El Código Da Vinci

Una novela con muchas verdades

 

La última cena - Leonardo Da Vinci

Por Julio Carreras (h)
Un amigo me ha enviado cierto artículo. Lleva como título “El Hecho y su contexto”, con una volanta abajo: “La estafa de El Código Da Vinci: un best-seller mentiroso”. Está firmado por Pedro J. Ginés Rodríguez, presumiblemente publicado por algún periódico en España, sin especificar.
El envío no es arbitrario. Sucede que él concurrió a la disertación de un panel, en donde se reflexionó sobre parte de mi obra literaria. En ese contexto, Amalia Beatriz Domínguez dijo, aproximadamente, que la novela Bertozzi, publicada en Italia hacia 1996 *, se sostenía sobre un presupuesto ideológico semejante al de El Código Da Vinci.  Con generosa solidaridad, se quejó también de que pese a ello mi novela permanece en el anonimato, mientras que la de Dan Brown se ha convertido en un libro vendido por millones.
Por mi parte creo que la novela de Dan Brown aporta numerosos conceptos verdaderamente valiosos, para quienes estudiamos los fenómenos religiosos con el ánimo sincero de descubrir la verdad. Los enumeraré de un modo cronológicamente inverso:

1) La leyenda del Santo Grial alude simbólicamente a la saga de una notable progenie Europea, los merovingios, cuyos integrantes serían descendientes directos de Jesús.

2) Por lo tanto Jesús habría sido casado. Su esposa habría sido María Magdalena, quien luego de la crucifixión de su marido, habría sido trasladada a Europa por los apóstoles, más precisamente a la Galia, desde donde prolongaría la descendencia sagrada.

3) Jesús no habría sido “el Hijo de Dios”, sino un profeta del “verdadero culto sagrado”, en cuyo centro reinaba una deidad femenina. En este credo, María Magdalena actuaba como Suma Sacerdotisa.

Considero sumamente interesantes estos conceptos, porque resumen concepciones barajadas de un modo confuso durante siglos, a través de múltiples vertientes religiosas. Que se convirtieron en esotéricas debido a la feroz persecución suscitada, desde el sector que gradualmente fue consolidándose en el poder de la Iglesia Católica. El mérito de este resumen tampoco es de Brown, como descubriría después, también gracias a la ayuda de Amalia Beatriz Domínguez, con quien nos une además de múltiples afinidades espirituales la búsqueda sincera de la verdad, desde muchos años atrás. Juntos descubrimos, hace apenas unos días, El Enigma Sagrado, libro publicado en
español hacia 1985. Bajo una idea de Henry Lincoln, guionista de la BBC, Richard Leigh, novelista, y Michael Baigent, licenciado en psicología, todos expertos en temas relacionados con el Grial, se construyó este libro que roza las 500 páginas. En él se desarrolla, sobre bases documentadas cuidadosamente, la historia que en sus conceptos básicos difundirá luego la hoy muy leída El Código Da Vinci. Hasta el nombre de su personaje principal, Sauniére, el curador jefe del Museo del Louvre y Gran Maestre de una orden secreta, la que custodia el Santo Grial, es el mismo de un personaje real, Sauniére, cura de fines del XIX, quien efectúa un misterioso hallazgo en su parroquia, ubicada en una bella zona montañosa habitada otrora por cátaros y templarios. Esto no quita mérito, según mi modesto entender, a El Código Da Vinci, pues resume de un modo esquemático y medular los conceptos largamente desmenuzados y sostenidos con abundantes citas, mapas y fotografías en El enigma sagrado. La rápida digestibilidad de la novela permite, parecidamente a los buenos videos de Carl Sagan, acceder a un conocimiento que de otro modo podría quedar algo desdibujado, en un libro tan extenso y minucioso como el anterior.
Pues bien, en esta Carta a las amigas y amigos que integran esta congregación espontánea, propongo dividir nuestro análisis en dos partes: primero, los argumentos esenciales de la novela -y por ende, de su sostén ideológico, El enigma sagrado -. Segundo, las argumentaciones del articulista Ginés Rodríguez, que considero una reacción visceral, desde el extremo simétricamente opuesto a la postura conceptual mantenida por los autores de ambos libros.
Comencemos con el tema de la supuesta descendencia de Jesús.

Rey de Israel

Según las líneas históricas reconstruidas en base a documentos -pero principalmente a imaginación- (1) por los autores mencionados, María Magdalena, luego de la muerte de Jesús, habría sido llevada secretamente hacia Europa por un selecto grupo de apóstoles. Ésta, conformada bajo expresas directivas de Jesús, habría estado conducida por Lázaro y José de Arimatea. Su misión sagrada era preservar a la sacerdotisa, María Magdalena, por entonces embarazada, y su progenie. Hasta el momento oportuno, en que se suscitaran las condiciones necesarias para restablecer el reino de la estirpe legítima de la Casa de Israel, que Jesús representaba, por sus dos líneas genealógicas ascendentes. En tal sentido, dicen los autores de El enigma sagrado:
“El evangelio de Mateo afirma explícitamente que Jesús era de sangre real: un rey
auténtico, heredero por línea directa de Salomón y David. Si esto es verdad, disfrutaría de
un derecho legítimo al trono de una Palestina unida, y puede incluso que gozara del derecho legítimo. Y la inscripción que se hizo en la cruz sería mucho más que una simple burla sádica, pues Jesús sería de veras el «rey de los judíos». En muchos sentidos, su posición sería análoga a la de, pongamos por caso, el príncipe Carlos Estuardo en 1745. Y, por ende, engendraría la oposición que engendró exactamente debido a esta condición: la de rey sacerdote que tal vez unificaría a su país y al pueblo judío, con lo que representaría una seria amenaza tanto para Herodes como para Roma”.
De tal manera, la ejecución infamante de este príncipe de Israel no habría sido, como pretende la tradición sinóptica, un hecho religioso inducido por los hebreos, sino un acto político, considerado imprescindible por el Imperio Romano, para sostener su poder ante el adversario más importante que tuviesen durante toda su dominación. En tal sentido continúan argumentando Lincoln y sus compañeros, para demostrar que existía una genuina “familia real” con legítimo derecho a reclamar la devolución del trono de Israel.
“Según todas las crónicas del Nuevo Testamento -dicen Leigh, Lincoln y Baigent-, Jesús era del linaje de David y, por ende, también miembro de la tribu de Judá. A ojos de los benjamitas esto le convertiría, al menos en cierto sentido, en un usurpador. Sin embargo, una objeción de esta índole habría quedado superada de haber contraído Jesús matrimonio con una mujer benjamita.
“Un matrimonio de esta clase hubiera constituido una importante alianza dinástica, una alianza cargada de importancia política. No sólo habría proporcionado a Israel un poderoso rey-sacerdote, sino que, además, habría cumplido la función simbólica de devolver Israel a sus propietarios originales y legítimos. De esta manera habría servido para estimular la unidad y el apoyo del pueblo, aparte de consolidar el derecho al trono que pudiera poseer Jesús.
“[...] Jesús sería un rey-sacerdote del linaje de David que poseía un derecho legítimo al trono. Consolidaría su posición mediante un matrimonio dinástico simbólicamente importante. Luego estaría en condiciones de unificar a su país, movilizar al pueblo tras él, expulsar a los opresores, deponer a su marioneta abyecta y restaurar la gloria de la monarquía tal como era bajo Salomón. Un hombre así habría sido verdaderamente «rey de los judíos».” (2)
Pues bien, en esta línea de razonamiento, la preservación de la estirpe de Jesús sería necesaria para el establecimiento del “Reino de Dios” sobre la Tierra, cuando se presentara otra oportunidad adecuada (la primera habría sido durante la vida de Jesús). Esta segunda oportunidad, según el criterio sustentado por estos libros, bien podría haber sido el período de las Cruzadas. Allí, un maduro ejército cristiano se vuelca de un modo irresistible sobre el Israel histórico. ¿Y quiénes serían el núcleo central de esta gigantesca aventura, a la vez en el plano militar tanto como en lo espiritual? Los Templarios. En ellos -así como en una misteriosa orden secreta, autora de todos los trazamientos políticos fundamentales- se encontrarían jugando papeles claves los descendientes directos de Jesús, quienes habrían constituido, desde sus orígenes, a la noble estirpe merovingia. Prueba contundente de tal razonamiento sería la elección de Godofredo de Bouillon -y a su temprana muerte la de su hermano, Balduino I-, como reyes de Jerusalén.
De tal manera, durante el deslumbrante aunque precario reinado europeo sobre Palestina -1099-1187-, se habría cumplido, pues, una nueva etapa de este repetido intento: colocar toda la tierra bajo “un genuino y directo representante de Dios”.
Esta aseveración, subyacente en los escritos del Enigma Sagrado, más directamente sugerida en El Código Da Vinci resulta seductora para una mentalidad romántica y algo cándida. Como lo son las de la gran mayoría de los humanos en el mundo, en esto no se diferencian sustancialmente las razas. Sin embargo presenta una gigantesca debilidad conceptual. Es que las narraciones evangélicas -tanto de los evangelios canónicos como la de los desestimados por el catolicismo- Jesús jamás predicó un reino de este mundo. Por el contrario, se identifica a las cuestiones políticas, económicas o sociales, como accesorios a la verdadera misión de los humanos sobre este mundo: perfeccionarse para la vida superior, esto es, espiritual, que podrá vivirse en plenitud, únicamente, luego de abandonar nuestro vehículo terreno, el cuerpo físico. Un anticipo de ella puede experimentarse, entregándose por completo a la vida espiritual, en comunidad. ¿Cómo es esto? Amando por igual a todos, y compartiendo todas nuestras posesiones con los demás. O sea, un tipo de convivencia que perfectamente podríamos llamar “comunismo”. Al parecer hasta el siglo III hubo muchos grupos de seguidores de Cristo que llevaron a la práctica de un modo eficaz tales preceptos, particularmente en Egipto y Grecia.
Por lo expresado, difícilmente podría haber interesado a Jesús promover el cuidado de “su semilla” -aun concediendo que hubiese sido casado- con el propósito de que nueve siglos después, hordas armadas con espadas de cinco kilos, mazas erizadas de púas y hachas, arrebataran, de un modo sangriento, a otras hordas semejantes, el dominio de un reino constituido meramente por objetos y tierras.

El complejo nord europeo

Otro aspecto menos sustentable pero de alto valor especulativo es que, aún concediendo un propósito de preservación dinástica y la pertenencia de Jesús y su esposa a una clase social de gran prosapia, resulta poco razonable que hayan elegido, para exiliarse, la Galia. ¿Con qué propósitos una familia noble, de educación refinada, buscaría fijar su nueva residencia en lo que entonces era considerado -con perdón de la palabra- “el culo del mundo”? Se conoce que los romanos -cultura reciente, para el período mencionado- despreciaban a los habitantes de toda la región ubicada a sus espaldas, lo mismo que los estadounidenses desprecian profundamente a los mexicanos. Para aquel entonces, la Civilización, la Cultura, las Artes, la Sabiduría trascendental, todos los elementos necesarios para un buen nivel de vida estaban ubicados principalmente en dos grandes regiones: Egipto y Babilonia. Los mismos griegos -cultura antigua y exquisita- rendía tributo a la tradición cultural asiática, como lo más elevado que podía encontrarse en el mundo por aquellos tiempos. Así Cleopatra y su corte -que no eran egipcios sino griegos, descendientes de las casas nobles que acompañaron a Alejandro- había adoptado totalmente la civilización egipcia como propia.
Siguiendo una lógica pedestre se puede argumentar que el exilio de la noble Magdalena y su corte en tierra europea, constituye algo semejante a decir que Máxima Zorreguieta, en vez de casarse con un príncipe de Holanda, hubiera elegido para tal propósito a un hijo del presidente de El Salvador.
Puede esconderse, entonces, tras esta imaginativa construcción de una línea genealógica directa, que uniría a la nobleza merovingia -y más tarde a la teutona e inglesa por consanguinidad- con las más antiguas estirpes asiáticas, hasta el inicio mismo de la humanidad, puede haber aquí, decíamos, tal vez, la única necesidad de legitimar el derecho de franceses, ingleses, alemanes y nórdicos en general a la categoría de cultura superior.
Es muy notable en la literatura nord europea esta necesidad de dignificar hasta un nivel sublime lo que al parecer consideran -de un modo subconsciente- sus habitualmente feos orígenes. Así encontramos que autores tan sólidos y profundos como Mircea Eliade, o James G. Frazer, caen bajo este complejo de inferioridad subconsciente. Ambos pretenden equiparar, sutilmente, con los refinadísimos cultos antiguos -egipcios, suméricos- a ritos burdos y primitivos, como los manifestados por las tribus bárbaras, que habitaban las regiones heladas de Dinamarca o los alpes europeos. Así, la adoración de feos montículos de piedra -Eliade- o el custodio criminal de una lagunita entre los riscos -Frazer- son colocados, argumentativamente, en categorías semejantes a los complejos sistemas teológicos, desarrollados alrededor de religiones como las de Isis y Osiris, el culto a Astarté, o los antiguos dualismos babilónicos. Es casi seguro que la predicación de Jesús fue una brillante coronación de todas las antiguas tradiciones religiosas orientales mencionadas, pero no es nada seguro de que esta haya tenido continuidad precisamente en las tradiciones religiosas europeas. Mas dejaremos este hilo de nuestra reflexión aquí, para no alejarnos de los temas centrales.

Estado civil de Jesucristo

El segundo tema, la vida en pareja de Jesús, tiene para nuestro gusto una particular benevolencia. Si Jesús hubiese sido casado, ello echaría por tierra de una vez para siempre la espantosa penumbra de pecaminosidad con que se mancilló históricamente a las relaciones sexuales en nuestra cultura cristiana (y también en la musulmana, en gran parte derivada de la cristiandad).
De haber resultado Jesús un hombre casado -como se sostiene con argumentos muy convincentes en El enigma…- las relaciones humanas podrían cambiar extraordinariamente. Bajo la perspectiva de que la sexualidad y el amor de pareja no son cuestiones sucias, destinadas a practicarse en zonas umbrías y no sin un dejo de culpabilidad, sino parte de la sagrada enseñanza transmitida por nuestro mayor Maestro, la gente podría quitarse de encima una lápida que motivara, durante siglos, gran parte de los mayores padecimientos ocurridos sobre la Tierra. Tan es así que grandes filósofos como Wilhelm Reich atribuyeron a los conflictos psicológicos de la sexualidad el origen de una fracción inmensa de la energía social desordenada que se canaliza, luego, a través de las grandes guerras. El nazismo, según Reich, sería un ejemplo paradigmático de la sublimación, errónea, de inmensas acumulaciones de energías, existentes en el pueblo alemán debido a la gravitación poderosa de los complejos sexuales.
Por nuestra parte, una muy traumática experiencia en tales campos nos ha convencido de que la sexualidad es sólo un aspecto -aunque sumamente central- de las necesidades naturales de los humanos, que en su conjunto podrían configurarse dentro de aquel pilar esencial de nuestra condición humana, genéricamente denominado Amor. ¿Por qué ha sido confinado al calabozo de martirio, adonde lo condujeron las culturas de casi todas las razas que habitan la Tierra? Me pregunto esto casi desde la infancia y hoy -a los 55 años, cumplidos el 19 de agosto- no hallé respuesta clara aún.
El matrimonio de Jesús, entonces, podría inducir un giro benéfico y altamente purificador en nuestra convicción cristiana, pues daría a la concepción natural de la vida una justificación divina, de otro modo puesta en duda por un celibato sacerdotal cuya necesidad no nos cierra.
Dos pasajes del Evangelio de Felipe sostienen esta idea. Los transcribimos a continuación:

“36. Había tres mujeres llamadas María, quienes caminaban con el Señor Jesús todo el tiempo: su madre, su hermana y la Magdalena, la que es llamada su pareja. Así fue que su Madre, Hermana y Pareja, (las tres) se llamaban «María».”

Y:

“59. La sabiduría que los humanos llaman estéril, es la Madre de los Ángeles. Y la pareja de Cristo es María Magdalena. El Señor amaba a María más que a todos los demás discípulos, y él la besaba a menudo en su boca. Él abrazaba también a las otras mujeres, mas estas le dijeron: ¿Por qué la amas a ella más que a todas nosotras? |
A esta pregunta, Jesús responde:  |“¿Por qué no las quiero de la misma manera que la quiero a ella?... Cuando alguien que está ciego y uno que ve están ambos juntos en la oscuridad, no hay diferencia entre uno y el otro. Pero cuando llega la luz, el que posee sus ojos sanos verá la luz, y el ciego permanecerá en la oscuridad” (NHC II.3.63.32ff) (Robinson 1977: 138).

La divinidad de Jesús

Por último, la divinidad de Jesús. Tal concepto resulta finalmente sujeto a lo que vulgarmente suele mencionarse como “cuestión de fe”. En El enigma sagrado y El Código Da Vinci se bosquejan alternativamente dos teorías: la de que Jesús no sería portador de el Espíritu Divino, como difundieron las doctrinas sobrevivientes de la raíz cristiana, sino tal papel lo habría cumplido María Magdalena, su sacerdotisa. Ella, después de la crucifixión habría continuado con su función central, esta vez para llevar al por entonces nuevo continente (Europa bárbara) “el Grial”. Este no sería otro que su propio vientre, donde albergaría, como en un santificado cántaro, la progenie del Señor.
La otra versión -aunque expresada con gran timidez- habla de que podría no haber existido una crucifixión. Tal ruptura no se habría verificado en la vida de la pareja sagrada, pues antes de que algo semejante ocurriese, habrían emigrado juntos al sitio ya mencionado. Esta versión nos habla de un Jesús anciano, regando apaciblemente su huerta en el Languedoc, hacia el sur de Francia, hasta el final de sus años.
No resulta coherente ninguna de las dos versiones, aún dentro de un contexto únicamente esotérico (es decir, basado en textos antiguos y tradiciones usualmente no aceptados como válidos por el cristianismo institucional). Pues de un modo unánime las religiones antiguas consagran como Verdadero Dios a una categoría de existencia muy superior a lo alcanzable por cualquier tipo de razonamiento humano. De ningún modo podría asignarse un género determinado a tales tipos de deidades, pues, debido a que este requisito puede cumplirse solamente por criaturas de un nivel inferior, como seríamos los humanos, animales o plantas. En todo caso, a modo simbólico, las religiones antiguas referencian a deidades andróginas en donde confluirían, de un modo armónico, ambas fracciones de la existencia terrenal, esto es, lo por nosotros llamado “femenino” con “lo masculino”.

El Opus Dei

Vemos ahora el artículo de Ginés Rodríguez. Lo que según nuestro modesto criterio suscita su fuerte reacción, es el ataque hacia el catolicismo que entrañan muchas de las afirmaciones del Da Vinci -y su base de sustentación conceptual, El enigma sagrado. Estas son, por cierto, excesivas, motivadas por el etnocentrismo, en parte (3), en parte por necesidades dramáticas llevadas hasta la truculencia. Con tal presupuesto los obispos y miembros de la curia son presentados como una sospechosa elite, plutocrática, mientras a los miembros del Opus Dei directamente se los presenta como especie de monstruos de psicología tortuosa, fundamentalistas, de un modo que resultan ser un verdadero peligro social. Se entiende entonces la reacción de un católico practicante, como evidentemente lo es el autor del mencionado artículo. Pero por lo general sus argumentos son menos sólidos que los utilizados por quienes ataca.
Nos ocuparemos aquí únicamente de los relacionados con la Iglesia Católica y el Opus Dei -los más urticantes en la defensa ejercida por el articulista-, aunque todos los demás merecerían ser debatidos profundamente. Esta es una tarea que vamos a emprender, seguramente, pero en otra ocasión.
Sobre el primer tema Ginés Rodríguez adjudica irónicamente a los autores de El Código Da Vinci la siguiente intención conceptual: “La malvada Iglesia Católica inventada por Constantino en el 325 persiguió a los tolerantes y pacíficos adoradores de lo femenino, matando millones de brujas en la Edad Media y el Renacimiento, destruyendo todos los evangelios gnósticos que no les gustaban y dejando sólo los cuatro evangelios que les convenían bien retocados.”
Debemos decir que si bien Constantino “el Grande” no inventó el catolicismo, sí fue el factor determinante para su organización y consolidación como parte del Estado, y como tal co gobernante junto a los más poderosos de la Tierra. Esto no puede negarse, pues lo hallamos suficientemente documentado hasta en los mismos textos católicos. La Historia de los Papas, de Joseph Gelmi, impresa por la editorial católica Herder, dice, en las biografías de Milcíades y Silvestre I, Papas durante Constantino (fragmentos):

“Constantino otorgó al obispo Milcíades su gran finca del Laterano (Letrán), que fue la residencia de los papas hasta finales del siglo XIV. Allí hizo también el emperador construir la primera de las grandes basílicas de Roma, que más tarde recibió el nombre de San Juan de Letrán.”

“[...]Dante [...]escribió (de Silvestre I) en su Divina Comedia: «¡Ah, Constantino! Semilla de corrupción sembró, no tu bautismo, sino el don del que disfrutó el primer padre rico». [...] Aunque la donación de Constantino sea una ficción, lo cierto es que el emperador mejoró la situación material del obispo romano. Y no podemos dejar de referirnos al hecho de que Constantino levantase en 325 sobre la tumba de San Pedro una iglesia de 5 naves, en la colina vaticana.” (4)
Notemos que esto lo escribe un autor que proclama, en el prólogo: “...el papado fue instituido por Jesucristo, cuando le dijo a Pedro: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella.»”
El artículo sostiene más adelante: “En la novela el maquiavélico Opus Dei trata de impedir que los héroes saquen a la luz el secreto: que el Grial son los hijos de Jesús y la Magdalena y que el primer dios de los «cristianos» gnósticos era femenino”.
Nos detendremos apenas un poco más sobre el gnosticismo, aquí simplificado por el periodista.
Dice Giner Rodríguez: “Mientras que los evangelios canónicos son del s.I, ningún texto gnóstico es anterior al s.II. Muchos son del s.III, IV o V. A mediados del s.II la Iglesia ya tenía claro que los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan eran los inspirados por el Espíritu Santo, y sólo dudaba en el canon de un par o tres de textos.”
Por el contrario, César Vidal Manzanares, licenciado en Derecho y Teología, traductor de varios de los manuscritos de Nag Hammadi, dice en el prólogo a su obra Los Evangelios Gnósticos:
“Hasta qué punto el gnosticismo había penetrado en el cristianismo a finales del siglo I y principios del II lo pone de manifiesto el hecho de que, si exceptuamos el Nuevo Testamento y los escritos judeocristianos, cabe afirmar que la primera literatura teológica cristiana y la primera poesía cristiana fueron obra de autores gnósticos.” Para sustentar aún más su afirmación cita a los siguientes textos: I.Quasten, Patrología, Vol. I, Madrid 1984, pp. 253 y ss.; R. M. Grant, La gnose et les origines chrétiennes, París, 1964, e íd. Gnosticism and Early Chistianity, Londres 1959.
Más adelante, el periodista español cuyo artículo analizamos afirma:
“Según los protagonistas de la novela, «durante trescientos años la Iglesia quemó en la estaca la asombrosa cifra de cinco millones de mujeres». Esta es una cifra repetida en la literatura neopagana, wicca, new age y feminista radical, aunque en otras webs y textos de brujería actual se habla de 9 millones. Los neopaganos necesitan una «shoah» propia. Cuando acudimos a historiadores serios se calcula que entre 1400 y 1800 se ejecutaron en Europa entre 30.000 y 80.000 personas por brujería.”
El mismo argumento de quienes defienden a la dictadura militar de Videla en la Argentina: “no fueron 30.000 los desaparecidos... apenas 5.000, según los historiadores “serios”.
Por lo demás, aparte de las numerosas y horribles pruebas sobre las acciones de la inquisición, documentadas por la historia y que incluso motivaron una autocrítica del papa actual, citaremos sólo al pasar documentación propia:
“...los nativos emplean pócimas con yuyos y plantas que abundan en la zona, con los cuales curan tanto heridas del alma como del cuerpo que sólo conocen los curanderos o “brujos”, como los llamarían los sacerdotes. Esos nativos eran conocedores del Cosmos; tenían miedo al trueno, al relámpago, creyendo que sus dioses estaban enojados. El gobernador del Tucumán, Don Ramírez de Velazco, conocedor de esas supersticiones, debe tomar medidas drásticas para combatirlas. Y ordena que 50 “brujas” o “hechiceras” sean quemadas vivas, en la hoguera, en la localidad de Sumampa, al sur de la provincia.” [de Santiago del Estero] (5)
El mismo libro consultado, presenta otro testimonio:
[...]...el siguiente documento, existente en el Archivo Histórico de la Provincia de Santiago del Estero:
“En la causa criminal que de oficio de la Justicia que ante mi Juzgado pende contra Juana Pasteles, India del pueblo de Tuama por las muertes del Indio Pedro y de su marido y del Indio que confiesa del pueblo de Guaipe natural del Salado que dichas muertes ejecutó con el mal arte de hechisos y encántos que por las pruebas y su confesión consta contra la dicha Juana Pasteles, visto los autos y méritos del proceso y además que ver se debe:
“Fallo que haciendo Justicia debo condenar y condeno a la dicha Juana Pasteles en pena de muerte para la cual será sacada de la cárcel pública y prisiones y montada sobre una bestia con albarda con soga al cuello y llevada públicamente por las calles públicas de esta ciudad con voz de pregonero que manifieste su delito hasta el lugar del suplicio extramuros donde se le dará que naturalmente muera. Y estándolo será quemada en una oguera que para el objeto se prebendará para ello que su dicho cuerpo encenizado se reduzca debajo de custodia en condigna pena de su delito. Y por esta mi sentencia definitivamente juzgando asi pronuncio y mando y firmo. Dn. Juan de Paz y Figueroa.” (6)
Bajo el subtítulo “Gnosticismo al servicio del feminismo radical”, el autor de la crítica a El Código Da Vinci se pregunta y contesta, parafraseando satíricamente al novelista Dan Brown:
“¿Por qué el mundo va tan mal, hay guerras, violencia y contaminación? La respuesta del feminismo radical y de El Código Da Vinci es sencilla, la culpa es del cristianismo, que es machista”
Algunas respuestas sobre el Opus Dei y el mencionado machismo parecen surgir en parte de algunos párrafos que copiaremos a continuación.
Una señora, con quien mantuve correspondencia, afirmó al respecto en una carta que mantengo en mi archivo (fragmentos):
“[...] Conozco bastante bien al opus (estoy casada con un ex agregado de la prelatura)[...] Mi visión es que el opus es como una iglesia dentro de la Iglesia, una suerte de estado dentro del Estado. Tiene sus propias reglas y su catecismo; hay cosas que un católico común y corriente puede hacer que ellos no se les permite, por ejemplo: adoptar niños que no se sepa su
procedencia o que se sospeche que son «ilegítimos» (aberración jurídica felizmente desterrada hace muchísimos años de nuestro derecho civil). Los numerarios y agregados (miembros célibes) no
pueden ser padrinos de bautismo ni asistir a los casamientos de sus hermanos, salvo a saludar a la salida de la ceremonia. Divorciarse y aún anular religiosamente el matrimonio es causal de
expulsión (se permiten hasta estar por encima del Tribunal eclesiástico) [...]
Otra persona, también relacionada de cerca con el Opus Dei, me dice en carta personal lo siguiente:
“Acordate el caso de la periodista que publicó las fotos de las torturas de Irak, la echaron del empleo y entró en lista negra porque se consideró que violó un secreto de Estado y puso en riesgo la seguridad nacional.
“Luego cuando los videos y todo el material salieron en todos los medios del mundo, recién reconocieron que hubo «exceso» y se tomarían medidas contra los torturadores. Son tremendos, tienen una doble moral permanente. Y aunque USA es un país de tradición protestante, te cuento que el jefe de la CIA es del opus. Cuando lo descubrieron hizo lo que hacen todos ellos, lo negó a muerte, pero cuando se hizo demasiado evidente...dijo que sí que era miembro pero que eso no era ningún pecado ni tenía nada de malo; que él era católico práctico y que la santa sede reconocía al opus como prelatura particular.”
Algunos fragmentos del instructivo para sacerdotes del Opus Dei:
“Siempre se ha vivido, hasta en el detalle más pequeño, esa distancia —cincuenta mil kilómetros— entre los varones y las mujeres de la Obra, sin consentir nunca, por ningún motivo, la más pequeña excepción a este principio tan claro del espíritu del Opus Dei; y esto se aplica, con más rigor si cabe, a los sacerdotes.
Nuestro Padre comentó alguna vez que prefería que sus hijas murieran sin los últimos sacramentos —porque estaba cierto de que aun así morirían como unas santas—, a que los sacerdotes fueran sin necesidad a los Centros de mujeres.
[...]El que celebra Misa en un Centro de mujeres no desayuna allí, salvo cuando no puede tomarlo en otro sitio y va a continuar después varias horas en ese Centro; en este caso, se le deja preparado el desayuno corriente.
[...] Si por alguna circunstancia un seglar de la Obra lleva a un sacerdote, en coche, a un Centro de mujeres, lo deja en un sitio próximo. De todos modos, esto será muy raro, puesto que, en la medida de lo posible, todos los sacerdotes saben conducir automóvil.
En los Centros de mujeres, cuando la vela al Santísimo comience por la noche, después de cenar, es mejor que vayan dos sacerdotes para hacer la Exposición del Santísimo, si es posible. Pero si es preciso desplazarse a un lugar lejano del propio Centro, o pasar por zonas de la ciudad de ambiente peligroso, resulta más prudente que los sacerdotes no acudan a hacer la Exposición.
En estos casos, es suficiente con que la vela se haga abriendo la puerta que oculta la de cristal del sagrario.
[...]Para llevar la comunión a una enferma, fuera de un Centro de mujeres, hace el trayecto ordinariamente acompañado de otra persona: mejor, un pariente próximo de la enferma. Si esto no es posible, en vez de acudir solo en taxi, va con él un miembro de la Obra —llevando
el coche, o acompañándole en el taxi— hasta la puerta de la casa. Como es natural, allí habrá siempre otra persona: la madre, alguien de la Obra, etc.
Cuando predican a mujeres, los sacerdotes evitan cualquier comentario —por ejemplo, anécdotas, o datos sobre la labor— que haga referencia al apostolado de los varones.
[...]Para administrar el sacramento de la Penitencia a una persona enferma que guarda cama, o que, sin guardar cama, la enfermedad o la edad muy avanzada le impide salir de su casa, se deja completamente abierta la puerta de la habitación. El confesor se coloca a la distancia conveniente de la cabecera, y procura comportarse con especial gravedad, recordando que los sacerdotes, sin rarezas ni brusquedades, han de distinguirse, más por su prudencia y su sentido sobrenatural, que por su amabilidad en el trato.
A una mujer que, sin guardar cama, tiene algún impedimento físico para acudir al confesionario, se le puede atender excepcionalmente en la sacristía o en una sala de visitas. En ese caso, se utiliza siempre una rejilla portátil y, desde luego, la puerta de la habitación se deja completamente abierta.
[...] si alguna penitente consulta a un sacerdote joven algún problema moral que exija tratar esas materias con detalle, le exige, amablemente, que se limite a lo que es
indispensable para la confesión, y la remite a un sacerdote anciano, si desea descender a otros detalles. En el caso de que la penitente insista en hablar sobre esos aspectos, se negará con firmeza, llegando a interrumpir la confesión, si es preciso.
Los sacerdotes de la Prelatura atienden charlas de dirección espiritual de mujeres sólo en el confesionario. Bajo ningún pretexto admiten conversaciones en otro lugar.” (7)
Por mi parte, continuaría desarrollando algunos aspectos de los numerosos asuntos que surgen de la lectura de estos dos libros y de la respuesta (una de cientos suscitada por estas obras, particularmente El Código…). Mas por respeto al tiempo de mis amigos, por ahora sólo me despido, con la esperanza de que el hiato en nuestras comunicaciones no sea esta vez tan largo como el tiempo transcurrido desde nuestra Carta anterior.
Saludos muy afectuosos de

...un subalterno estudiante de la Sabiduría expresada por Cristo:

Luis Pinto 694 - Autonomía
Santiago del Estero, Argentina
Tel: 54 385 439 0793 (en casa)
54 385 422 0170 (en el campo, donde ahora trabajo de lunes a viernes).

Autonomía, Santiago del Estero, sábado 19 de septiembre de 2004
 

(1) Quiero dejar constancia que no considero a la imaginación un factor poco importante para el descubrimiento de la verdad. Precisamente fue debido a ella que grandes hallazgos científicos -como las ruinas de Troya, la gravitación de los planetas o la relatividad- fueron concebidas por sus autores. Una reflexión teológica de Luis Alonso Schökel y Juan Mateos, quienes dirigieron la traducción de la hermosísima Nueva Biblia Española, dice más o menos así (cito de memoria): “Dios sugiere a través de las narraciones bíblicas y los salmos que la imaginación es el instrumento esencial para el discernimiento de la Verdad en los planos espirituales”.
(2) El enigma sagrado. Michael Baigent, Richard Leigh and Henry Lincoln, 1982. The Holy Blood and the Holy Grail, publicado por Jonathan Cape Ltd., Londres, 1985. Traducción de Jordi Beltrán
publicada en 1985, por Ediciones Martínez Roca S.A., España. La edición consultada fue impresa en 1989 por Ediciones M.R. Argentina. Págs. 287-299.
(3) Así, los franceses son considerados sutilmente inferiores por un noble inglés (y por el mismo autor, salvo una muchacha rubia, heroína principal, que finalmente resulta producto de antiguas familias sajonas), al igual que españoles e italianos, y Langdon, héroe masculino de la novela, es una equilibrada mixtura de la tradición nord europea... de nacionalidad estadounidense.
(4) Joseph Gelmi. Los Papas. Retratos y semblanzas. Editorial Herder. Barcelona, España, 1986.
(5) Maximina Gorostiaga de Mema. El drama aborigen. Trabajo presentado en el Encuentro del Vº Centenario del Evento Colombino– Americano, organizado por la Sociedad Argentina de Historiadores, filial Santiago del Estero, Facultad de Humanidades, Universidad Nacional de Santiago del Estero, 17 al 19 de octubre de 1991. Luego editado en 1992, su segunda edición ampliada se procesa actualmente.
(6) Andrés Figueroa. Antiguos pueblos indios. Santiago del Estero, 1949
(7) Prelatura Opus Dei. Vademecum de Sacerdotes. Roma, 25-VI-87.
 

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El Código Da Vinci - Bajar la novela completa en formato PDF

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* Bertozzi - Nouvelle - ESI  S.A., Milán - Roma - Nápoles, 1999. Versión en italiano.

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