
Brasil aprueba
represas que destruirán la Amazonía e inundarán territorio Boliviano
Por Pablo Villegas
FOBOMADE
Bolivia
El Instituto Brasileño del Medio Ambiente y Recursos Naturales y
Renovables (IBAMA) aprobó el Estudio de Impacto Ambiental (EIA) para
la construcción de dos represas en el río Madera; río que ocupa el
segundo lugar en el mundo por la riqueza de su ictiofauna y
constituye el afluente más grande del Amazonas. Este proyecto desde
hace tiempo, ha sido objeto de duras críticas, no sólo de los
afectados por las numerosas represas del Brasil sino también de
científicos de Bolivia y Brasil que aparte de los impactos
ambientales y sociales, han denunciado el riesgo de que se inunde
territorio boliviano.
Un objeto central de las críticas ha estado constituido por el EIA.
El EIA ha sido realizado por FURNAS y ODEBRECH, el consorcio de
empresas que impulsa los proyectos. Los Términos de Referencia del
EIA elaborados por Ibama, especificaban como su objeto a las dos
hidroeléctricas y a la línea de transmisión asociada. Sin embargo,
el EIA resultó evaluando solo las dos hidroeléctricas, quedando lo
referido a la línea de transmisión reducido a algunos párrafos y,
según el propio EIA, el reconocimiento del corredor de 10 km. de
ancho por más de 1400 km. de largo previsto para conductores de 600
a 765 kv fue hecho en un solo sobrevuelo desde Porto Vello hasta
Cuiabá.
El problema es aún mayor. Las dos represas y su línea de transmisión
son en realidad parte de un proyecto más grande que incluye otras
dos represas más; una en aguas compartidas entre Brasil y Bolivia,
otra en el interior de la última, ambas a ser financiadas por los
dos países; y una hidrovía de 4000 km. de largo que obligará a hacer
grandes cambios en el sistema de ríos de la región para convertirlos
en canales.
Dadas las limitaciones del EIA, el costo real de la energía
eléctrica para los usuarios es una incógnita porque no se han tomado
en cuenta los costos de la línea de transmisión ni los problemas
técnicos y medioambientales implicados. Esto nos recuerda el hecho
común de que la construcción de hidroeléctricas suele ir acompañada
de la promesa de energía barata, pero como en otros casos, el costo
astronómico de la represa y las instalaciones podría convertir el
mito de la energía barata de los ríos en la triste realidad de altos
costos y mayor endeudamiento externo para los países implicados.
Se ha sentado un mal precedente. El alcance superficial del EIA
respecto a la línea de transmisión que contradice la normativa
vigente en el Brasil fue resultado de una propuesta de FURNAS según
la cual la superficialidad del EIA reduciría los riesgos para el
futuro emprendedor de la obra y también para el organismo
licenciador. Evidentemente el EIA representa un riesgo para el
futuro emprendedor, por ejemplo, que las obras no sean autorizadas,
pero ¿por qué tendría que serlo para la autoridad medioambiental?.
El único riesgo que puede correr la autoridad licenciadora, dice
Telma Delgado es el tener que rendir cuentas por no haber respetado
la normativa vigente.
Sin embargo, el problema mayor con la aceptación de la propuesta de
FURNAS es que se sienta un negro precedente al no respetar el
principio de precaución. Una vez que las represas hayan sido
construidas, la sociedad se encontrará ante un hecho consumado y por
tanto será más fácil la obtención del permiso para la construcción
de la línea de transmisión y luego del resto del proyecto. Así, con
la ayuda de IBAMA, las constructoras del complejo Madera han logrado
someter los intereses sociales, medioambientales y el principio de
la prevención de los daños a los meramente económicos de las
empresas.
Las consecuencias de las represas en el río Madera vendrán a sumarse
al proceso que desde hace décadas viene destruyendo la amazonía. La
larga y triste historia de las represas del Brasil hace previsible
un impacto catastrófico en la fauna ictiológica. Estudios realizados
por FURNAS demuestran que en el primer año después de la
construcción de la represa desaparece un 70% de las especies
existentes de peces, dice Bastos de la organización Río Terra. Entre
los peces condenados a la desaparición se encuentran especies aún no
estudiadas. Según Bastos se estima la existencia de 700 especies de
peces en el río y la misma cantidad de aves en la región.
El proyecto traerá también una serie de problemas internacionales.
El hidrólogo boliviano Jorge Molina en un análisis del EIA de las
represas en el tramo Brasileño publicado este año, demuestra que no
se tomó en cuenta el estudio hidrosedimentológico, que, valga la
aclaración, es parte del propio EIA. La enorme carga de sedimentos
transportada por el río Madera, tendría que haber obligado a que los
procesos de sedimentación y erosión, fueran considerados tanto en el
diseño de ingeniería de las obras como en el estudio de impacto
ambiental. Eso no ocurrió.
El EIA no ha tomado en cuenta toda la cuenca del Madera y ha pasado
por alto a los afluentes que serán los más impactados por el cambio
del régimen hídrico y la baja en la calidad del agua, y con ello la
ictiofauna. El proceso de sedimentación será especialmente activo en
el tramo superior del embalse de Jirau, abarcando hasta Bolivia,
donde cabe esperar que los niveles del lecho y del agua suban varios
metros con respecto a la situación actual. Aparte del impacto para
los peces, el cambio en la velocidad y la calidad del agua debidos a
las represas traerán serias consecuencias para los humanos, como ser
el incremento de la malaria, la esquistosomiasis, y otros debidos a
la presencia de mercurio en el agua; problemas ya experimentados en
otras represas del Brasil.
En Bolivia, dado que los suelos de la selva tropical no son aptos
para la agricultura, esta se realiza en gran parte en las áreas que
deja el río después de la época de lluvias. Pero, con las represas
ya no habrá más variaciones estacionales, esto significará para los
bolivianos la pérdida de sus tierras de cultivo porque quedarán
inundadas permanentemente.
La región norte amazónica de Bolivia ha atravesado en la última
década por un proceso, aún inconcluso, de saneamiento de tierras;
saneamiento sumamente difícil, pero en general pacífico. Para muchos
es un milagro que el proceso no hubiera desembocado en hechos de
violencia. Sin embargo, con la inundación provocada por las represas
del Brasil, este gran esfuerzo social de los bolivianos habrá sido
vano en cierta medida ya que la región se verá ante una nueva
escasez de tierras y en consecuencia, las contradicciones sociales
se verán nuevamente agravadas. Además, la pérdida de las riberas de
los ríos llevará a la población a intervenir las delicadas tierras
de los bosques.
Las represas implicarán por otra parte problemas geopolíticos. El
95% de las aguas de Bolivia se escurren a través del Madera. Las
represas pondrán estas aguas bajo el control del Brasil, lo cual
representa una perspectiva geopolítica inquietante. Brasil está
reincidiendo en un acto sumamente peligroso para la región: el
utilizar aguas de curso internacional sin consultar a las partes
afectadas. Un precedente en ese sentido fue el represamiento del río
Paraná sin consultar a la Argentina para la construcción de la
represa de Itaipú.
Los vínculos del Brasil con Bolivia son la expresión típica de las
relaciones entre un país pequeño y pobre como Bolivia, que además es
mediterráneo, y un país grande y agresivo que se ha expandido a
costa del despojo de sus pequeños vecinos. A principios del 1900,
Brasil a través de la ocupación de facto de territorio boliviano y
un acuerdo con el gran capital inglés y norteamericano, promotores
de la explotación de la goma, despojó a Bolivia del Acre haciendo
valer el uti possidetis (posesión de facto) y desconociendo acuerdos
previos que reconocían la pertenencia a Bolivia del mencionado
territorio. Brasil, con su política exterior del “uti possidetis”,
despojó a Bolivia de 490.437 km2., entre 1867 y 1903.
El bosque tropical que quedó en manos de Bolivia aun mantiene un
buen estado de conservación. Aparte de la agricultura, caza y pesca,
la población vive básicamente de actividades extractivas como la
recolección de la castaña (Bertholletia excelsa), de la cual Bolivia
es la mayor exportadora del mundo. La economía de la castaña
requiere que el bosque se mantenga inalterado. En cambio el
territorio despojado a Bolivia se destaca por una gran destrucción
del medio ambiente. La etapa más reciente de esta destrucción fue
patrocinada por las dictaduras militares de los años 70, que
llevaron a la sustitución del bosque por pasturas para la ganadería
y al desplazamiento, muchas veces forzosos, de la población de
descendientes de los semiesclavos traídos a esta zona para la
explotación de la goma. Ante la violencia de las dictaduras, donde
jugaron un rol importante los escuadrones de la muerte, la mayor
parte de la población desplazada fue a engrosar las favelas de las
mega-ciudades brasileras. El desarrollo fue para ellos pasar de
pobres del campo a pobres de la ciudad y para los indígenas de esta
región incluyó en muchos casos el exterminio físico.
Recientemente, las relaciones entre Brasil y Bolivia se han enfriado
por el hecho de que el gobierno boliviano ha decidido aplicar una
forma moderada de recuperación de sus recursos hidrocarburíferos.
Estos fueron enajenados por los gobiernos neoliberales desconociendo
la Constitución Política del Estado (CPE) boliviano cuya existencia
y contenido no era ningún secreto para las empresas beneficiadas ni
para los organismos internacionales, como el Banco Mundial y el FMI,
que promovieron esta política. Los hidrocarburos fueron enajenados
valuándose en 800 millones de dólares, precio que obviamente no
incluía el valor de sus cuantiosas reservas de gas, que han situado
a Bolivia en el segundo lugar en Sudamérica. Una de las más
beneficiadas por este negocio fue PETROBRAS, la empresa brasilera
del petróleo. Esto no significa que se hubiera beneficiado el pueblo
Brasileño ya que esta empresa obedece a las políticas determinadas
por las transnacionales que se han ido apoderando de los diferentes
rubros del sector energético Brasileño incluyendo el mercado
gasífero y la propia PETROBRAS, proceso que incluyó reformas a la
legislación aunque no tan extremas como en Bolivia.
La enajenación de los recursos naturales de Bolivia fue acompañada
de un proceso sistemático de ablandamiento de sus fronteras. Para
comprender la situación de este país debe tomarse en cuenta que,
además de sus grandes riquezas naturales, por efecto de la evolución
del mercado mundial, resultó situado en el camino de Brasil y
Argentina hacia el Pacífico y de Chile hacia Brasil y el Atlántico
y, en general, en el camino de “saqueo y paso” del capital
transnacional asociado a estos países. A esto se suma el que las
elites de estos países, consideradas a si mismas como representantes
de la raza blanca en Latinoamérica, han proclamado tradicionalmente
su “destino manifiesto” de expandirse en el continente. La
inspiración de Estados Unidos no ha estado ausente de estos sueños
ya que los “subimperialismos” le han sido siempre de gran utilidad.
Como consecuencia geopolítica de estos intereses sobre Bolivia, bajo
el alias de “integración regional” se trazó un nuevo mapa de
Bolivia, atravesándola con una serie de corredores e hidrovías, y lo
más importante, a ser enmarcados en un sistema de libre mercado,
donde no cuenten sus fronteras. Reflejando la nueva situación, el ex
presidente de la república, ahora prófugo de la justicia, Gonzalo
Sánchez de Lozada, llegó a decir que Bolivia ya no era un país, sino
una región de contactos.
En el campo de la legislación, los organismos multilaterales y el
neoliberalismo en general, se libraron de la Constitución Política
del Estado sepultándola bajo una red de nuevas leyes
anticonstitucionales apropiadas a la globalización. Así, en el caso
que nos ocupa, la Ley de Corredores de Exportación Nº 1961, junto a
la Ley de Electricidad hace posible la concesión de los recursos
hidroenergéticos, específicamente del Río Madera, a entes privados
dentro de la franja de seguridad fronteriza de 50 Km y por tiempo
indefinido, del suelo, el subsuelo y el espacio aéreo de dominio
público y privado, necesarios para las obras hidroeléctricas del
tramo en cuestión.
Esta legislación que incurre en cesión de soberanía ha lanzado a
Bolivia 100 años hacia atrás en la historia. En 1900, este país,
sintiéndose impotente ante la penetración brasilera en el Acre, lo
entregó a la Bolivian Syndicate bajo un régimen de concesiones que
implicaba una cesión de soberanía. Ante esto, el Brasil, con el
apoyo de la Casa Rothschild de Londres compró la concesión a la
Bolivian Syndicate, promovió revueltas separatistas y terminó
apoderándose del Acre, como se dijo, basándose en la posesión de
facto. Curiosamente, Plácido de Castro, uno de los mercenarios
separatistas del Brasil, fue incluido el 2004, en su galería de
héroes.
En años recientes se han venido dando una serie de hechos que hacen
temer un retorno a viejas prácticas. Desde abril del 2004, las
empresas dueñas del Proyecto Madera, iniciaron sus trámites para
penetrar territorio boliviano aprovechando la legislación mencionada
a fines de las otras dos represas, pero al concluir el 2005, se hizo
evidente su fracaso por la oposición de sectores bolivianos que
utilizaron con inteligencia los escasos recursos legales que
quedaron en pie después de la avalancha de reformas neoliberales a
la legislación.
A principios del presente año, en un amago de separatismo, se vio
ondear la bandera brasilera en un poblado de la frontera sur entre
Bolivia y Brasil por la resistencia del gobierno boliviano a
entregar sus yacimientos de hierro a una empresa brasilera ilegal en
Bolivia, que además no tenía licencia ambiental. Esta empresa había
planeado utilizar como combustible los bosques circundantes a una
tasa de 12750 has., por año.
Desde la nacionalización de los hidrocarburos bolivianos, es clara
la presión de la derecha, el gran capital y los terratenientes del
Brasil sobre el gobierno de ese país para que asuma una actitud dura
hacia Bolivia. De aquí es que las intervenciones públicas de Lula
referidas al caso boliviano aparentemente tratan de aplacar a la
derecha: “Si Bolivia insiste en tomar actitudes unilaterales, Brasil
va a tener que pensar en cómo hacer una cosa más dura.”. Lula
continúa llevando adelante y con firmeza los proyectos de
“integración” regional concebidos por el neoliberalismo, de los
cuales son parte las represas, e insistiendo en que Bolivia debe
tomar en cuenta que Brasil es un país muy grande.
La situación actual pareciera indicar que el proceso de destrucción
de la amazonía que tiene lugar desde hace un siglo, está ingresando
a un nuevo periodo que seguramente irá acompañado de renovados
discursos medioambientalistas e integracionistas. Sin embargo, este
periodo se caracteriza por una renovada agresividad del gran
capital. En fin de cuentas, el último siglo nos deja en claro que ha
sido y es el capital transnacional aliado a las élites nacionales,
el que se halla detrás de la continuada destrucción de la amazonía,
de su gente y de la paz en la región. Vemos asimismo que el
chauvinismo y la condescendencia de los gobiernos con estos
capitales no ha servido para sacar a sus países del subdesarrollo.
Volviendo a la cuestión de las represas, el tema ya ha adquirido una
importante difusión en el Brasil y en otros países. En medio de esta
situación resulta notoria la ausencia de la posición del gobierno
boliviano respecto al problema. A pesar de las negativas del Brasil
a responder a sus demandas de información, es hora de que el
gobierno asuma acciones en el plano internacional. |