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¿Es cierto que Latinoamérica se mueve en el sentido correcto?

Si recorremos a vuelo de pájaro el mapa del continente, nuestra primera impresión es que efectivamente quedaron en la historia los golpes de estado militares que asolaron nuestros territorios y masacraron hace algo más de tres décadas a sus jóvenes y contemporáneas generaciones y aunque casi no queden dudas de que aquellas aventuras dictatoriales hayan sido largamente sepultadas no ha faltado en estos días un general uruguayo intentando reinstalar su recuerdo con amenazantes y trasnochados pronósticos.

Por Susana Merino / @din

Y si bien una golondrina no hace verano tampoco resulta demasiado obvio que hayan desaparecido del horizonte o hayan dejado de existir o se mantengan más bien cautelosamente ocultas, las poderosas fuerzas de una reacción dispuesta a reaparecer bajo el cautivante disfraz del progresismo, el socialismo o la democracia participativa, cuyos objetivos simulan aceptar.
Basta escuchar o leer cualesquiera de los discursos preelectorales de la emergente nueva izquierda latinoamericana para imaginar de buena fe que la revolución está a la vuelta de la esquina, discursos que comienzan a ser sensiblemente morigerados apenas concretado el triunfo electoral. Y no es que crea que líderes como Lula o Tabaré que han dedicado toda su vida a construir la fuerza que los ha llevado al gobierno sean capaces de cambiar automática y radicalmente sus propias convicciones decidiendo traicionar a sus mandantes.
Existen ya demasiados ejemplos como para no tratar de buscar la presencia de un denominador común en casi todos los gobiernos de los países de este continente y pareciera que comienzan a perfilarse otros nuevos en su seno como en el Perú y en el entorno inmediato México y Nicaragua que generaron y siguen generando expectativas optimistas. Pero... es interesante tratar de descubrir de qué manera el verdadero poder sigue estando “detrás del trono” y en muchos casos sin el menor disimulo.
Acaso ¿no está concluyendo ya un nuevo período la Concertación chilena, pregonada como de inspiración socialista mientras se sigue maltratando y encarcelando a los mapuches, mientras se siguen permitiendo las explotaciones auríferas contaminantes y destructoras de los ecosistemas cordilleranos que son la base de la pequeña economía agraria de algunas regiones, mientras se sigue privilegiando la salmonicultura en gran escala y la pauperización de los pueblos pesqueros del sur y Chile sigue siendo uno de los países del continente con más desigual distribución de la riqueza?

Y ¿en Brasil? Con cuántas encendidas expectativas se festejó el triunfo de Lula y sin embargo... ¿cuánto logró durar esa euforia? No resulta fácil encontrar explicaciones coherentes a tantos desvíos, ¿Hambre Cero, donde estás? ¿Radicación de campesinos? ¿Donde la reforma agraria? ¿Dónde la defensa de la codiciada Amazonia cuya deforestación ya ha producido cambios dramáticos en los regímenes de lluvias que alimentan sus otrora caudalosos cursos de agua? ¿Es posible creer que el presidente Da Silva haya sufrido una amnesia repentina y no recuerde casi ninguna de sus promesas electorales?

Y mucho más recientemente... a menos de un año de haber asumido el gobierno, el presidente de la República Oriental del Uruguay, contrariando todas sus promesas sigue autorizando la instalación de empresas de producción de celulosa y no papeleras como se suele decir con tecnologías probadamente contaminantes, prohibidas en sus países de origen y motivo de un severo conflicto con sus vecinos argentinos, por hallarse radicadas junto a un recurso hídrico compartido, sobre el que por consiguiente no tiene jurisdicción absoluta e inconsultamente firma un acuerdo de libre comercio con ... los EEUU!, ignorando a sus socios del MERCOSUR.

Próximamente asumirá Evo Morales en Bolivia. Nuevamente, otra vez, auspiciosas expectativas, esperanzados vientos de equidad y de reconocimiento hacia los secularmente sometidos pueblos originarios. Habrá que esperar para ver si el nuevo mandatario puede escapar a los imperativos generales de la ley.

Y “last but not least” en la Argentina luego de dos años de gobierno del Presidente Kirchner es difícil imaginar si el errático rumbo de sus decisiones guarda alguna relación con los contenidos de sus siempre encendidos discursos nutridos aun de promesas electorales que sistemáticamente contradicen sus actos.
Mientras tanto es cierto que los movimientos populares, la concientización de la gente viene creciendo, sin pausa, y consolidando su convencimiento de que sin un mayor y más permanente grado de participación será imposible revertir las actuales condiciones socioeconómicas en que se hallan sumergidos grandes estratos de la población. Pero ¿quién puede participar si todos y cada uno, jóvenes y viejos, mujeres y hombres y hasta niños se hallan sometidos al extenuante quehacer cotidiano cuando no a la búsqueda permanente de una diaria y apenas mínima subsistencia?

Pareciera evidente que no solamente por la vía de la flexibilización de las leyes laborales que han impuesto horarios extenuantes sino también a través de la inestabilidad ocupacional y el fantasma del desempleo se desalienta e impide esa participación literalmente fomentada. Que por supuesto se acepta, se estimula, se impulsa en teoría pero se impide en la práctica de varias y diferentes maneras. Además ¿cómo se puede esperar que alguien luego de jornadas agobiadoras pueda encontrar la fuerza necesaria para encarar nuevas tareas aunque sean comunitarias y lleven el sello del beneficio colectivo? En síntesis: “Adelante con la participación popular pero... las condiciones las fijamos NOSOTROS”

Adónde están esos NOSOTROS que no tienen la cara de Lula, de Tabaré ni siquiera del mismísimo Bush que no es sino la marioneta máxima de este sistema de imposiciones que nada tienen que ver con la voluntad popular. ¿Los pueblos quieren gobiernos progresistas que les llenen la cabeza de ilusiones y de falsas promesas? Pues bien, ahí los tienen. Se superó la época de los sables, y los tanques en las calles, NOSOTROS también hemos progresado y hemos descubierto armas mucho más sutiles para seguir ejerciendo nuestra irrenunciable voluntad. Los pueblos no han encontrado todavía nuestro talón de Aquiles y seguimos siendo invulnerables detrás de nuestras torres de marfil, la OMC, el Club Bilderberg, el G8, el Imperio....
Además tenemos otra gran ventaja a nuestro favor, las autodenominadas izquierdas, los movimientos progresistas son sólo un variopinto conglomerado de organizaciones, de partidos, de iniciativas barriales imposibles de cohesionar, son rehenes de la atomización y cuando encuentran el denominador común que puede llegar a permitirles una cierta congruencia no pueden evitar las disputas por los liderazgos que inevitablemente terminan en rupturas irreconciliables. NOSOTROS no padecemos esos males, talvez por aquello de que “La unión hace la fuerza” o porque nuestros objetivos son claros y si alguna vez invocamos el derecho a la libre competencia es sólo cuando nos manifestamos “pour la galerie” y exclusivamente para los demás.

NOSOTROS somos los demiurgos de la historia y salvo escasas excepciones, llámense Chávez o Castro que por otra parte confirman la regla, y tampoco nos preocupan demasiado hasta que los pueblos no descubran cual es el secreto de nuestra fortaleza, seguiremos dominándolos y usufructuando las riquezas de este continente.

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