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Sobre la lucha de los trabajadores
petroleros de la Patagonia
El sur... y después

Por Jorge Montero
Delegado petrolero, integrante de la Comisión Gremial Interna
de la Refinería de Shell en Dock Sud – Avellaneda.
La campaña de desinformación masiva impulsada por la prensa comercial
transformó el reclamo obrero del norte de Santa Cruz en un hecho
policial, abonando el camino de la represión estatal y la militarización
de los pozos para garantizar los beneficios de las multinacionales
petroleras.
Una tensa calma recorre el extremo norte santacruceño. Los
trabajadores regresaron a los yacimientos, pero sólo se trata de una
tregua inestable tras 18 días de duro conflicto, en los que los obreros
petroleros de Las Heras (a los que se sumaron los de Pico Truncado),
forzaron mediante huelgas, bloqueos a los accesos de los pozos y cortes
de ruta; un acuerdo con las empresas multinacionales del sector y los
gobiernos provincial y nacional.
La protesta de los trabajadores ya comenzó a dar sus frutos: El aumento
de la base del impuesto a las ganancias, que tritura sus salarios, se ha
instalado en la escena nacional y desde el Ejecutivo han comprometido
cambios a la brevedad. Más de 250 trabajadores de la construcción que
realizan tareas en los yacimientos (mano de obra más barata), han sido
incorporados al convenio petrolero bajo el principio de “igual trabajo,
igual salario”. Las empresas se hacen cargo del pago de los días caídos.
Pero aún quedan por resolver otros reclamos:
La instrumentación de la Zona 1 (la más desfavorable) en el norte de
Santa Cruz, que implica un 47% de incremento salarial para los
petroleros de la Cuenca del Golfo de San Jorge. También queda pendiente
la exigencia de una jubilación con 25 años de servicio sin límite de
edad y con el 82% móvil de salario.
Tras esperar infructuosamente que el Sindicato de Petróleo y Gas Privado
de Santa Cruz que los agrupa se pusiera al frente de sus demandas, los
trabajadores resolvieron en asamblea iniciar acciones de protesta por
fuera de la conducción sindical y fueron ganando la adhesión de los
pobladores de la zona, lo que originó una situación incontrolable para
los estamentos estatales y empresarios.
La provocación no podía demorarse
Cualquier cuestionamiento al diseño de concentración de la renta
hidrocarburífera, la misma que genera para Repsol, Pan American Energy y
Vintage Oil ganancias netas en la región de hasta 7.600 pesos por minuto
(¡¡!!!), aún cuando sea en el nimio aspecto de los costos laborales,
para las empresas privilegiadas, implica la generación de un clima de
intimidación y represión de la protesta.
La justicia servil de la provincia de Santa Cruz siempre ha sido
partícipe de los desalojos violentos y del encarcelamiento de los
luchadores sociales, y la policía provincial, muy lejos de la exaltada
defensa ensayada por el presidente Kirchner, es el brazo ejecutor de
esta política. Ejemplos sobran: En septiembre de 2004 fueron
encarcelados dirigentes de los desocupados del norte santacruceño por
reclamar trabajo en la planta de almacenaje y despacho de Termap y en el
municipio de Caleta Olivia, donde hay policías denunciados por apremios
ilegales y torturas que incluyen la acusación de haber provocado la
pérdida del embarazo de una trabajadora desocupada. Nuevamente, en julio
de 2005, la policía detuvo a 47 desocupados tras una brutal represión
cuando reclamaban trabajo a las petroleras de Cañadón Seco. Un mes
después en un operativo conjunto con gendarmería, ejecutaron una
verdadera cacería de dirigentes sociales en Caleta Olivia. Como dato
aleatorio, vale aclarar que se trata de la misma fuerza policial que en
octubre pasado se autoacuarteló en reclamo de mejoras salariales, ahora
no dudó en reprimir a los dirigentes de la huelga petrolera.
Sobre la medianoche del 6 de febrero, Mario Navarro, el vocero de los
trabajadores, fue detenido cuando comunicaba los objetivos de la
protesta en una radio local y trasladado a la comisaría de Las Heras.
Advertidos por la noticia, más de un millar de obreros y vecinos se
movilizaron espontáneamente para reclamar la libertad del delegado
encarcelado, siendo recibidos con balas y gases lacrimógenos por la
policía. Pero ante la fuerza y la masividad de la pueblada se vieron
desbordados y obligados a liberar a Navarro. En la refriega, que provocó
heridas a una treintena de personas, fue herido el policía Jorge Sayago,
quien falleció poco después en Comodoro Rivadavia.
Montada la provocación, se puso en marcha el entramado represivo: Poder
Ejecutivo, garrote policial y persecución sindical. El Ministerio del
Interior despachó casi 300 efectivos de gendarmería nacional a Las Heras.
“Esta protesta se manchó con la muerte de Sayago”, afirmó Mario Navarro.
El título del diario Clarín en su edición del 8 de febrero (“Violento
reclamo salarial: un muerto”), no deja dudas sobre cuál es la respuesta
que demandan del gobierno las clases dominantes. Contener el reclamo
salarial (en momentos en que los trabajadores recibimos sólo el 25% del
ingreso nacional, pero aportamos más del 50% del total de la recaudación
del Estado), mediante un escarmiento ejemplar sobre los petroleros de
Santa Cruz para disciplinar al conjunto del movimiento obrero.
El punto de partida
La historia de la propiedad en el sur argentino tiene dos signos: la
sangre y la libra esterlina. Tierras arrebatadas a las poblaciones
indígenas en la Campaña del Desierto, el ejército incorporó la Patagonia
al Estado entre 1850 y 1880, y luego procedió a su reparto.
En 1920 la producción fundamental de Santa Cruz era la cría de ovejas
para la exportación de carne y lana, proveedora de la industria textil
británica. La faena se realizaba en la costa entre enero y junio en los
frigoríficos Swift de Río Gallegos y San Julián, y Armour de Puerto
Santa Cruz; la esquila desde fines de septiembre hasta bien entrado el
verano.
Al duplicarse los precios de la lana y de la carne de oveja entre 1914 y
1919, el dinero corría en abundancia en Santa Cruz. La prosperidad
fortaleció el poder de los terratenientes como Menéndez Behety, Braun o
Noya; y de compañías como The Monte Dinero y San Julián Sheep Farming
Company o el Banco de Tarapacá. También trajo brazos que no encontraban
ocupación en el centro y norte del país, y en las estancias y
frigoríficos recalaron hombres de trabajo llegados de Europa.
Los enormes latifundios, el monopolio del comercio y el transporte, el
aislamiento y la ausencia de organización sindical, hacían que hasta
1920 la fijación de salarios, la forma de pago, las brutales condiciones
de trabajo, la contratación y el despido de personal, se realizaban de
acuerdo exclusivamente a la conveniencia y voluntad de estancieros y
gerentes ingleses.
La creación de la “Sociedad Obrera”, un movimiento masivo que
rápidamente contó con más de 1.700 peones y obreros adherentes,
construida sobre la base de un programa de reivindicaciones vino a
quebrar el orden latifundista. Trabajadores que demandaban que “en cada
pieza de 4 por 4 metros no dormirán más de tres personas; la luz será
por cuenta de los patrones debiendo entregar a cada trabajador un
paquete de velas semanalmente. (...) El sábado a la tarde será única y
exclusivamente para lavar la ropa los peones (...)”, durante 1920 y 1921
lanzaron importantes huelgas por todo el territorio.
El presidente Hipólito Yrigoyen, solícito ante los airados reclamos
patronales, envió tropas del ejército para “terminar con los elementos
agitadores y extraños al elemento obrero”. Así fue como el 10°
Regimiento de Caballería “se cubrió de gloria”, limpiando los campos
santacruceños y recibiendo aplausos entusiastas de los miembros de la
Sociedad Rural y la Liga Patriótica.
Más de 1500 obreros y peones fueron baleados a mansalva, fusilados o
degollados (en Las Heras fueron ejecutados Juan Font “Facón Grande”, uno
de los líderes de la huelga, y otros cientos de trabajadores), y otros
600 permanecieron presos acusados de sedición armada. La organización
obrera fue deshecha. Los latifundistas aprovecharon para rebajar los
salarios de los peones de 120 a 80 pesos, y de los ovejeros de 140 a 100
pesos.
En enero de 1922 el ejército dio por terminada la “pacificación”. En
medio de tanta quietud, el viento de la estepa santacruceña se llevó los
restos de centenares de muertos, mal cubiertos por las piedras.
Hasta 1946 no se firmó convenio colectivo de trabajo alguno en
territorio patagónico. Para entonces, ya se había descubierto petróleo
en el Golfo de San Jorge, primero en Caleta Olivia y más tarde en Pico
Truncado.
El negocio del petróleo
En 1992 el trámite del desguace y privatización de YPF tuvo un
entusiasta apoyo del entonces gobernador de Santa Cruz, Néstor Kirchner,
quien como reconocimiento del tándem Menem-Cavallo, recibió más de 500
millones de dólares en concepto de regalías atrasadas, que fueron
inmediatamente giradas a bancos del exterior... y aún no han regresado.
Además de la irrupción de Repsol, varias empresas estadounidenses
llegaron a la región: las más conocidas, Slumberger y Halliburton, la
compañía vinculada al vicepresidente de George Bush, Dick Cheney, pero
abandonaron rápidamente el territorio cuando se desplomaron los precios
internacionales del crudo en 1996.
Su retirada produjo despidos masivos, y el pueblo de Las Heras fue uno
de los más golpeados. Pasó de más de 15 mil habitantes a menos de 7 mil.
Toda la región quedó devastada por la pobreza, la miseria y la
desocupación. Entre agosto de 1998 y enero de 2000 hubo 22 suicidios de
adolescentes, sucesos que retrató la periodista Leila Guerrero en el
libro “Los suicidas del fin del mundo”; se trataba de un grito de
advertencia ante la falta de futuro.
Hoy la situación es la contrapuesta. Con el valor del petróleo en uno de
sus récords históricos, la actividad repuntó y varias multinacionales
volvieron a radicarse en el norte santacruceño con un elemento adicional
a su favor: la devaluación de 2002 redujo sensiblemente el costo
laboral, volviendo el negocio aún más rentable para las petroleras y sus
metrópolis. Sin embargo, para los trabajadores, la precariedad es su
forma de vida. La industria petrolera es una máquina de
desestabilización de la existencia obrera. Los operarios, empleados y
profesionales vienen a Las Heras con contratos basura, por tiempo
determinado, jornadas interminables con temperaturas que llegan hasta
los 20° bajo cero, en turnos rotativos, van dejando sus marcas. Precario
el empleo, precarios los vínculos familiares, precaria la vida. Al mismo
tiempo, el Estado provincial de Santa Cruz obtiene más de 740 pesos por
minuto en concepto de regalías petroleras, cifra con que ayer Kirchner y
hoy Acevedo mantienen su aparato de clientelismo estatal.
Mientras la Cuenca del Golfo San Jorge se ha transformado en la más
productiva de todo el país, más de 25 mil metros cúbicos de petróleo
diarios, las multinacionales Repsol, Pan American Energy, Vintage Oil y
las tercerizadas empresas de “servicios petroleros” como Dolland,
Metrapet-Serpecom, Indus o Argentina 2000, agrupadas en la Cámara de
Empresas de Servicios Petroleros, exigen al Estado que endurezca la
respuesta a huelgas y cortes de ruta de trabajadores y habitantes de la
zona. “Es hora de cortar con este círculo de protesta”, alertan.
La fractura sindical
“Navarro es comunista y nosotros peronistas. Acompañamos al compañero
Kirchner desde 1987. Yo creo que han ido más allá de los límites estos
cabecillas, grupo de asesinos que no se conformaron con matar un policía
sino que siguieron avanzando con las muertes”.
Héctor Segovia, secretario general del Sindicato de Petroleros de Santa
Cruz, 09/02/05.
Declaraciones como las que preceden estas líneas, defendidas por toda la
dirigencia sindical petrolera, son la manifestación inequívoca del
cierre de todo un ciclo de conciliación de clases que nació hace ya más
de 60 años y que amarró a los sindicatos al Estado y a las patronales.
Durante décadas el movimiento obrero se expresó políticamente en el
peronismo. La cooptación masiva de los asalariados por el populismo
burgués, bajo la apariencia de un salto político de los trabajadores,
representó una trampa histórica que enajenó por un largo período la
potencia revolucionaria del proletariado (que expresaba su poderosa
fuerza de clase a través de los sindicatos). La experiencia de
sistemáticas frustraciones minó paulatinamente al peronismo como
dirección reconocida y confiable para la masa trabajadora y,
simultáneamente, creció el sentimiento de rechazo hacia una burocracia
que sobre la base de privilegios, crímenes y delaciones, se afirmó como
agente de las ideas patronales en el seno de la clase trabajadora.
Todo un largo proceso de disgregación y parálisis del movimiento obrero
está culminando hoy con la reaparición de los trabajadores en la lucha
social, por fuera y en contra de las estructuras sindicales hoy
profundamente debilitadas.
Los trabajadores petroleros han sabido amalgamar la lucha
institucionalizada a través del sindicato y la democracia directa
(medidas como el paro, la asamblea y el bloqueo a los accesos de los
yacimientos con el boicot a la extracción de crudo), con el corte de
ruta y la negociación con las empresas y el Estado; acciones que van
perfilando la autonomía obrera.
La convulsa situación ha fracturado la otrora poderosa Federación
Argentina Sindical de Petróleo y Gas Privado (FASPyGP). Los sindicatos
patagónicos de Santa Cruz, al frente del cual se encuentra el
kirchnerista Héctor Segovia, Chubut con Mario Mansilla aliado
incondicional del gobernador Mario Das Neves, y Neuquen del caudillo
Guillermo Pereyra (ex ministro de Trabajo de Jorge Sobisch), de la mano
de Hugo Moyano, disputan los favores de las multinacionales
petroleras... y sus cuantiosos recursos.
El resto de los sindicatos, arrinconados, fugan hacia delante y tratando
de recuperar protagonismo, lanzan desde Mendoza la consigna: “Kirchner
2007, Petroleros y Gas Privados Argentinos”.
Pero tanto unos como otros actúan como voceros privilegiados de los
pulpos petroleros, tomando en sus manos el trabajo sucio: denunciar a
los trabajadores, aislar la lucha y así derrotar los reclamos obreros.
Panorama abierto
La larga mano de las multinacionales ha conseguido que el Estado
militarice los yacimientos del norte santacruceño. Cientos de gendarmes
en los pozos o patrullando las calles de Las Heras; operativos de
requisa conjuntamente con fuerzas policiales, portando armas de fuego en
los campos petroleros, en violación a las más elementales normas de
seguridad; con personas extrañas que dicen ser de la Brigada de
Investigaciones, que se trasladan en autos con vidrios polarizados y sin
patente, amedrentando a las familias de los activistas, impidiendo la
realización de asambleas de trabajadores en las empresas.
El cuerpo de delegados que encabezó la huelga se ha declarado en estado
de alerta, demandando la inmediata restitución de los derechos
democráticos de los trabajadores y el inmediato retiro de gendarmes y
policías de Las Heras.
La realidad confirma que las multinacionales petroleras sólo tienen por
objetivo explotar hasta el agotamiento nuestros recursos del subsuelo y
llevarse las abultadas ganancias.
Pero durante todo 2005 fueron innumerables los paros, movilizaciones y
cortes de ruta de trabajadores petroleros, estatales y docentes, obreros
de la construcción, pesqueros y mineros del carbón, desocupados de Santa
Cruz, dispuestos a exigir trabajo, mejores salarios y condiciones
laborales; cuestionando con su accionar el esquema vigente de
apropiación de la renta petrolera.
Hoy más que nunca, la lucha por la recuperación del petróleo, el control
de la producción y la comercialización de un producto clave para
edificar una Argentina próspera e igualitaria, está en manos de los
trabajadores.
e-mail: jorgem53@yahoo.com.ar |