica para el país, ya que sirve de ejemplo para que otros cantones del país transiten por esta vía de la sustentabilidad.
Las plantas transgénicas son variedades vegetales que han sido modificadas genéticamente en laboratorios para otorgarles características genéticas diferentes a las que tienen de forma natural.
Los grupos ecologistas han pedido al Gobierno de Costa Rica una moratoria de este tipo de plantaciones debido a la posibilidad de que contaminen las variedades naturales de plantas y porque no se han hecho estudios suficientes para saber con certeza si producen efectos dañinos sobre el ser humano.
Esta declaratoria de Nicoya se da mientras continúa una polémica por la importación de arroz presuntamente transgénico proveniente de Estados Unidos, que está siendo cuestionada por organizaciones ambientales y la municipalidad de Paraíso de Cartago.
El barco Peregrine cargaría unas 36 000 toneladas de arroz que estarían contaminadas con la variedad transgénica LL601, resistente al herbicida glufosinato y producida por la empresa alemana Bayer. La Asociación de Ecología Social y la Red por una América Latina Libre de Transgénicos solicitaron al gobierno de Costa Rica que no permita la descarga del arroz, hasta que un laboratorio confiable garantice la ausencia de contaminación con la variedad LL601.
En el mismo explican que, de forma general, la adopción de los cultivos transgénicos ha sido rápida, debido a una serie de ventajas que procuran al agricultor. Entre ellos está el de la soja tolerante a herbicidas, que permite un laboreo de la tierra más fácil. Otras variedades modificadas genéticamente permiten a los cultivadores mantenerse más seguros ante las variabilidades estacionales, en cuanto a las cosechas y producciones.

 

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