Los dueños de la realidad

Por: Julio Carreras (h)
Una peligrosa trampa jurídica se cierne sobre los lectores de
internet. Es una programación de los sistemas operativos que
pretende imponerse desde los magnates mundiales de prensa, para
filtrar la información.
Un golpe de efecto espectacular para sustentarla fue dado hace unos
días con la condena de Google por haber reproducido sin autorización
noticias de dos diarios de internet. Google ha sido condenado con
multas millonarias por un tribunal belga, tras la denuncia de los
dos gigantes informativos del país "Le Soir" y "La Libre Belgique".
Se trata de un castigo "ejemplar" por haber reproducido información
de ambos diarios "sin permiso explícito de las compañías editoras".
Ahora, los magnates internacionales de la información anunciaron que
preparan un dispositivo técnico "que permitirá a los motores de
búsqueda por internet identificar las condiciones de uso de
contenidos sujetos a derechos de autor".
¿Qué significa, en la práctica? Que de ese momento en más, podrían
imponerse sistemas que impidan copiar información publicada en
diarios o revistas de internet para su reproducción en otros medios
alternativos.
"Se trata de evitar conflictos futuros entre los motores de búsqueda
y editores de periódicos, revistas y libros", aseguran los miembros
de la Asociación Mundial de Periódicos (AMP), el Consejo Europeo de
Editores (EPC), la Asociación Internacional de Editores (IPA) y la
Asociación Europea de Periódicos (ENPA).
El nuevo dispositivo, bautizado Protocolo Automatizado de Acceso a
Contenidos (ACAP), "funcionará como un marco para que los editores
expresen sus políticas de derechos de autor en un lenguaje que pueda
ser interpretado por los motores de búsqueda".
De hecho, este protocolo, colocará un muro delante de la información
que estos magnates consideren como su "propiedad privada".
Los más perjudicados, por cierto, serán los medios y periodistas
alternativos, que nos nutrimos cotidianamente de la información
provista por medios internet. Bajo este protocolo -y las leyes que
cada estado seguramente irá incorporando- empezaremos a correr el
riesgo de que nos enjuicien, por el sólo delito de... informar.
Para poner un ejemplo: hoy un buen periodista de internet encuentra
en el momento justo una información (supongamos: que un grupo de
trabajadores chinos incendió un galpón de Wall Mart). La noticia,
publicada media hora después de ocurrir en un medio chino, es
reproducida en primicia para el mundo occidental por nuestro
periodista. Pronto esta práctica habitual en los medios alternativos
podría convertirse en algo penalizable. Esto es, el diario chino
podrá iniciar acciones judiciales contra este periodista por haber
tomado esa noticia sin su autorización.
Esto nos coloca ante una pregunta clave: la Noticia... ¿tiene
dueños? La acción efectuada por ese grupo de trabajadores chinos,
¿pasa a convertirse en propiedad de una empresa periodística por el
sólo hecho de haber sido ellos los primeros en fotografiarla,
filmarla o consignarla en su medios informativos?
A diferencia de la creación artística, la información periodística
nunca se consideró genuinamente sujeta a "derechos de autor". Salvo
en el caso de los artículos editoriales, comentarios de opinión o
análisis de la noticia, donde sí interviene una particular
concepción del escritor. Por ello en el ámbito periodístico se
consideró absolutamente legítimo reproducir información de otros
medios citando las fuentes -por respeto a quien la obtuvo.
Otra ofensiva capitalista
Hasta mediados del año 2.000 el mundo de internet disfrutaba de una
gratificante libertad y se asemejaba en muchos aspectos a una
"sociedad comunista" virtual. Pese a las amenazas insinuadas desde
el momento mismo en que se popularizó la red -hacia 1996-, los
poderosos no habían atenazado a los internautas en prácticamente
ninguna de las telarañas jurídicas con que atormentan habitualmente
a la ciudadanía común. Esto es, leyes como algunas reguladoras del
agua, prohibiendo a los ciudadanos practicar un agujero en el patio
de su casa pues deben proveerse obligatoriamente de las empresas que
la comercializan en su región.
Leyes típicamente del capitalismo salvaje, que considera al mundo
como un coto de caza, donde los más fuertes tienen derecho a
reivindicar su propiedad sobre todo lo comercialmente utilizable.
Pero entonces surgió un grupo de magnates de la música grabada, en
Estados Unidos, iniciando juicio por daños, perjuicios y derechos de
autor a Napster. Napster era un programita inventado por un
estudiante universitario, que permitía sencillamente a cualquier
persona con una computadora poner a disposición de cualquier otra su
colección particular de temas musicales. Es decir, como si yo
dijera: "Bueno, en casa tengo centenares de discos que me parecen
maravillosos, dejo mi puerta sin cerrar, y si alguien quiere venir a
escuchar música, no lo impediré". El programa se convirtió en el más
popular de Estados Unidos a poco de haber aparecido por internet.
Pronto miles de personas pudieron acceder a una inusitada ampliación
de sus discotecas, incluso hallando temas musicales que habían
buscado por años sin poder obtenerlos, antes.
Esto motivó el primer escándalo de internet, impulsado por los
adalides de la propiedad privada. Según ellos, Napster les estaba
quitando una enormidad de clientes. Cada vez más personas preferían
acudir a internet antes que a las disquerías, para conseguir su
música.
Después de algunos forcejeos, incluyendo una gran repercusión
mediática, las empresas ganaron: Napster fue condenado a pagar una
multa millonaria e impedido de colocar su descubrimiento gratis a
disposición de los usuarios de internet.
En el ínterin habían surgido emuladores de Napster -el mejor, un
programita alemán, Audiogalaxy, que llegó a concitar la adhesión de
millones de internautas en el mundo entero. Audiogalaxy duró
aproximadamente hasta el 2002. También -pese a no ser estadounidense
-terminó siendo apagado por la maquinaria demoledora del capitalismo
internacional.
Los dueños de la realidad
El avance de los medios de información alternativos -en un proceso
dialéctico al renacimiento de los procesos revolucionarios- es hoy
el principal motivo de preocupación para los pulpos tradicionales de
la difusión. No tanto por una cuestión ideológica -aunque eso
subyace, ciertamente- sino pura y estrictamente comercial. Estos
tradicionales "propietarios" de la información -formadora de
opinión pública- comenzaron a verse gravemente amenazados en la
preferencia popular por otros medios recientes. La principal razón
de este cambio radica pura y casi únicamente en la cualidad de
informar verazmente que ostentan los nuevos medios alternativos.
A la parafernalia exhibida por los gigantes -camarógrafos en nube
sobre "el lugar de los hechos", alta tecnología, diseño
espectacular- los medios alternativos, despojados de recursos, se
presentaron ante la opinión pública con sus manos abiertas, desnudas
de aparatosidad, pero en ellas un fulgor claro: "les estamos
diciendo la verdad".
Así, cuando las grandes empresas mediáticas gritaban "Hay que
invadir Iraq, pues tienen armas que pueden poner en peligro a la
Comunidad Internacional", los medios alternativos afirmaban: "no hay
armas de destrucción masiva en Iraq". Y no lo hacían no sólo por
bienintencionados, sino sobre bases sólidas de información. ¿De
dónde las obtenían? Pues de internet.
Cuando los principales diarios de España dijeron sobre el horrible
atentado del 11 de Marzo que había sido la ETA -secundando una
odiosa jugada de Aznar para eludir su derrota en las urnas-, los
medios alternativos avisaron casi al instante que esto era una
falacia. Fue la primera vez que se verificó -de paso- el inmenso
poder que había adquirido internet: casi únicamente en base a la
información circulada por emails y medios alternativos, una
multitudinaria movilización desbarató la mentira organizada desde el
poder, obligando a los facinerosos a una desordenada marcha atrás.
Es esto lo que hoy se intenta evitar, desde los poderosos centros
económicos que ambicionan controlar todo lo que se mueve o repta hoy
por los vericuetos innumerables de la red.
La presentación del susodicho protocolo será el próximo 6 de octubre
en la Feria del Libro de Francfort. Se lo lanzará oficialmente a
finales de año, con un periodo de prueba previsto de hasta doce
meses. Como ha dicho ejemplarmente mi amigo Héctor Schmucler, los
dueños del capital saben con precisión pasmosa lo que sucederá: no
porque sean visionarios, sino "porque lo tienen programado".
El presidente de la AMP, Gavin O´Reilly, adelantó que "este sistema
pretende evitar completamente cualquier conflicto por derechos entre
los editores y los motores de búsqueda" y aseguró que con el ACAP
"se pretenden mejorar las relaciones entre unos y otros de una forma
equilibrada".
Se mostró convencido de que responde a la "creciente frustración de
los editores que siguen invirtiendo mucho en generar contenidos para
su uso y divulgación".
El presidente de EPC, Francisco Pinto Balsemao, se mostró convencido
de que ACAP "facilitará un mayor acceso a nuestros contenidos
publicados, al hacerlos más accesibles a los que quieran utilizarlos
y al prohibir la infracción de los derechos de autor y al proteger a
los motores de búsqueda de futuros litigios".
En lenguaje común, esto significa que de ahí en adelante, es posible
que las únicas "autorizadas" a difundir noticias sean las empresas
que cuenten con medios tecnológicos y respaldo institucional como
para abalanzarse sobre los hechos en el acto con el propósito de
apropiárselos y difundirlos -o no- a gusto y piacere cuando les
convenga.
Nosotros, como Diógenes ante la pregunta de Alejandro Magno ("qué
necesitas de mí"), respondemos una vez más: "sólo que te apartes del
sol". * Los medios alternativos no necesitamos de grandes
estructuras tecnológicas para informar, ni de capitales exuberantes.
Quienes practicamos esto, lo hacemos esencialmente por la convicción
de que decir la verdad puede contribuir soberanamente a que los
humanos vivamos en un mundo mejor. Solamente anhelamos que nos dejen
seguir abrevando, sin presiones, en lo que para los periodistas de
internet es "el sol": las fuentes mundiales de libre información.
* Diógenes estaba sentado una
hermosa mañana de invierno en la entrada de su modestísima caverna.
Pasó Alejandro Magno con su gran comitiva, desviándose pues quería
conocer al famoso filósofo.
Plantándose frente a él, proclamó desde el caballo:
-Soy Alejandro, el rey. Pídeme lo que quieras y te lo concederé.
-Pues no me atajes el sol -dijo Diógenes. |