Por Eduardo Martínez.
La película documental
¿Y Tú qué sabes? (What The
Bleep Do We Know?) lleva por fin a la gran pantalla un importante
debate filosófico y científico. Lo hace con lucidez, aunque no está
exenta de un cierto aire californiano que ha irritado a algunos
medios académicos.
Sin embargo, la película constituye un nuevo intento por acercar al
gran público las cuestiones sobre las que se está planteando una
profunda revolución cultural, surgida de los conocimientos sobre las
partículas elementales, englobados en lo que ha dado en llamarse la
Física Cuántica.
La Física Cuántica, tal como explicamos en otro
artículo, es una manera de
describir el mundo. Su campo de actuación es el de las partículas
elementales, que se desenvuelven de manera misteriosa para la
percepción ordinaria, ajenas a las leyes de los objetos físicos,
dando lugar a diferentes interpretaciones.
Dudas de realidad
La revolución cultural que se deriva de estos conocimientos tiene
que ver, sobre todo, con la naturaleza de la realidad. La tesis de
la película es que la realidad se reduce a la percepción y que la
percepción (a la que llamamos realidad) se forma por el efecto
combinado de pensamientos y emociones.
La consecuencia de esta tesis es que el sujeto es el artífice último
de lo real y que, cuando descubrimos la estrecha relación entre el
mundo interno de las personas y lo que acontece en su entorno,
alcanzamos la capacidad de alterar la realidad, una de las más
antiguas aspiraciones humanas.
El argumento sobre la estructura cuántica de la realidad se completa
en la película con recientes descubrimientos sobre el funcionamiento
del cerebro, capaz de reaccionar de la misma forma tanto respecto a
un objeto real como a otro imaginario, siempre que una emoción esté
asociada a estos procesos.
Este descubrimiento lleva a los protagonistas a proponer una mayor
atención a los procesos de pensamiento y a la profundización en las
emociones, al considerar que una revisión profunda del interior
humano puede ayudar a comprender mejor el mundo que nos rodea y a
hacerlo más habitable y confortable. Y, sobre todo, mucho más feliz.
Dos críticas
Las críticas que ha recibido la película tienen dos dimensiones. Una
se refiere al rigor de los descubrimientos comentados, que si por
una parte de la comunidad científica se consideran consistentes, por
otra parte no están completamente aceptados como ciertos.
La película está articulada en torno a una protagonista que busca
sentido a su vida, a la que acompañan en su experiencia una serie de
expertos de diferentes disciplinas: física, neurología, psiquiatría,
filosofía, medicina, biología, teología, explicando conocimientos
relativos a la experiencia de la protagonista, Amanda (Marlee Matlin).
Los argumentos que los diferentes expertos exponen en la película
están documentados en muchos casos, pero en otros aspectos son más
débiles. La fragilidad de algunas de las exposiciones de la película
está bien recogida en un
artículo de Wikipedia.
Además, según
Popular Science, uno de los
expertos entrevistados, David Albert, profesor en la Universidad de
Columbia, considera que las declaraciones suyas que aparecen en la
película son incompletas y que están distorsionadas.
Aspectos metafísicos
Otra dimensión de la crítica se refiere a los aspectos metafísicos,
que están deliberadamente entremezclados con los planteamientos
científicos. Lo más grave es que la película no desvela su estrecha
relación con la
Ramtha School of Enlightenment,
que pretende la iluminación de las personas a partir de una serie de
prácticas que no están basadas en el conocimiento científico.
No se trata de negar a esta escuela el derecho a realizar las
películas y documentales que mejor estime y que pretenda su máxima
divulgación, sino que es una obligación moral dejar constancia a los
posibles públicos de la inspiración que está detrás del documental.
Es lo que se echa en falta y lo que explica ese aire próximo al
movimiento cultural de la
New Age que refleja la
película.
Fuente: www.tendenciascientificas.net