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Por Susana Merino / @din
Y
si bien una golondrina no hace verano tampoco resulta demasiado obvio que
hayan desaparecido del horizonte o hayan dejado de existir o se mantengan
más bien cautelosamente ocultas, las poderosas fuerzas de una reacción
dispuesta a reaparecer bajo el cautivante disfraz del progresismo, el
socialismo o la democracia participativa, cuyos objetivos simulan aceptar.
Basta escuchar o leer cualesquiera de los discursos preelectorales de la
emergente nueva izquierda latinoamericana para imaginar de buena fe que la
revolución está a la vuelta de la esquina, discursos que comienzan a ser
sensiblemente morigerados apenas concretado el triunfo electoral. Y no es
que crea que líderes como Lula o Tabaré que han dedicado toda su vida a
construir la fuerza que los ha llevado al gobierno sean capaces de cambiar
automática y radicalmente sus propias convicciones decidiendo traicionar a
sus mandantes.
Existen ya demasiados ejemplos como para no tratar de buscar la presencia de
un denominador común en casi todos los gobiernos de los países de este
continente y pareciera que comienzan a perfilarse otros nuevos en su seno
como en el Perú y en el entorno inmediato México y Nicaragua que generaron y
siguen generando expectativas optimistas. Pero... es interesante tratar de
descubrir de qué manera el verdadero poder sigue estando “detrás del trono”
y en muchos casos sin el menor disimulo.
Acaso ¿no está concluyendo ya un nuevo período la Concertación chilena,
pregonada como de inspiración socialista mientras se sigue maltratando y
encarcelando a los mapuches, mientras se siguen permitiendo las
explotaciones auríferas contaminantes y destructoras de los ecosistemas
cordilleranos que son la base de la pequeña economía agraria de algunas
regiones, mientras se sigue privilegiando la salmonicultura en gran escala y
la pauperización de los pueblos pesqueros del sur y Chile sigue siendo uno
de los países del continente con más desigual distribución de la riqueza?
Y ¿en Brasil? Con cuántas encendidas expectativas se festejó el triunfo de
Lula y sin embargo... ¿cuánto logró durar esa euforia? No resulta fácil
encontrar explicaciones coherentes a tantos desvíos, ¿Hambre Cero, donde
estás? ¿Radicación de campesinos? ¿Donde la reforma agraria? ¿Dónde la
defensa de la codiciada Amazonia cuya deforestación ya ha producido cambios
dramáticos en los regímenes de lluvias que alimentan sus otrora caudalosos
cursos de agua? ¿Es posible creer que el presidente Da Silva haya sufrido
una amnesia repentina y no recuerde casi ninguna de sus promesas
electorales?
Y mucho más recientemente... a menos de un año de haber asumido el gobierno,
el presidente de la República Oriental del Uruguay, contrariando todas sus
promesas sigue autorizando la instalación de empresas de producción de
celulosa y no papeleras como se suele decir con tecnologías probadamente
contaminantes, prohibidas en sus países de origen y motivo de un severo
conflicto con sus vecinos argentinos, por hallarse radicadas junto a un
recurso hídrico compartido, sobre el que por consiguiente no tiene
jurisdicción absoluta e inconsultamente firma un acuerdo de libre comercio
con ... los EEUU!, ignorando a sus socios del MERCOSUR.
Próximamente asumirá Evo Morales en Bolivia. Nuevamente, otra vez,
auspiciosas expectativas, esperanzados vientos de equidad y de
reconocimiento hacia los secularmente sometidos pueblos originarios. Habrá
que esperar para ver si el nuevo mandatario puede escapar a los imperativos
generales de la ley.
Y “last but not least” en la Argentina luego de dos años de gobierno del
Presidente Kirchner es difícil imaginar si el errático rumbo de sus
decisiones guarda alguna relación con los contenidos de sus siempre
encendidos discursos nutridos aun de promesas electorales que
sistemáticamente contradicen sus actos.
Mientras tanto es cierto que los movimientos populares, la concientización
de la gente viene creciendo, sin pausa, y consolidando su convencimiento de
que sin un mayor y más permanente grado de participación será imposible
revertir las actuales condiciones socioeconómicas en que se hallan
sumergidos grandes estratos de la población. Pero ¿quién puede participar si
todos y cada uno, jóvenes y viejos, mujeres y hombres y hasta niños se
hallan sometidos al extenuante quehacer cotidiano cuando no a la búsqueda
permanente de una diaria y apenas mínima subsistencia?
Pareciera evidente que no solamente por la vía de la flexibilización de las
leyes laborales que han impuesto horarios extenuantes sino también a través
de la inestabilidad ocupacional y el fantasma del desempleo se desalienta e
impide esa participación literalmente fomentada. Que por supuesto se acepta,
se estimula, se impulsa en teoría pero se impide en la práctica de varias y
diferentes maneras. Además ¿cómo se puede esperar que alguien luego de
jornadas agobiadoras pueda encontrar la fuerza necesaria para encarar nuevas
tareas aunque sean comunitarias y lleven el sello del beneficio colectivo?
En síntesis: “Adelante con la participación popular pero... las condiciones
las fijamos NOSOTROS”
Adónde están esos NOSOTROS que no tienen la cara de Lula, de Tabaré ni
siquiera del mismísimo Bush que no es sino la marioneta máxima de este
sistema de imposiciones que nada tienen que ver con la voluntad popular.
¿Los pueblos quieren gobiernos progresistas que les llenen la cabeza de
ilusiones y de falsas promesas? Pues bien, ahí los tienen. Se superó la época
de los sables, y los tanques en las calles, NOSOTROS también hemos
progresado y hemos descubierto armas mucho más sutiles para seguir
ejerciendo nuestra irrenunciable voluntad. Los pueblos no han encontrado
todavía nuestro talón de Aquiles y seguimos siendo invulnerables detrás de
nuestras torres de marfil, la OMC, el Club Bilderberg, el G8, el Imperio....
Además tenemos otra gran ventaja a nuestro favor, las autodenominadas
izquierdas, los movimientos progresistas son sólo un variopinto conglomerado
de organizaciones, de partidos, de iniciativas barriales imposibles de
cohesionar, son rehenes de la atomización y cuando encuentran el denominador
común que puede llegar a permitirles una cierta congruencia no pueden evitar
las disputas por los liderazgos que inevitablemente terminan en rupturas
irreconciliables. NOSOTROS no padecemos esos males, talvez por aquello de
que “La unión hace la fuerza” o porque nuestros objetivos son claros y si
alguna vez invocamos el derecho a la libre competencia es sólo cuando nos
manifestamos “pour la galerie” y exclusivamente para los demás.
NOSOTROS somos los demiurgos de la historia y salvo escasas excepciones,
llámense Chávez o Castro que por otra parte confirman la regla, y tampoco
nos preocupan demasiado hasta que los pueblos no descubran cual es el
secreto de nuestra fortaleza, seguiremos dominándolos y usufructuando las
riquezas de este continente.
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