Editorial

Miseria de la información

30 de enero de 2006


Los dueños de periódicos suelen ser, en los pueblos chicos, dueños también de carnicerías o supermercados. En las metrópolis como Nueva York o Miami, principales accionistas de grandes fábricas de autos, relojes o teléfonos celulares. No periodistas. Entonces, sus criterios "informativos" están relacionados no con la difusión de noticias veraces, sino con vender o hacer "buenos negocios".
Así se alían con los que pueden brindarles beneficios económicos y difunden lo que conviene a sus aliados en primer lugar. No importa si es mentira o verdad. Un ejemplo paradigmático en la prensa española es la mentira publicada con titular catástrofe en primera plana por el diario El País, culpando a ETA de los horrendos atentados del 11M sólo porque esta mentira convenía a Aznar.
De la misma repugnante manera actúan hoy millares de pequeños y grandes "medios de comunicación" en el mundo entero, cuando califican de "terroristas" por ejemplo a Hamas o Hizbollah. Esto significa éticamente vomitivo cuando se tiene en cuenta la criminalidad de la "Ley patriótica" norteamericana, autorizando al Hitler contemporáneo para atacar en cualquier lugar del mundo a todo aquél que su insanía repute como "terrorista".
No importa el "juicio de la historia" si alguna vez llega, algo dudoso pues hoy más que nunca nos encontramos bajo peligro cierto de destrucción total. Estas millares de personas que colaboran de manera consciente con el crimen se han condenado a sí mismas ya. Con una amarga pena: la miseria interior y el deshonor.
 

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