|
Por General Leonid Ivashov *
Gentileza del Centro de Estudios Estratégicos Suramericanos - Córdoba
Argentina
El general Leonid Ivashov era el jefe del
Estado Mayor de las fuerzas armadas rusas en el momento de los atentados del
11 de septiembre de 2001. Este militar, que vivió los hechos desde dentro,
nos ofrece un análisis muy diferente al de sus colegas estadounidenses. Al
igual que en su intervención ante la conferencia Axis for Peace 2005, nos
explica en estas líneas que el terrorismo internacional no existe y que los
atentados del 11 de septiembre fueron un montaje.
@DIN
Lo
que estamos viendo no es más que un terrorismo manipulado por las grandes
potencias y no existiría sin ellas. Afirma que, en vez de fingir una «guerra
mundial contra el terrorismo», la mejor manera de reducir los atentados se
encuentra en el restablecimiento del derecho internacional y la cooperación
pacífica entre los Estados así como entre sus ciudadanos.
Como lo demuestra la situación mundial, el terrorismo |
 |
aparece allí donde se exacerban las
contradicciones, donde se produce un cambio en las relaciones sociales o un
cambio de régimen, donde aparece una inestabilidad política, económica o
social, donde se libera algún potencial agresivo, donde aparece la
decadencia moral, donde triunfan el cinismo y el nihilismo, donde se
legaliza el vicio y donde prolifera la delincuencia.
Es la globalización la que crea las condiciones para esos fenómenos
extremadamente peligrosos. Es en ese marco que se produce el nuevo trazado
del mapa geoestratégico mundial, que se redistribuyen los recursos del
planeta, que se deshacen las fronteras de los Estados, que se hace pedazos
el derecho internacional, que se borran las particularidades culturales, que
la vida espiritual se empobrece...
El análisis de la esencia del proceso de globalización, y de las doctrinas
políticas y militares de Estados Unidos y de ciertos países, prueba que el
terrorismo contribuye a concretar un dominio mundial y la sumisión de los
Estados a una oligarquía global. Eso significa que el terrorismo no es un
ente independiente de la política mundial sino simplemente un instrumento,
un medio para instaurar un mundo unipolar con un centro único de dirección
mundial, un pretexto para borrar las fronteras nacionales de los Estados e
instaurar el dominio de una nueva élite mundial. Precisamente esa élite
constituye el tema clave del terrorismo mundial, es su ideólogo y su
«padrino».
El blanco principal de la élite mundial es la realidad natural, tradicional,
cultura e histórica, es el sistema existente de relaciones entre Estados, el
orden mundial nacional y estatal de la civilización humana, es la identidad
nacional.
El terrorismo internacional actual es un fenómeno que combina el empleo del
terror por parte de estructuras políticas estatales y no estatales como
medio de alcanzar sus objetivos políticos mediante la intimidación, la
desestabilización social y sicológica de la población, la anulación de la
voluntad de resistencia de los órganos del poder y la creación de
condiciones propicias para la manipulación de la política del Estado y la
conducta de sus ciudadanos.
El terrorismo es el arma utilizada en un nuevo tipo de guerra. Al mismo
tiempo, el terrorismo internacional, en contubernio con los medios de
difusión, se convierte en el sistema de gestión de los |
|
procesos
globales. Es precisamente la simbiosis entre los medios y el terror lo que
crea las condiciones que permiten imprimir giros a la política internacional
y modificar la realidad existente.
Si analizamos en ese contexto lo sucedido el 11 de septiembre de 2001 en
Estados Unidos, podemos llegar a las siguientes conclusiones:
1. Los organizadores de aquellos atentados son los círculos políticos y los
círculos de negocios que tenían interés en desestabilizar el orden mundial y
disponían de los medios necesarios para financiar la operación. La
concepción política de ese acto maduró allí donde aparecieron tensiones en
la administración de los recursos –financieros y de otro tipo. Hay que
buscar las razones de los atentados en la coincidencia de intereses del gran
capital a nivel transnacional y global, en los círculos que no están
satisfechos con el ritmo del proceso de globalización o la dirección que
toma ese proceso.
A diferencia de las guerras tradicionales cuya concepción determinan
políticos y generales, los iniciadores fueron esta vez oligarcas y políticos
sometidos a éstos.
2. Únicamente los servicios secretos y sus jefes actuales o en retiro –pero
que mantuvieron influencia dentro de las estructuras estatales– tienen la
capacidad de planificar, organizar y dirigir una operación de tal
envergadura. Generalmente son los servicios secretos quienes crean,
financian y controlan las organizaciones extremistas. Sin apoyo de los
servicios secretos ese tipo de estructuras no puede existir –y mucho menos
efectuar acciones de tal envergadura dentro de países particularmente bien
protegidos. Planificar y realizar una operación de esa escala es
extremadamente complicado.
3. Osama bin Laden y «Al Qaeda» no pueden ser ni organizadores ni
ejecutantes de los atentados del 11 de septiembre. No disponen ni de la
organización requerida para ello ni de los recursos intelectuales o los
cuadros necesarios. Por consiguiente, hubo que crear un equipo de
profesionales y los kamikazes árabes son figurantes utilizados para
enmascarar la operación.
La operación del 11 de septiembre modificó el curso de los acontecimientos
en el mundo en la dirección que habían escogido los oligarcas
internacionales y la mafia transnacional, o sea quienes aspiran a controlar
los recursos naturales del planeta, la red mundial de información y los
flujos financieros. Esa operación favoreció también a la élite política y
económica de Estados Unidos que aspira también a la dominación global.
La utilización del término «terrorismo internacional» apunta a los
siguientes objetivos:
• Enmascarar los verdaderos objetivos de las fuerzas desplegadas a través
del mundo en la lucha por la dominación y el control;
• Desviar los reclamos de los pueblos hacia una lucha de objetivos
indefinidos contra un enemigo invisible;
• Destruir normas internacionales fundamentales, alterar la concepción de
términos como: agresión, terror estatal, dictadura o movimiento de
liberación nacional;
• Privar a los pueblos de su legítimo derecho a la resistencia armada contra
la agresión y a la acción contra el trabajo de zapa de servicios extranjeros
de inteligencia;
• Establecer la renuncia a la defensa prioritaria de los intereses
nacionales, transformar objetivos en el plano militar mediante un
deslizamiento hacia la lucha contra el terrorismo, violar la lógica de las
alianzas militares en detrimento de una defensa conjunta y que favorezca la
coalición antiterrorista;
• Resolver problemas económicos mediante una fuerte imposición militar que
tome como pretexto la lucha contra el terrorismo.
Para luchar eficazmente contra el terrorismo internacional es necesario
tomar las siguientes medidas:
• Confirmar ante la Asamblea General de la ONU los principios de la Carta de
las Naciones Unidas y del derecho internacional como principios que todos
los Estados están obligados a respetar;
• Formar una unión geoestratégica de civilización (tomando quizás como base
la Organización de Cooperación de Shangai, en la que se agrupan Rusia,
China, Kazajstán, Kirguizistán, Tayikistán y Uzbekistán) con una escala de
valores diferente a la de los atlantistas; elaborar una estrategia de
desarrollo de los Estados, un sistema de seguridad internacional, otro
modelo económico y financiero (lo cual significaría asentar de nuevo el
mundo sobre dos pilares);
• Vincular (bajo la égida de la ONU) las élites científicas a la elaboración
y promoción de los conceptos filosóficos del Ser Humano del siglo XXI;
• Organizar la interacción de todas las confesiones religiosas del mundo, en
nombre de la estabilidad del desarrollo de la humanidad, de la seguridad y
del apoyo mutuo.
* El general Leonid Ivashov es
vicepresidente de la Academia de Problemas Geopolíticos. Fue jefe del
departamento de Asuntos Generales del Ministerio de Defensa de la Unión
Soviética, secretario del Consejo de Ministros de Defensa de la Comunidad de
Estados Independientes (CEI), jefe del Departamento de Cooperación Militar
del Ministerio de Defensa de la Federación Rusa. El 11 de septiembre de 2001
ocupaba el cargo de jefe del Estado Mayor de las fuerzas armadas rusas. |