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 Testimonios 

Una Historia de Vida

Elsa Lopez de Posse

Con todo mi corazón, para los que amo.
Mamá.
 

Elena caminaba a paso ligero como lo hacia diariamente, a realizar trámites bancarios, tarea que hizo durante años para ayudar a su esposo y que después que este enfermó lo consideró su trabajo, sintiéndose bien, útil, y como corolario terminaba en la mesa de su bar habitual, rodeada de amigas, con las que conversaba, se ayudaban mutuamente y se ahorraban el sicólogo.
Esa hermosa mañana de primavera, en una esquina cualquiera, se encontró con una compañera de colegio secundario.
¡Elena!
¡María! Saludó esta con inmensa alegría al encontrarse con alguien que había compartido su adolescencia y sus sueños de niña enamorada que desde el primer año firmó Sra de...
Elena conoció a su marido a los 13 años, se casó a los 18 y llevan casi 40 años de casados, él es, fue y será el primer y

Pintura de Ana Erra

único amor de su vida.
Pero... volvamos al encuentro...
¿Cómo estás María? Tanto tiempo! ¿Cómo andan tus cosas?
María la miró con un poco de tristeza y le contestó, No muy bien! es bastante difícil llegar a los 60 años y no sentir el paso del tiempo, las arrugas, la menopausia y la depresión que nos causa que los hijos, se alejen del hogar para hacer su propia vida.
Elena la miró, la tomó de sus manos y esbozando una sonrisa le dijo: eso es todo lo que té pasa?
Tendrías que estar feliz, cumplir años y lucir con dignidad esas arrugas, que significan que vives, que gozas, que sufres y que cumpliste criando a tus hijos para que consigan sus logros, que siempre son los nuestros.
María la miró callada y al cabo de unos instantes la interrogó, ¿y tú? te ves fantástica, siempre alegre, con buenas ondas, positiva, se ve que todo te sonríe.
Elena, con lágrimas asomando en sus ojos color del tiempo, contestó: Voy a contarte parte de lo que me pasó, no para que sientas lástima, ni admiración, sino para que te sirva a tí a valorar lo que tienes, la felicidad o infelicidad depende de nuestra actitud de vida. Mi padre, que fue una de las personas que más amé, me enseñó, que los buenos momentos hay que disfrutarlos, pues los malos llegan aunque no los busquemos.
Te cuento... estos tres últimos años fueron muy difíciles para mí...
Mi esposo se enfermó gravemente, tú sabes lo que él significa para mí, sentí que mi vida se iba con él y se la ofrecí a Dios a cambio de la suya. María, no se si tú mantienes la fe que teníamos de adolescentes, pero puedo decirte que sin ella todo es más difícil, si tienes fe y amor todo es más sencillo, cuando amas, los sacrificios no son tales, tienes la fortaleza y la entereza que te ayudan a seguir adelante y aquí estoy viviendo cada día como si fuera ultimo, disfrutando del sol, la lluvia, los amigos, mi marido, mis hijos, mis nietos y agradeciendo a Dios por cada cosa que me da, sintiéndome una bendecida porque después de casi 40 años, cada vez que estoy en brazos de mi amado es como si fuera la primera vez. No temo a la vejez, ni pienso en ella, ni siquiera pienso mucho en mí, sólo trato de ser feliz cada día, dándome a los que están a mi lado y me necesitan, amando intensamente y regalando sonrisas a los que están tristes, prueba María y verás...
Después de su encuentro con María, Elena en sus momentos a solas, empezó a repasar su vida. Es la única hija mujer después de dos varones, fue tan deseada su llegada, en una helada noche de junio, que su papá, un alegre español, se emborrachó de alegría.
Su niñez transcurrió entre mimos y rodeada de una numerosa familia materna, con la cual compartían fines de semana en una quinta, con asado y mandarinas jugando con algunos de sus veinte primos, con paseos en bicicleta y cabalgando un viejo ruano, que mansamente aguantaba el maltrato de aquellos pequeños traviesos. Fue muy buena estudiante, cuando empezó la primaria, fue a estudiar piano y el año que recibió su título de maestra, se graduó de profesora de piano. Era los ojos de su padre y él para ella un ejemplo de hombre de bien, sencillo generoso, con un corazón tan grande que compartía todo con sus seres queridos, sus amigos, sus compañeros de trabajo, y todo aquel que necesitara ayuda tanto económica como espiritual. El dia que lo perdió, Elena tenía 35 años, estaba felizmente casada y con tres hermosos y buenos hijos, pero ese dia sintió que la mitad de su corazón se iba con ese gordo amado, él le había enseñado lo mejor que nos da la vida...el AMOR, así con mayúscula, sin egoísmo, con entrega total y desinteresada. Pero...él siempre está! Las personas que amamos quedan en nuestro corazón y en todos los recuerdos más preciados. Elena lo recuerda cada día, en los momentos de felicidad que querría compartirlos y en los de tristeza en los cuales lo evoca para que le de consuelo y fortaleza. Les conté que tiene tres hijos, dos mujeres y un varón, todos casados que le dieron siete hermosos nietos, fue abuela a los 42 años y no tuvo tiempo de enterarse que le llegaba la menopausia, la felicidad de tener en sus brazos a una tierna bebé, a la que paseaba diariamente para que su hija estudiara, la rejuvenecieron. Siempre tuvo una hermosa relación con su marido, así que nunca sintió el síndrome del nido vacío, los hijos fueron creciendo y formando el suyo propio y ella que había sido una madre siempre presente, que los llevó al colegio, al club, que compartió partidos de básquet, torneos de natación, cantos del coro, se encontró con un montón de tiempo para ella y fue entonces que empezó a colaborar a su marido haciendo las tareas administrativas, lo que le encantaba, pues si no se hubiera casado tan joven habría cursado alguna carrera afín. Los recuerdos de Elena van del pasado, al presente, entremezclándose según su estado anímico. Hoy vienen a su mente sus días de noviazgo, era tan solo una niña cuando entró a su vida ese grandote serio y antipático, compañero de uno de sus hermanos, que lo buscaba para pasear en la plaza principal de su ciudad, los domingos después de misa. Como su hermano era celoso, no la llevaba si algún amigo lo buscaba, así que quedaba vestida y sin salida cuando esto ocurría. De esa inicial antipatía nació la admiración, luego el amor, cuando lo veía sentía que se le salía el corazón por la boca, se le caían las medias de la emoción. Para él ella era sólo la hermanita de su compañero, la veía como una gordita simpática que no le alteraba el pulso y en la cual nunca pensó, ni miró como mujer. Pero esa niña, que empezaba a sentir, a soñar y a desear, lo conquistó sin que se diera cuenta, con su inocencia y simpatía. Se veían los sábados a la noche y durante la semana hablaban por teléfono, en esa época el mismo no era medido, así que lo hacían por horas, la visitaba en su casa, tenía la aprobación de sus padres pues él era conocido. Cuando finalizó sus estudios técnicos, comenzó a trabajar, lejos de su provincia, así que tuvieron un noviazgo a larga distancia, poblado de largas cartas y encuentros esporádicos que la llenaban de dicha. Así pasaron casi 6 años hasta el día que se casaron, allí empezó una nueva vida. Se fueron a otra provincia, él viajaba por su trabajo y ella esperaba anhelante los viernes, se preparaba para recibir a su amante y amado esposo y cada reencuentro era una pequeña luna de miel. A los once meses nació su primera hija, una bella y regordeta niña, con ojos claros y tez muy blanca, fue la primera nieta para los padres de Elena así que todo era poco para tanta felicidad. Pasaron dos años y medio y llegó otra niña, que despertó grandes celos en su hermana mayor y cuando la segunda tenía 10 meses se anunció el ansiado varón, que vino accidentalmente. Cuando nació, su padre que decía que no le importaba el sexo, daba saltos mortales de alegría, era un pequeño flacucho y largo que vino al mundo casi un mes antes, pero a los tres meses ya era un hermoso bebote que no se despegaba de la teta de su mamá. Después de unos años volvieron a su ciudad natal, compraron su casa en un barrio y se reacomodó la familia. Con un nuevo trabajo, el jefe de familia no tenía que viajar lo que llenó de alegría a Elena, que con los tres pequeños tenía mucho trabajo y necesitaba la ayuda y contención de su marido.
Fueron años bastantes difíciles, pero como había mucho amor, los fines de semana, sin dinero para diversiones, se compartía en el club, con la familia o reuniéndose con amigos, lo que complacía mucho a todos. Viviendo con austeridad y gastando siempre menos de lo que se ganaba, ahorraron para comprar un departamento en la ciudad; con los hijos adolescentes se hacía una necesidad imperiosa acortar distancias, para que los jóvenes puedan desplazarse a cumplir sus compromisos de estudio y sociales. Fue una hermosa época, la ilusión de lo nuevo, el premio al esfuerzo realizado por todos pues papá trabajaba, mamá estiraba la plata para que alcance y los hijos comprendían y no exigían cosas propias de los jóvenes de su edad. Todo tenía un sabor distinto, pero como ocurre en la vida, siempre hay buenos y malos momentos. A partir de los 40 años el esposo de Elena empezó con problemas de salud, tuvo varias operaciones y pos-operatorios con muchas dificultades, pero siempre contenido por el amor de ella y de sus hijos. Esos malos ratos se sufrían y se olvidaban; luego empezó la etapa de los noviazgos de los hijos, los casamientos alternados con los nacimientos de los nietos, acontecimientos que los llenaba de dicha, los años pasan tan rápido, que sólo cuando ve el crecimiento de los niños, Elena se da cuenta que el tiempo, como una ráfaga, voló. Su nieta mayor, cumplirá sus 15 años, esa pequeña mujercita que la hizo abuela por primera vez, es la viva imagen de su madre, sus ojos, su rostro y toda la belleza que da la juventud y el amor que la rodea. El amor, una palabra tan pequeña pero que encierra tantas cosas grandes y maravillosas que nos ayudan a crecer, a creer y que a veces logra el milagro de curar enfermedades o a sobrellevarlas con alegría, resignación y fe. Volvieron los recuerdos de momentos de gran dolor y desesperación, Juan el esposo de Elena cumplió 60 años, esto sucedió hace tres años, como su casa es pequeña, realizaron varios festejos, primero con los hijos y nietos y luego con las amistades, todo era alegría; él es una persona muy sociable, le encanta compartir con la familia y los amigos. En esa reunión, uno de ellos que es su médico personal, lo instó a que se haga un chequeo, lo que hizo una semana después. El día que fueron a retirar los estudios, Elena iba a casa de una amiga a probarse unos vestidos, porque tenían el casamiento del hijo de unos amigos, bajó del auto y cuando entró al laboratorio, la secretaria de la bioquímica le dijo: Sra, los análisis de su esposo salieron muy mal tiene LEUCEMIA, ella creyó que la tierra se abría a sus pies y tratando de disimular su desesperación llegó al coche y le dijo a Juan, papá, te acompaño al Dr. él muy seguro le contestó no! andá a tu amiga yo tomaré un café con Rodolfo. Fueron momentos terribles, Elena llegó a casa de su amiga y se derrumbó, lloró desconsoladamente y luego habló por teléfono con el médico, para que no asuste a su marido, este no le creyó, pensó que había interpretado mal lo dicho por la secretaria, hasta que comprobó personalmente que el diagnóstico era ese. Vinieron situaciones duras, decirles a los hijos y afrontar con entereza un tratamiento prolongado con altos y bajos pero...Dios existe y es tan grande que no nos da ningún dolor, que no podamos soportar y a ellos les dió la fuerza, la fe y la esperanza de seguir lo mejor posible, siendo felices con las pequeñas cosas cotidianas. Elena lloraba por las calles, pero en su casa era la misma de siempre, ella ama mucho a sus hijos y a sus nietos, pero su marido siempre fue lo más importante, ella siempre le dice que le gustaría que estuviese un instante dentro suyo, para que se diera cuenta de la grandeza de su amor, es tanto que duele. A las personas comunes, les cuesta creer que en esta época y después de tanto tiempo exista una relación tan fuerte, pero...Elena no es una mujer común, en ella no hay ni odio, ni envidia, ni vanidad, pero como es de este mundo, es un poco egoísta y celosa de los que ama. Siendo joven, al embarazarse y cuando su cuerpo empezaba a deformarse, sufría horrores pensando que su marido pudiese desear a otra mujer, siempre.
Quiso serlo todo para él, esposa, amiga, amante. Por supuesto que hubo enojos, diferencias, discusiones, como en cualquier pareja, pero lo que nunca faltó fue el respeto, ella siempre dice que es la base de toda relación, entre esposos, entre padres, entre hermanos, entre amigos. Hablemos de los hijos de Elena: María, la mayor, es ya una mujer que sufrió
mucho, se casó muy joven con un muchacho que la quiso mucho pero mal es una pobre persona, que cree que el valor de las mismas, depende sólo de lo material y ella que fue criada dando valor a las personas por lo que son y no por lo que tienen, no pudo tolerar la soberbia, la suficiencia y el menosprecio del mal elegido compañero, pero sin duda, ella lo amaba y pensó que ese amor lo cambiaría, pero nadie cambia, se pueden modificar algunas conductas pero en esencia los defectos se acentúan y hasta que dijo basta, nacieron tres hermosos niños, pero...el tiempo cura las heridas y si a las equivocaciones las vivimos como aprendizaje, estos nos ayudan a crecer y ella creció y de que manera.¡Hoy es una mujer echa y derecha, bella por fuera y por dentro, que es lo que tiene más valor con una seguridad en su persona, en su potencial como profesional y ser humano, que seguramente pronto encontrará un hombre que la valore y le dé la felicidad que merece. Silvia, la del medio, casada con un muy buen hombre que la adora y la hace sentir su reina, es una dulce madraza que mima más a su marido que a sus tres pequeños hijos, pero eso lo mamó de su madre que siempre le dijo: tienes que cuidar a tus hijos y ser una buena madre, pero más a tu compañero, porque los hijos se van y lo único tuyo, tu sostén, será él. Elena siempre dice que el día que ella enferme, la que la cuidará será ella porque tiene una bondad indescriptible, se dona permanentemente a los que ama y su casa está siempre abierta, eso lo heredó de su abuelo, le encanta compartir con sus amigos, sus ricas comidas y su buen humor. Juan, el pequeño ochomesino, es hoy un grandote de corazón tierno que sufrió lo suyo, siempre fue un soñador como su papá y sobreprotegido por su madre, porque al nacer antes de tiempo tenía dificultades respiratorias y la única alimentación que toleraba era la teta, fue así que mamó hasta los 2 años y hasta hoy tiene una relación especial con Elena; no sé si porque es el único varón y el más chico, lo que hizo que no sólo lo mimaran sus padres, sino también sus hermanas. Siempre fue muy independiente y de comunicar sus decisiones, sin consulta previa lo que le trajo muchos dolores de cabeza. A los 25 años se fue a vivir solo y poco tiempo después con una brillante carrera, se casó con una joven a la que le dio de todo, una fiesta y un viaje de bodas soñado un hermoso hogar para vivir pero...no funcionó. De esa relación nació una bella y adorable beba y el tratando de salvar ese matrimonio, perdió todo lo material y quedó con un gran dolor. Con las tristes experiencias de dos de sus tres hijos, Elena llegó a cuestionarse si el ejemplo que ellos le dieron, no fue contraproducente para sus relaciones y lo expresó en rueda de amigos. Luego, recapacitando, llegó a la conclusión de que nunca el amor puede dañar a las personas, al contrario, sus hijos salieron dolidos, pero enteros, gracias al afecto y contención de su familia.Los sufrimientos de los hijos duelen mucho más que los propios, pero la vida es una de cal, otra de arena y si aprendemos a aceptar con alegría lo que nos toca vivir, día a día todo es más sencillo. Hay personas que se pasan la vida lamentándose por lo que no tienen, por lo que quisieran hacer o lograr y si miramos un poquito tras nuestro, nos damos cuenta que la felicidad depende de nosotros, que ante los avatares ,hay que poner lo mejor de uno para seguir adelante. Elena volvió a recordar el pasado y otros momentos dolorosos vinieron a su memoria, uno de sus hermanos, el más amigo, el más compañero, fue un gran idealista, de adolescente quiso ser sacerdote; los años pasaron y se casó, pero su vocación de hacer el bien y ayudar a los más necesitados vivían en él, así fue que en la peor época de su país, por sus ideales, fue secuestrado y desaparecido. Eso es peor que la muerte, porque a los muertos, los enterramos y tenemos donde llorarlos, pero al no tener un cuerpo, uno siempre tiene la esperanza del regreso. Lo que pasó entonces, fue el principio de la enfermedad del padre de Elena, que lloraba por las calles y en su casa trataba de estar siempre bien, por esa madre desesperada y una mujer y dos hijos que sufrían junto a él la gran pérdida. Esa parte de la vida familiar fue muy dura, tratando de alejar el dolor, se vendió la casa paterna donde había tantos y tan felices recuerdos de niñez y adolescencia compartidos. Los padres se fueron a vivir a otra provincia, para evitar preguntas y encuentros, pero eso es otra cosa que trajo aprendizaje, vayamos donde vayamos, el dolor va con nosotros y tratar de ocultarlo sólo causa más daño, es mejor compartirlo todo tanto las penas como las alegrías. El papá de Elena murió, y lo hizo esperando volver a abrazar a su hijo; fue el primer y gran dolor de esta querida amiga.
Ustedes pensarán ¡Qué dura fué y es su vida! pero puedo asegurarles que Elena es feliz. Cómo puede?. Puede porque en su vida que hubo y hay mucho dolor, el AMOR que tiene y siente, es mucho más grande, puede porque tiene FE, ESPERANZA y mucha PAZ. PAZ, otra pequeña palabra, que significa tanto para ser feliz, el que tiene paz puede estar solo, sin sentir soledad, puede mirarse al espejo y sin ser bello, ver belleza en su alma, el que tiene paz está con DIOS y... quieren mejor compañía.
NO sé si mi narración les gustó, pero me basta que haya dejado alguna enseñanza en sus vidas, para que puedan ser felices, aceptando con alegría lo que les depare el destino. DIOS nos creó para que seamos dichosos, viviendo cada día lo que ÉL nos manda, con intensidad y dando testimonio de buenas personas, que aman y pueden perdonar.

Este relato fue seleccionado para su publicación en el Certamen Internacional de Poesía y Narrativa Breve, Mundo Literario 2005; fué editado por la Editorial Nuevo Ser.

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